Cata y los hombres (austriacos), primera parte

PantorrillasFruto de una ardua investigación en las redes sociales y de la inestimable colaboración de mis lectores, empieza hoy una nueva serie en Viena Directo.

 7 de Junio.- Catalina de Entrambasaguas Fontán, madrileña de 27 años, tiene un nombre de heroina de otro siglo.

Sus padres, un ama de casa y un funcionario de correos, quisieron quizá que Catalina –Cata para los amigos- por la onomástica, se salvase un poco de la mediocridad que empapaba sus vidas, y lo más que consiguieron fue que, desde pequeña, y sin que se supiera muy bien por qué, la chica fuese una enamorada de Lope de Vega.

Fruto de esta insólita pasión por el fénix de los ingenios, Cata estudió filología hispánica en una facultad madrileña. Al cabo de unos años, como otros muchos de sus condiscípulos (ay) Cata se convirtió en una experta en el Mio Cid ,la silva palentina y el problema de la culpa en las novelas de Pardo Bazán, pero se vio obligada a ganarse la vida ejerciendo de camarera ocasional en bares del matritense barrio de Malasaña, como teleoperadora o haciendo de público en programas de la telebasura a cambio de un bocadillo de mortadela y un botellín de agua mineral Fontvella.

Por supuesto, ni soñar en una vida independiente de la cantidad de dinero que le pasan sus padres para que pueda, por lo menos, comer caliente una vez al día.

Quizá también por ser de letras, Cata le da poca importancia al dinero y, a pesar de su precaria situación económica, de vez en cuando se da un capricho, un lujo low cost y de todo a un euro. Generalmente, un viajecillo dentro de la península.

El último de estos fue un fin de semana en Buñol, localidad marco-incomparable-de-belleza-sin-igual, en donde todos los años se celebra la archiconocida “tomatina”, imán no solo para el risueño pueblo buñolense y su comarca, sino también para extranjeros llegados de allende las fronteras españolas.

En Buñol, Cata conoció a un muchacho llamado Erwin Dickinger, de su misma edad. Austriaco, nacido en la pequeña localidad de Rekawinkel.

Cata y Erwin se encontraron en unas circunstancias que hubieran sido la pesadilla de Corín Tellado: o sea, en mitad de una sopa de tomate que les llegaba hasta media pierna, esquivando impactos de rojas hortalizas lanzadas a mala leche desde camiones y, para colmo, escuchando el tractor amarillo de los Zapato Veloz a un volumen necesariamente dañino para la salud mental.

A pesar de todo, Erwin se las apañó para echarle golosas miradas a Cata –una muchacha pequeñita pero con todo muy bien puesto debajo de la camiseta empapada de tomate semitriturado y agua- y Cata también miró a Erwin y le sonrió para darle a entender que su intento de aproximación era acogido favorablemente.

Al saberse bien recibido, Erwin vadeó hasta ella y, en un típico ejemplo de gesto atávico (macho cazador que abriga a la futura madre de su camada), el austriaco trató de proteger a Cata de los aviesos intentos de dejarla tuerta que protagonizaban los ocupantes de los camiones de la tomatina. Cata le agradeció el gesto (por señas) mientras, esta vez, se escuchaba El torito guapo, de El Fary.

Sin embargo, Cata cayó rendida a los pies de Erwin cuando mientras les limpiaban a manguerazos de los restos de sopa de tomate adheridos a sus anatomías, la española vio las pantorrillas del austriaco. Y es que Cata sentía una atracción incontrolable por unas pantorrillas masculinas como las que alababan los personajes de Lope en las comedias del siglo de oro. Unas piernas macizas de senderista, de corredor, de escalador, hacían que se le nublasen los sentidos y recitase, como siempre que estaba contenta, ese soneto de Lope que es el evangelio de los enamorados, ese que empieza con “desmayarse, atreverse, estar furioso/ áspero, tierno, liberal, esquivo”.

A partir de ahí supo que su destino estaba sellado.

No sabía que iba a ser el principio de sus problemas (y, por qué no, de sus aventuras)

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3 Responses to Cata y los hombres (austriacos), primera parte

  1. P. dice:

    Gracias en verdad por comenzar este hilito de historia. 🙂

  2. marga dice:

    buenisimo! como sigue Paco?

  3. Sonia dice:

    Lo de las pantorrillas… muy cierto…yo soy casada con austriaco y no me canso de decirle que tiene unas pantorrillas – y piernas-exquisitas… *ñami*

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