Viena, mujeres y callejero

Viena. Una mujer en una atracción del PraterEl debate chorra ideal debe ser con el menor contenido posible, sensacionalista, maniqueo y perfectamente inútil

21 de Mayo.- Cuando un Gobierno tiene problemas o se le acaban las ideas es el momento de soltar un globo sonda que distraiga a la opinión pública de lo realmente importante.

Un ejemplo de libro fue la llamada Ley de la Memoria Histórica que ocupó –y aún ocupa hoy de vez en cuando- a esos “todólogos” que pululan por televisiones y periódicos.

En fin.

Dicen las malas lenguas que, para realizar estas tareas de chapa y pintura de la cosa pública, suele escogerse a los indivíduos más tontos de cada fuerza política los cuales suelen ser también, quién puede negarlo, los más fanatizados.

(Qué mala es la gente).

También se suele afirmar que el debate chorra ideal debe de ser como los titulares de los periódicos gratuitos que circulan por Viena (am besten, como dicen aquí, con el menor contenido posible,sensacionalistas, maniqueos y perfectamente inútiles para la vida del contribuyente que los paga). Como lo fue, salvo por el asunto de las fosas, casi toda la La Ley de la Memoria Histórica.

Esta norma exigía por ejemplo la eliminación en lo posible (o su reconversión) de todos los vestigios que hubieran dejado en la vida pública española “regímenes no democráticos”. Estátuas, símbolos, nombres de calles, debían ser adaptados a la nueva ortodoxia y el recuerdo de los infractores, como en el antiguo Egipto, condenado al silencio. Esto llevaba a cualquier persona razonable a hacerse la siguiente pregunta: es indiscutible que, desgraciadamente, durante su ya larga historia, España ha estado gobernada principalmente por “regímenes no democráticos” (con breves paréntesis, prácticamente hasta 1975) ¿Debemos demoler por eso El Escorial?-menos demócrata que Felipe II…- ¿Poner una placa conmemorativa en el Teatro Romano de Mérida a las víctimas del ejército de Viriato? O, lo que es lo mismo ¿Hasta qué punto los rastros que deja la Historia son alterables sin caer en lo que pasaba en 1984 de Orwell, en donde hasta los artículos del periódico del día anterior eran modificados para que se adaptasen a lo que el Gran Hermano pensaba en cada momento? Todas estas preguntas se resumen en una :¿Hasta qué punto se pueden aplicar al pasado los criterios de corrección política de hoy?

Responder a esta cuestión, sin embargo, no es el principal motivo de este artículo.

Una iniciativa polémica

En Viena ha surgido una iniciativa de este palo que sin duda levantará alguna polvareda.

Hela aquí: los Verdes se quejan de que Viena debería seguir el ejemplo de otras ciudades europeas, como Berlín, y darle más protagonismo a las mujeres a la hora de darle nombre a las calles, mediante el establecimiento de una cuota. No les falta razón si consideramos que, de las 4900 personas que llevan nombre de persona en esta bonita-ciudad-marco-incomparable-de-belleza-sin-igual, solamente 329 recuerdan a mujeres ilustres y alguna no de una manera muy lucida (por ejemplo, la primera premio Nobel austriaca, la Sra. Von Suthner, tiene un callejón sin salida –literal- en el distrito 22, y la pobre no lo consiguió hasta 1986 en tanto que todo un tramo del Donau Kanal lleva el nombre del emperador Paco Pepe, pongamos por caso: un señor que no solamente fue corresponsable de formar una guerra mundial sino que es muy probable que sólo tuviera un pensamiento original en toda su vida –cuentan las crónicas que fue una mañana de 1902, a la hora del desayuno-).

El mundo, en esto, está fatal repartido.

Sin embargo, el tratar de imponer estas cosas por güevos, como los de Bilbao –o sea, siguiendo la opinión del elemento más tonto de cada partido– lleva a casos que rozan –y caen- en el ridículo.

Por ejemplo: en cierto barrio de Berlín la proporción era de cientoveintitantos hombres contra treinta mujeres (en el nombre de las calles, se comprende). Pues bien: el progresista gobierno de este barrio decidió que, hasta que no hubiera empate, se utilizarían solo nombres de mujeres.

Hete aquí, sin embargo, que se ofreció ponerle el nombre del filósofo Moses Mendelsohn a la plaza que está delante de su museo. Oh, problema gordo. Moses Mendehlsonn, como su nombre indica, era un señor con toda la barba ¿Qué hacer? Sometida la cuestión a votación, el Frente de Liberación de Judea encontró la solución perfecta: para que en el nombre de la plaza de Herr Mendelsohn hubiera una mujer, se incluyó el nombre de su esposa Fromet y asunto arreglado. Al fin y al cabo, ya lo dijo aquella: detrás de un gran hombre siempre hay una mujer sorprendida.

No se sabe lo que a la buena de Fromet le hubiera parecido lo de haber accedido al callejero por estar casada con su marido, ni cómo lo hubiera encontrado de progresista. Pero Fromet ya está muerta y bien muerta, y como no sea a través de la güija pocos medios le quedan para protestar.

¿Hasta qué punto tienen sentido las cuotas? ¿No terminan siendo contraproducentes? ¿Si no había mujeres prominentes porque, desgraciadamente, la situación de la mujer en siglos pasados no propiciaba que las hubiera, qué hacemos, nos las inventamos?

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Un comentario a Viena, mujeres y callejero

  1. Javi dice:

    Bueno, bueno, Paco..te estas buscando problemas…menos mal que de momento tus lectores apreciamos tu blog por ser vos quien sois bondad infinita, y no por las ideas que mas de uno tomaria por reaccionarias. En fin, totalmente de acuerdo. Lo que en America desde hace siglos llaman discrimacion positiva en Europa, como tenemos los politicos que tenemos, lo llevamos no a rajatabla, sino que lo pervertimos por un “ahora le toca a este disfrutar de sus 15 minutos (o 15 lustros) de gloria, que ya sufrio mucho”, sin contar con el prejuicio al -valga la redudancia- sano juicio, y sin contar que no fue el quien sufrio, sino otros/as que, por azares de la vida, les toco ser del mismo sexo, confesion, raza, o estado civil que al hoy beneficiado… que Gott nos pille confesados…

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