Y tú, ¿Qué tipo de emigrante eres?

Stranger 7/99 (Ángulo de tiro)
A.V.D.

 

En la emigración, sale a la luz la auténtica naturaleza del ser humano. Este post es un breve repaso de mis observaciones y experiencias al respecto.

15 de Marzo.- Según mi propia experiencia y lo que tengo observado durante estos años, emigrar, para la mayoría de la gente, es una experiencia psicológicamente tan fuerte como pueda serlo, por ejemplo, contraer una enfermedad grave o pasar por alguna desgracia personal. En estos trances, es cuando sale la verdadera naturaleza del ser humano, porque es en esas ocasiones cuando el ser humano se da cuenta de la única verdad de esta vida que es insoslayable cuando se llega a una edad: hay determinadas situaciones graves a las que tenemos que enfrentarnos solos, ayudados nada más que de nuestras fuerzas.

Pensando en este tema, se me ha ocurrido el post de hoy, que podría ser un intento de clasificación de cómo las personas intentan reelaborar el trauma que supone perder la seguridad de la propia familia, del idioma, del país en el que uno ha nacido y de cómo tratan de compensar esta pérdida.

En primer lugar estaría lo que yo llamo “el outsider”. Esto es, aquel que viene a un país (Austria en este caso) y, enfrentado al bombardeo brutal de información nueva de los primeros tiempos, decide seguir viviendo en el país de acogida como si estuviera viviendo en su país propio. Se crea una burbuja artificial en la que sólo entra la realidad española. Medios de comunicación españoles –ahora esto es más fácil, con internet-, comida española, lengua española –la cantidad de malabarismos que tienen que hacer algunos, por ejemplo, para encontrar un médico que hable español.

Después estaría el tipo “Qué he hecho yo para merecer esto”. Suelen ser personas que, en España, estarían en un tramo social medio, o medio-alto. Cultos, de profesiones que, generalmente, implican un uso intensivo del idioma. Un dos tres, responda otra vez: periodistas, abogados, por ese palo. De pronto, llegan aquí y se encuentran con que toda su cultura, todo su bagaje, vale menos que cero en un país en donde no pueden utilizar la lengua para nada. Y, lo que es peor, se dan cuenta pronto de que, por más que se esfuercen nunca (pero nunca nunca) conseguirán hablar alemán como un nativo. Naturalmente, sufren una bajada de nivel social porque se ven reducidos a realizar según qué trabajos que, para ellos, suponen una humillación. Son como estrellas del cine mudo cuando llegó el sonoro. Ellos le cuentan a todo el que se presta (suelen ser del tipo brasas) que ellos en su país eran la rehostia en bicicleta y que Austria les trata fatal porque no les proporciona trabajos de acuerdo a su valía. Suele resultar inútil tratar de explicarles lo que ha sucedido. Su ego herido no les deja ver el bosque.

Luego, tendríamos el tipo “no-sin-mi-churri”. Es uno de los más comunes. Puro o mezclado con otros. El tipo “no-sin-mi-churri” ha abandonado su país de nacimiento por lo que suele llamarse amor pero que los austriacos prefieren llamar sexo. Es, a priori, uno de los que más ventajas tiene a la hora de adaptarse a la nueva situación. Los amigos de la/el churri funcionan como puente entre los que se perdieron en la patria y los nuevos que se encuentran. Si el “no-sin-mi-churri” es inteligente en grado necesario, utilizará este colchón para irse labrando un futuro en la tierra de acogida. Si no, probablemente se convierta en

“Qué-asco-de-todo” también conocidos como “los robaenergías”. Son aquellos que, como el perro del hortelano, ni comen ni dejan comer. O sea, llevan siglos viviendo en el país que les acoge, pero no consiguen aprender el idioma ni que les interese. Se les conoce, principalmente, porque, tras tres minutos hablando en alemán, pasan al inglés (no significa que hablen inglés mejor que alemán, solo que maltratar la lengua de Chéspir les cuesta menos trabajo).

