!Pedro! Estés vivo o muerto escríbenos

Die fliegende liebendeEsta semana se ha estrenado en Viena Los Amantes Pasajeros de Pedro Almodóvar y la redacción de este blog se ve obligada, con dolor, a aplicarle un severo correctivo.

7 de Julio.- Querido Pedro: ayer estuve viendo, en Viena, tú última película “Los Amantes Pasajeros”. Por decirlo de una manera suave, lamento comunicarte que pienso que no está (¡Ni mucho menos!) a la altura de tu talento.

Se parece a lo que ha sucedido con cierto restaurante español de esta ciudad, que trata de compensar la falta de calidad de los ingredientes poniéndote porciones para brontosaurio. El cliente poco exigente se queda con la impresión de que paga poco (no es verdad) y recibe mucho. El entendido, en cambio, se da cuenta perfectamente de que están intentando timarle, de que el pescado es congelado (y está como una suela de zapato) y los guisantes son de bote. Pica una vez pero, a la segunda, se va a un honrado restaurante aborígen en donde pueda estar seguro de que el cliente es respetado (y temido, por qué no).

Los Amantes, querido Pedro, es muy muy muy floja y parece firmada por un imitador tuyo de lo más superficial. Ya habría que haberse temido algo así cuando en Los Abrazos Rotos decidiste hacerte un homenaje recreando “Mujeres al borde de un ataque de nervios” y llamándola “Chicas y Maletas” o escribiéndole a Carmen Machi un monólogo que llamaste “La concejala antropófaga” y, con las dos cosas, le diste la razón a Carlos Boyero que es uno de tus detractores más contumaces (y, me temo, más envidiosos) de lo que has significado y significas para la cultura española. Todos los chistes de Los Amantes son, por seguir con el símil culinario, como las croquetas de pollo de nuestras madres: aprovechamiento de sobras de otras películas. Carmen Machi es un remedo ordinario y con muy poca gracia de Chus Lampreave (la señora más tierna y más graciosa del cine español); de Chus es también el running gag de Javier Cámara (en Mujeres, Chus era “testiga de Jehová” y aquí Cámara tiene un trauma). Son solo dos ejemplos.

Lo más grave, sin embargo, es que yo estoy convencido de que todos los participantes en tu última película probablemente pensábais que rodábais una cinta transgresora y rebelde pero, seamos realistas, Pedro: en este principio del siglo XXI hace falta algo más que un plano del paquete de Miguel Angel Silvestre presuntamente empalmado para escandalizar a la gente ¿Dos hombres besándose? Pos vale ¿Un chiste sobre la confusión entre “llamada” y “mamada”? ¡Pero Pedro! ¿Tenemos trece años? Tú, desde luego, ya no.

(Y tu público tampoco)

Como te has hartado de decir durante la promoción de la película, la comedia es un género difícil porque exige ritmo. Pues bien: Los Amantes no lo tiene. Y no lo tiene porque ya sobre el papel los personajes no se sostienen y ese público que piensa que a Cecilia Roth, con mala leche, se le podría sacar mucho jugo, opina que tú te has quedado en un coitus interruptus.

Ni como metadona para fans como yo vale Los Amantes. A pesar de que está llena de guiños para iniciados (como llamar al avión “Chavela Blanca” o que en la cola lleve estampado Pe). Todo está desfasado e incluso la banda sonora, como siempre de Alberto Iglesias, carece esta vez de ese toque de clase que se ha convertido en parte inseparable de eso que la gente llama “el estilo Almodóvar”.

Quiero terminar, sin embargo, con la única parte de Los Amantes que está un poquito a tu altura: el final. Esos planos del aeropuerto vacío, triste, esos sonidos en off. Ahí está Almodóvar y es lo único que, en esta película, es auténtico y no está impostado.

Termino esta carta con un ruego. Como decían en aquel genial Quién Sabe Dónde de Paco Lobatón: ¡Pedro! Estés vivo o muerto, escríbenos. Da señales de vida de nuevo. No dejes que la próxima te la escriba un imitador de los chinos (o, peor, tú mismo bajo los efectos estupefacientes del incienso) y empuña tú mismo la pluma (la de escribir) que es un arma mucho más poderosa que el microondas.

Con toda su admiración tu amigo, que te quiere y te admira a pesar de todo,

Paco Bernal

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