El peligro de las cárceles austriacas

Tatuaje carcelario11 de Julio.-  Debido a un desgraciado suceso, los austriacos han reparado en la existencia de las cárceles y en la Ministra responsable de ellas.

Buba y la pastilla de jabón

Uno de los subgéneros que ha poblado la imaginación de las masas desde que el mundo es mundo (o sea, desde que el cine es cine) es el carcelario.

A más de uno le ha subido la bilirrubina al ver los heróicos pechos de una Sara Montiel aperreada y sudorosa, intentando escaparse de una camiseta de reclusa dos tallas menor de lo necesario. Calor tropical, una guardiana revenida abusando de la celda de castigo, gatas como sobre un tejado de cinc caliente, peleas en el comedor, bandejas de metal voladoras y toneladas de tensión sexual no resuelta (bueno, también es que si se resuelve estamos ya en ese género del que sólo se ve un cuarto de hora de cada película).

Asimismo, y más con la que está cayendo en España, todos hemos deseado que algún empleado de finanzas de partido político se encuentre en las duchas de la prisión con algún compañero llamado Buba y que se le caiga la pastilla de jabón (al empleado de finanzas, no a Buba, claro).

Todas estas cosas, naturalmente, entran dentro de ese mundo de la fantasía en donde no existe el dolor (ni, por lo tanto, el pecado).

Por supuesto, y desgraciadamente, la realidad carcelaria tiene una cara muy distinta.

Es muy de temer que estar en la cárcel se parezca más a una rumba de Los Chichos o Los Calis que a una peli de esas que se utilizan para practicar el juego de muñeca.

En estos días, en Austria, se habla mucho de cárceles y de lo que sucede detrás de sus muros. Y por un motivo trágico.

Sin celdas no hay paraiso

Hace cosa de una semana, saltó a los medios la noticia de que un chaval de catorce años, recluso en el centro de Wien-Josefstadt había sufrido una agresión sexual.

En una sociedad como la austriaca, rica, presuntamente culta, en la cual la mayoría de las personas, simplemente, deciden obviar la existencia de la realidad del delito y sus consecuencias (a no ser que la presa sea española y se haya cepillado a un par de cristianos) la noticia provocó un gran estupor.

Como suele suceder en estos casos, se convocó a la Ministra de Jusicia, Sra. Dña. Beatrix Karl, a la televisión para que, en el transcurso de una entrevista con Armin Wolf, explicara al gentío qué fallaba en las cárceles austriacas para que un chaval de catorce años tuviera que temer en ellas por su integridad física.

La señora Karl, para aquellos de mis lectores que no la conozcan, es una rubia gélida del tipo de las que fascinaban a Alfred Hitchcock. Modelo estricta gobernanta, o sea. Un tipo que, junto con el de la guardiana enferma de hemorroides, da mucho juego en las pelis de cárceles de mujeres. Antes de ser Ministra de Justicia era abogada laboralista.

Bueno, pues Armin Wolf le pidió explicaciones sobre lo sucedido con el pobre chavalín y, por extensión, sobre las condiciones en las que viven los menores recluidos en las instituciones penales austriacas. Y ante la sorpresa (flipe) del presentador (y de la audiencia que, desde el salón de su casa, asistía a la conversación) la Frau Karl se descolgó minimizando la importancia del tema y afirmando con todo el cuajo que “no se podía esperar que las prisiones fueran un paraiso” (nicht das Paradies).

Por Austria se extendió un profundo (y estupefacto) silencio. Y después, como es lógico, a la Frau Karl le han llovido gayas hasta en el carnet de identidad.

De nada ha servido que el Ministerio de Justicia haya anunciado un plan de choque para que, por ejemplo, haya solo dos reclusos por celda, ni que se hayan hecho públicos informes, encargados por el propio Ministerio, en los que hayan salido a la luz más casos parecidos.

El daño ya está hecho y hoy, es posible que una gran parte de los austriacos piensen de la Frau Karl que su señora madre tenía una profesión en la que debía llevar la ropa interior muy limpia (no es de extrañar si te da por justificar por televisión algo tan injustificable como la violación de un menor).

Los jefes de la frau Karl, por cierto, han cerrado filas en torno a ella.

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Un comentario a El peligro de las cárceles austriacas

  1. ana dice:

    Como mínimo , esta funcionaria tendría q haber dimitido , sobre todo por frivolizar con la violación con el agravante de q además es un menor
    .pero cómo es posible q un menor d 14 años sea encarcelado además entre adultos ??? Dónde quedan los derechos protegidos de un menor , por muy delincuentes q sean
    ??

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