Por último, el que yo llamo “el-última-cruzada”. Si mis lectores han visto la tercera parte de las aventuras de Indiana Jones, sabrá que uno de los enigmas a los que se enfrenta Indy para ir a buscar el Santo Grial con el que salvar a su padre, el doctor Jones, tiene como pista lo de “sólo el penitente pasará”. Este es, a mi juicio, uno de los mejores consejos que se le pueden dar a un emigrante. Al principio, mostrarse humilde, tratar de aprender, callar mucho y hablar poco, para terminar cogiéndole el punto al país.

Este ha sido sólo un breve resumen, pero habría quizá muchos más tipos: “el networker”, “el todo por la pasta” o el “planta trepadora” ¿Se te ocurre alguno más?

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9 Responses to Y tú, ¿Qué tipo de emigrante eres?

  1. Miss Fidget dice:

    ¿Y el tipo que considera que el país donde ha nacido no le da más que disgustos, y que buscando, buscando, decide que es en EPR donde quiere probar suerte?

  2. Alfonso dice:

    Bueno en mi caso… cojo un poco de cada personaje de tus acertadas definiciones. Soy un viejo erasmus, que vine a aprender alemán y a ver que me puede ofrecer esta bonita ciudad, (o que puedo yo conseguir, ya que no creo estar en el país de las maravillas) que con mi caca de beca erasmus y mis ahorros invertidos en comer y vivir dignamente, consiga algún conocimiento útil que llevarme de vuelta.
    Aun así, lo que hago es no juntarme mucho con españoles que suelen hacer piña en las muchas academias de la ciudad y llevar a todos lados mi librito de vocabulario verbos y expresiones como si de sacrosanto libro se tratase , con el fin de aprender el suficiente idioma como para trabajar y expresarme. No mentiré diciendo que llevo una existencia solitaria ,aunque salí con una churri eslovaca (que a poco me despluma), las austriacas me parecen muy distantes. Me esfuerzo en hablar alemán, pero parece que los demás quieren practicar su ingles o ya de paso su español. Aun así, no cejo en mi empeño y cultivo mi afición culinaria para matar el tiempo a la vez que procuro aprender también alemán de gimnasio por mi profesión de personal trainer.

    Saludos , fantastico blog!

  3. Carmen P dice:

    Y aquella que estudia alemán, hace erasmus y se plantea emigrar (vamos, quedarse) a Austria para librarse de un país que la trata como un mojón por haber estudiado Historia del Arte y sin embargo aquí ha tenido más fácil integrarse con nativos y españoles asentados en el país que con los estudiantes erasmus en general?

    Creo que das una visión un poco pesimista y trágica de lo que es emigrar. No te quito razón en que sea una experiencia dura, máxime cuando a toda la gente joven que estamos en ello directamente nos están echando del país, osea que no es algo que hagamos por gusto. Yo creo que también depende de qué actitud quieras tomar y si te vas a ir a otro país con la idea de que tiene, TIENE, que ser igual que España…apaga y vámonos. La morriña no es mala, pero hacer el gilipollas como en España es lo peor que te puede pasar, y claro, evidentemente nada de integración.

    A título personal, el no-sin-mi-churri es cierto a medias. Ya que emigras, joer, vete donde follas, compartes intereses y te van a apoyar, ¿no?

  4. Jajajaja, muy bueno. A finales de febrero yo me fui a Liverpool a visitar a mi hermana, que se ha integrado en un grupo de migrantes (lo de «in» o «e» depende del punto de vista, y como siempre me equivoco de prefijo, estoy dejando de utlizarlo) del tipo «outsider». De hecho ella trabaja en una clínica veterinaria donde la jefa es española, y a la que van de visita otros veterinarios españoles, sus amigos son españoles, tiene un par de pretendientes españoles, y creo que hasta los horarios de las comidas los hace al estilo español (claro que como trabaja de 9 a 7, y la jefa es española, es fácil. Desayuna antes de salir, hace una pausa a medio día, y cena cuando llega a casa)… Lo único extraño es que la comida que come es inglesa. Claro que a mí me parece que también es bastante raro que los ingleses sean capaces de comer su propia comida. Lo único que les sale bien es el te y los pasteles…

