Ideas austriacas contra la crisis: la tarifa plana

Un escote voluptuosoHerr Laskaris, esforzado emprendedor vienés, ha inventado el último grito (es un decir) en el ramo del placer.

De excursión (algo soez) por el Monte del Gozo

 Mientras le daba vueltas a cómo enfocar el artículo de hoy, pensaba yo que los idiomas son una cosa curiosa.

Por ejemplo: cuando un español vulgar (y todos, en posición horizontal, lo somos un poco) alcanza la cumbre del Monte del Gozo, dice (si le da tiempo y no muy inteligiblemente) que “se corre” (con perdón).

Este verbo no tuvo siempre el mismo significado y en tiempos, pongamos, de Santa Teresa –si es que es lícito meter a la Santa de Ávila en estos jardines- “andar corrido” o “correrse” no tenía nada que ver con los productos que, por higiene, pueden y deben eliminarse con el socorrido Tschurifetzten (para averiguar el significado de la palabra, pinche aquí), sino que significaba avergonzarse de algo. En Sudamérica, hasta donde yo tengo noticia, cuando alcanzan el pico máximo del placer que Dios nos tiene permitido, se ausentan. O sea, que “se van”.

Curiosamente, en alemán, el verbo laufen (correr), por causas misteriosas , forma parte también de una región semántica también muy vinculada con el comercio carnal, ya que las obreras del amor, cuando lo hacen bajo techo, ejercen en una Laufhaus o “casa de carrera”.

El espíritu emprendedor austriaco

En este contexto de corridas y carreras (con perdón de nuevo), un emprendedor viení, que atiende por el nombre de Peter Laskaris, ha tenido una idea que habla mucho del espíritu innovador que ha hecho de este país lo que es: el primer puticlub (de Austria) con el sistema all you can eat…Bueno, o así. O sea: por una tarifa plana, el fogoso cliente puede cantar lo de Chimo Bayo (“esta sí/ esta no/ esta me gusta/ me la como yo”) mientras el cuerpo le aguante. Asimismo, y sin aumento de precio, el esforzado paladín de los campos de plumas puede reponerse del desgaste del amor con un bufé de comidas y bebidas (¿Isotónicas?) .

Asimismo, para aquellos que no quieran explorar los límites de su resistencia, Herr Laskaris ha creado una “tarifa rápida” (170 laureles aproximadamente) durante la cual, por espacio de hora y media, aquellos que lo deseen podrán gozar de la compañía de señoritas de estas que fuman y te hablan de tú y cumplir hasta que se les caiga la bandera del taxímetro (la imagen quizá no haya sido muy afortunada, pero en fin).

El establecimiento en cuestión, lleva el sugerente nombre de Red Rooms.bonitas piernas

Qué fantástica esta fiesta (de inauguración)

Hace unos días, Herr Laskaris anunció (para ayer) a bombo y platillo la inauguración de este lugar en el que practicar el más grato de los deportes y olvidarse de los achuchones de la vida cotidiana, y lo vendió (incluso en el periódico gratuito Heute) como una novedad que pronto eclipsaría los beneficios que ya nos prometen los electrónicos anteojos de Google.

Pudo hacerlo porque en Austria, a pesar de que gran parte de la población es católica (o quizá por eso, visto cómo anda la curia) la prostitución es una actividad económica corriente y moliente, y perfectamente legal, de manera que cualquier emprendedor, mientras pague sus impuestos y se atenga a las normas legales (revisiones médicas periódicas de sus empleadas, higiene, descansos, etc) puede poner lo que, en el siglo de oro, se llamaba “una casa de tolerancia”.

Sin embargo, al ser el tipo de negocio de Herr Laskaris una novedad en el ramo del placer, ha levantado no pocas suspicacias. A él, claro, le ha chupado un pie. Al fin y al cabo, debe de pensar nuestro hombre, a Edison le sucedió lo mismo cuando parió la lámpara incandescente o al difunto Jobs cuando ideó los primeros ordenadores de la manzanita. Los mediocres, ya se sabe, son unos envidiosos y no descansan.

Así que ayer, coincidiendo con la inauguración del establecimiento, se personó en el Red Rooms la policía austriaca, al objeto de comprobar que todo estaba en orden y que no se perpetraba ningún acto delictivo.

Los retrasos no son solo cosa española

Su sorpresa fue mayúscula cuando encontraron a Herr Laskaris, en compañía de sus asalariadas, tomándose un cafelete en un castísimo comercio cercano.

Herr Laskaris le explicó a las fuerzas del orden que, por causas ajenas a su voluntad, sus trabajadoras aún no habían podido empezar a solazar a la clientela. El Red Rooms aún no estaba acondicionado y había que esperar hasta que se terminasen los últimos ajustes (reforzar las camas para protegerlas de los embates del caderamen de los fogosos vieneses, colocar los últimos espejos en los techos, comprar las últimas bombillas rojas…Esas cosillas).

Total, que la policía había hecho el viaje en balde.

Laskaris, en cualquier caso, defiende la limpieza del negocio (real y legalmente hablando) diciendo que las mujeres que trabajen para él no van a ser, como se temen las feministas, explotadas en ningún sentido (en fin…). Por contrato, tienen garantizados unos ingresos (un Pauschale, que se llama) de hasta 300 euros diarios. Multipliquen mis lectores por 22 días laborables que tiene un mes con otro y verán si les salen las cuentas.

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