Las Trümmerfrauen o mujeres de las ruinas

Mujer de los años cuarentaEran pobres, estaban vencidas, hambrientas y asustadas; en su mayoría viudas y con hijos, pero sin ellas no se hubiera podido reconstruir la Europa asolada por la segunda guerra mundial.

9 de Junio.- Pensando en las recientes inundaciones que han asolado el campo austriaco estos días pasados, me ha venido a la cabeza la historia de las Trümmerfrauen o las mujeres de las ruinas.

En 1945, al terminar la terrible Guerra General, Europa, y más concretamente lo que fue el Reich alemán, es una interminable escombrera. Cuando ya Alemania estaba vencida, los aliados se han ocupado de que así sea. Las principales ciudades del antiguo territorio nazi, como Dresde, son reducidas, mediante bombardeos sistemáticos y la mayoría de las veces cruelmente innecesarios, a ruinas humeantes. En uno de estos, por ejemplo, ya al final de la guerra, se incendia la catedral de Viena, el Stephansdom y la Ópera de Karlsplatz, obra de Van der Null y Sicardsburg, y varias decenas de personas quedan sepultadas para siempre bajo los escombros del bloque de pisos frente al Albertina. Ahí siguen, por cierto.

Inmediatamente, bajo control de los aliados, se inicia la tarea de la reconstrucción. Se calcula que, solo en Alemania, hay 3,5 millones de viviendas inhabitables y cuatrocientos millones de metros cúbicos de escombros han de ser removidos y clasificados (en aprovechables e inservibles) para poder empezar a construir nuevos edificios que sustituyan a los que ya no están en pie. Pero en la doliente Europa no hay nada de nada. Los hombres, están muertos o movilizados en el frente. La maquinaria, siguiendo las consignas de tierra quemada de Adolf Hitler, ha sido destruida o inutilizada. Las fábricas están destruidas y no hay posibilidad de conseguir insumos para que las pocas industrias que aún sigan en pie produzcan algo. Solo quedan las mujeres y los niños. Y los aliados ponen inmediatamente a trabajar a las primeras.

Según los estudios existentes, las Trümmerfrauen o mujeres de las ruinas tenían entre 15 y 50 años, eran en su mayoría viudas, y la mayoría tenían hijos. Procedían además de los estratos más humildes de la sociedad. Verlas frente a los edificios destruidos, formando filas que se iban pasando los cascotes de mano en mano se convirtió en una de las imagenes recurrentes de la posguerra mundial. Ellas mismas separaban los ladrillos definitivamente inservibles de los que podían ser reutilizados, y ellas mismas quitaban de los últimos los restos de cemento, raspándolos con lo que hubiera más a mano. Desde cuchillos de cocina a martillos. Después, y en una tarea digna de Sísifo, tenían que colocar los ladrillos de manera prefijada por los aliados: en montones de doscientas piezas. El resto de los materiales, desde tuberías hasta tazas de wáter, también eran apilados y clasificados y, por último, lo que no era utilizable, era transportado en cualquier cosa que tuviera ruedas a las afueras de las ciudades. En Viena, por ejemplo, los escombros formaron unas lomas en el distrito 22, frente a donde hoy está el IKEA-Nord.

A cambio de su agotador trabajo, las Trümmerfrauen recibían un sueldo exíguo pero también cartillas de racionamiento correspondientes a obreros que realizaban trabajos físicos. En total, tenían derecho a 400 gramos de grasa al mes, 100 gramos de carne al día y medio kilo de pan.

El resto había que conseguirlo en el mercado negro. Eran pocas, por no decir ninguna, las que se lo podían permitir.

En 2005, el Gobierno austriaco decidió conceder una gratificación a las mujeres de las ruinas que siguieran vivas. Con la condición de que hubieran nacido antes de 1931 y hubieran tenido un hijo antes de 1951. 44.000 mujeres recibieron los 300 euros de gratificación.

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2 Responses to Las Trümmerfrauen o mujeres de las ruinas

  1. David Peluche dice:

    Muy bonito e interesante.

  2. victoria dice:

    Hoy tu post me ha llegado al alma, recordando a mi abuela materna. Mi abuela un día de finales de julio del 36 se fué a dar un paseo en el pueblo donde vivía, embarazada de siete meses, y con tres hijos más de dos, cuatro y seis años. Cuando volvió alguien la dijo que habían venido unos señores a buscar a mi abuelo, que lo habían detenido. Fué a buscarlo a donde la dijeron que estaba. Nunca apareció. Hoy todavía sigue sin haber aparecido.
    Lo que siguió luego, como te puedes imaginar, fué el infierno. Mi abuela viuda, sin medios económicos, sin poder pagar el alquiler de la casa, con cuatro niños a su cargo, y con el miedo dentro del cuerpo. Su hijastro, de 16 años, que hubiera podido sostenerla económicamente, tuvo que huir. A él también le buscaban.
    Mi abuela sacó adelante a sus tres hijos (una murió) trabajando en el campo, de sol a sol. Mi madre, con seis años y medio se quedaba cuidando a sus hermanos. Y pronto tuvo que ponerse a trabajar. A duras penas sabe leer y escribir. Desde hace tres años cobra, como complemento de su pensión de viudedad, 150 euros al mes, por ser víctima de guerra, según la ley de Memoria Histórica.
    Gracias por haberme hecho recordar con este post a mi abuela, a esa mujer buena, generosa, trabajadora, a una mujer que tanto sufrió y tanto luchó por sacar adelante a sus hijos. Muchas gracias.

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