    Por lo menos, no tenía de los de tipo «qué hecho yo para merecer esto» y «que asco de todo», que son los más dañinos, y lo cierto era que la mayoría de los que se juntaban eventualmente eran más de tipo «última cruzada» que se tomaban un descanso los fines de semana para españolear. Lo malo es que noto que me estoy haciendo viejo y creo que si finalmente me decidiese a emigrar, yo iba a ser uno de los de «qué he hecho para merecer esto», porque la idea de «buscarme-un-trabajo-de-lo-que-sea» no me atrae en absoluto… por eso aunque siempre pienso que debería volver a irme, nunca termino de decidirme…

  5. Javi dice:

    Como immigrante reincidente n-veces, pero dentro de poco, como inmigrante en un pais del que no conozco el idioma casi nada antes de llegar, te puedo decir que habiendo inmigrado a USA, Canada y el Reino Unido antes (sin contar como inmigracion el shock cultural que representa a un castellano viejo la inmigracion a Catalunya, que tambien he vivido), puedo sugerir alguna categoria mas:
    – Inmigrante Miss Fidget, en honor al anterior comentarista. Aquel que rechaza cualquier cosa que venga de su pais y abraza con fervor cualquier cosa del nuevo. Estos tipos tarde o temprano acaban dandose tambien otro coscorron cuando se dan cuenta que para los nativos, y por mucho que lo intenten, nunca seran considerados nativos, con lo cual acaban parecido al «que he hecho yo para merecer esto».
    – Inmigrante «yostoi aki de paso». Alguien que va para hacerse un dinerito por unos meses con la idea de volver cuando antes. Efectivamente, son primos hermanos del «outsider», pero tienen un plan estricto para finiquitar su objetivo cuanto antes. Al contrario que el «outsider», estos tipos acaban, sin querer, el resto de sus dias en el nuevo pais de acogida porque sin quererlo se han hecho con la dinamica de ese nuevo pais y ademas porque cuando vuelven de vacaciones a la madre patria, se dan cuenta que ahora ellos son los foraneos en el pueblo de mama.
    – Inmigrante «en denial». Se han marchado, han pasado por toda la burocracia del recien llegado, incluyendo las duras y las maduras de abrir una cuenta en el banco. Tienen que construir su nueva vida desde cero (amigos, novios/as, trabajo, piso,…). Aun asi, van por la vida como si nada de eso hubiese pasado y nunca admitiran que su situacion es desesperada como la de tantos otros que tienen que huir literalmente de su pais por las razones que sean.

    Esta es una lista incompleta, pero dejare alguno mas para recomendaciones. Por cierto, yo creo que me encuentro en algun punto intermedio del espacio de coordenadas compuesto por los ejes «Que he hecho yo para merecer esto/no sin mi churri/ en denial»

  6. José dice:

    A mi se me ocurre «más papista que el papa» que son aquellos que llevan las costumbres y tradiciones del país hasta límites próximos a la enajenación mental: compra productos austríacos producidos en Austria por ciudadanos austríacos. Da lo mismo que haya fresones de Palos a 1 euro la tarrina de medio kilo porque el se comprará fresas austríacas aunque sea a 30 euros.

  7. M. dice:

    Muy de acuerdo con el comentario de Javi. Creo que te has dejado un nuevo tipo de emigrante, Paco: el «no me voy, me echan». Yo soy del tipo «si no hay más remedio a pesar de que no quiero».

  8. M. dice:

    Ahora que lo pienso, creo que también falta otra modalidad que yo me he encontrado bastante veces: el emigrante modelo Scaremonger: está ya instalado en el país, la cosa le va bien y le encanta acojonar a los que tienen la intención de ir para allí. «Uy, no venga que aquí no hay trabajo». «Uy, aquí el inglés no te servirá; necesitarás el alemán para trabajar» (aunque te vayas para allá con un contrato bajo el brazo a trabajar de lo tuyo, que es justamente profesor de inglés, pero ná, al Scaremonger le encanta acojonar generalizando. «Aquí no necesitan profesores de inglés»). A decir verdad, el Scaremonger está en todas partes. Que te ha salido una mancha en la pierna: «Uuuuuy, pues a mi vecina le salió una y resultó que era un carcinoma». Que te tienen que operar. «Uuuuuuy, a mí me lo han hecho y duele un montón». Me dan especial rabia.

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