Leopold von Sacher-Masoch

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A.V.D.

 

Le daba tanto gustirrinín que le currasen, que su apellido ha pasado a formar parte de la historia de la psiquiatría: era austriaco y esta es su historia.

16 de Marzo.- Hay fenómenos históricos o personas que, sin quererlo, propician que determinadas palabras se incorporen al lenguaje. Unos términos que, con el transcurso del tiempo, adquieren un significado conectado de alguna manera con el original que tuvieron, pero no siempre idéntico. Los españoles, por ejemplo, tenemos una cierta tendencia a utilizar la palabra “nazi” de una manera que a un austriaco no se le ocurriría nunca.

Para nosotros, decir de una persona que es “un/a nazi” apenas es decir que una persona es, digamoslo así, estricta y puntillosa en un grado tan superlativo como coñazo. Una persona que lleva la regla hasta el punto de hacerle la vida imposible a sus semejantes. Nada que ver con Treblinka, pues. En este sentido, para un español no representa ningún problema calificar a su jefe de “nazi” porque le obliga a cumplir el horario de trabajo a rajatabla y no levantarse de su sitio ni para un café.  Un empleo del término que a un austriaco le daría urticaria.

Otro tanto pasa también con la palabra “Masoca”. Si decimos de alguien que es un/a masoca, generalmente hablamos de esa chica que siempre se termina encamando con un fulano problemático. O hablamos también de aquel político que siempre se presenta a las elecciones e invariablemente consigue un resultado humillante. O nos referimos ese amigo, enclenque y tal, que pretende sin cesar a la muchacha espectacular sólo para que ella le dé calabazas una y otra vez. Decimos que son “masocas” porque se enfrentan constantemente a situaciones que todo el mundo menos ellos ve como condenadas al fracaso, como si les gustase lo que a otros nos da perezón, es decir: sufrir para nada.

¿Y de dónde viene la palabra “Masoca”? “Masoca” es una abreviatura de “Masoquista” y el padre de todos los masoquistas (por lo menos el masoquista por antonomasia) fue un austriaco: Herr Leopold von Sacher-Masoch (en alemán, el segundo miembro del apellido se pronuncia “Masoc”).

Von Sacher-Masoch nació en Lemberg, en la actual Ucrania, en 1836. Era el hijo del jefe de policía de esta ciudad, por lo tanto, de familia acomodada. Estudió en la universidad de Graz Derecho, Historia y Matemáticas pero pronto se dedicó al periodismo y a la literatura. Según parece, los contemporáneos de Masoch leyeron con mucho gusto sus ensayos de temas etnográficos, dedicados sobre todo a las minorías étnicas de su Galitzia natal (no confundir con la patria de la gaita y la empanada). También destacó en su época por ser un simpatizante de la causa judía, por lo cual gozó del reconocimiento de esta comunidad y de la amistad de varios contemporáneos suyos de religión hebrea, por ejemplo Zola, Ibsen o Victor Hugo.

Nuestro polígrafo también se ejercitó en el proceloso campo de la novela. Muy fiel a la moda de su época escribió sobre todo novelas históricas que agrupó en ciclos pero, como la cabra tira al monte, con frecuencia elegía como protagonistas a mujeres dominantes y tirando a sádicas, como en el caso de su obra Agua de Juventud, que narra los crímenes de la condesa Báthory, la cual, como todo el mundo sabe, se cepillaba cristianas para luego bañarse en su sangre, pensando así alcanzar la eterna juventud.

Sin embargo, Sacher-Masoch sería hoy un escritor perfectamente olvidado si no hubiera sido por una novela publicada en Francia y que se llamaba “La venus de las pieles”. En dicha obra, que dio a la imprenta en 1870, Sacher-Masoch describía el placer que sentía un personaje masculino al dejarse humillar de las maneras más variadas por una mujer vestida de pieles (lo del cuero vendría más tarde). La obra levantó un considerable escándalo cuando fue publicada y la fama del autor motivó que, en 1886, dieciseis años después de la publicación del libro, el psiquiatra alemán Krafft-Ebin bautizara como “masoquismo” el comportamiento sexual que hace nacer el placer del dolor y la humillación.

En 1895, Sacher-Masoch murió de un ataque al corazón y se dice que sus últimas palabras fueron “aimez moi” (amadme). Fue incinerado y sus cenizas depositadas en el castillo de Lindheim. No existen ya, porque se perdieron en el incendio que sufrió el edificio en 1928.

Una nota curiosa más: aparte del gustirrinín que le daba que le maltratasen, Sacher-Masoch fue ascendiente de otros dos artistas. A saber: el escritor austriaco Alexander Sacher-Masoch, ya fallecido, y la cantante Marianne Faithfull, que desciende directamente de Sacher-Masoch por vía materna.

Por cierto, La Venus de las Pieles puede leerse online (en alemán, solo) pinchando en este enlace.

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Un comentario a Leopold von Sacher-Masoch

  1. Primo N. dice:

    Banda sonora para tu post:

    http://www.youtube.com/watch?v=AwzaifhSw2c

    Shiny shiny shiny boots of leather…

    No me he podido resistir, cousin!

    Un abrazo!

    Tu primo N.

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