Viena, el tiempo, Paul Mc Cartney y Angela Lansbury

fila de bolas de cristalpara Javi Lynx

Un post que quizá pruebe que VD es el blog más audaz para el lector más inteligente o de cómo a Paco le entró un complejo de Punset enorme.

17 de Julio.- Querida Ainara (*): el cerebro humano es, primordialmente, una máquina creadora de sentido. De hecho, se puede ver la evolución de la vida  como el proceso durante el cual los organismos habitantes de la Tierra han ido adquiriendo órganos cada vez más perfectos –cerebros, sistemas nerviosos– de cara a la tarea de encontrar pautas consistentes en el comportamiento de la realidad que les rodeaba.

(Si has leido este primer párrafo y has decidido que este texto es demasiado complejo para ti te pido, por favor, que recapacites: lo siguiente, aunque no es fácil, tiene su chicha y creo que merece la pena leerse)

Orden- desorden-tiempo

Este mecanismo de adaptación, que es imprescindible para la supervivencia, porque posibilitó que el mono, nuestro abuelo, se adaptase al entorno, hace que el ser humano, como especie, paradójicamente sea un yonki de los entornos estables y se lleve mal con el que, quizá, es el hecho más incuestionable: la realidad es múltiple y cambiante y, como nos enseña la termodinámica, el desorden presente en ella, como sistema (la entropía) tiende a ser cada vez mayor en relación al tiempo.

Esta regla es aplicable a casi todos los fenómenos, naturales o creados por el hombre.

Los elementos erosionan las montañas y las convierten en granitos de arena; los gráciles templos griegos terminan hechos un montón de pedruscos, el liderazgo de un político consigue galvanizar las fuerzas que tiene cerca hasta establecer una pirámide de poder que se debilita conforme el político-persona alcanza su fecha de caducidad como ser humano, a Robbie Williams se le pone la cara abotargada de un obrero de un astillero de Belfast demasiado aficionado a la cerveza, Paul McCartney se parece cada vez más a Angela Lansbury…En fin. Los ejemplos son infinitos.

El problema del orden-desorden-tiempo, me ocupa desde hace días, quizá porque en los últimos tiempos, por una de esas misteriosas conjunciones que afectan a la vida de los seres humanos (otra vez la búsqueda de sentido) he tenido ocasión de hablar sobre el tema (si bien camuflado en conversaciones de apariencia más intranscendente) con unos cuantos científicos que últimamente han atracado su barca al costado de la mía.

Viena, tumba del tiempo

Ainara: vivo en una ciudad, en un país, que lleva desde el siglo XV intentando parar el tiempo y sus consecuencias (con el éxito esperable, por otra parte) y por eso, reflexionando, me he dado cuenta de cómo el vivir aquí también supone contagiarse un poco de esa necesidad de que todo permanezca como está (sin darse cuenta de que nada estuvo nunca como estaba).

Conforme te vas haciendo viejecito en Viena, insensiblemente, vas reaccionando peor a los cambios en tu entorno, a la aparición de personas nuevas en tu círculo de amistades, a la invención de nuevos artilugios (el otro día me sorprendí cabreándome –internamente- porque un vendedor de teléfonos móviles me sugirió que me bajase una aplicación para hacer algo que mi teléfono ya hace perfectamente sin que yo tenga que aprender a bajarme nada).

Otra conclusión a la que he llegado es que nuestra relación con el desorden o, lo que es lo mismo, los mecanismos que desarrollamos para intentar olvidarnos de que el desorden, acechante, está ahí y se producirá independientemente de lo que nosotros hagamos para intentar evitarlo, nos define como personas y nos marca a fuego una determinada forma de ser.

El hombre, criatura temerosa del desorden

El creyente (o, mejor, el integrado en una iglesia, en un partido político o en una congregación religiosa y el nacionalismo en mi opinión, es ambas cosas) se crea la prótesis de la oración mil veces repetida, del ritual, del dogma de Fe, la consigna, el lema, el alto y tranquilizador muro de la ortodoxia (literalmente -y MUY peligrosamente- la «creencia correcta»; ahí es nada).

La Ascensión de la Virgen, la Independencia de Cataluña, los Principios Fundamentales del Movimiento, los Diez Mandamientos de la Ley de Dios, las suras del Corán, el sábat, la Piedra Negra de la Kaaba, las Ánimas del Purgatorio, el Limbo al que, hasta hace poco, iban los niños que morían sin bautizo, los reyes magos que siempre terminan siendo los padres. Todo son maneras de intentar obviar que todo es cambiante y el vértigo de darse cuenta de que casi (con un casi muy muy muy cortito que casi se circunscribe al respeto de la vida y la integridad física y psicológica de nuestros semejantes) cualquier cosa depende del sistema de referencia moral o cultural, de la lejanía o de la cercanía desde la que se produzca nuestra observación.

El otro día leí una cosa, y esas pocas frases, junto con una conversación, quizá hayan sido el desencadenante de este artículo que me está saliendo más profundo de lo que me gustaría, leí, digo, que los exobiólogos estudian preferentemente las formas de vida más sencillas, porque son las que más probabilidad tienen de darse en espacios ajenos al planeta tierra. Las formas de vida complejas, que necesitan un alto grado de sistematicidad y por lo tanto de orden, se cree que duran un fogonazo: lo que tardan en encontrar los medios para autodestruirse.

¿Será la especie humana una prueba de esto?

Tengo la sensación de estarme volviendo un poco Punset.

Besos de tu tío

(*) Ainara es la sobrina del autor

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3 Responses to Viena, el tiempo, Paul Mc Cartney y Angela Lansbury

  1. victoria dice:

    La vida es cambio y evolución, y adaptación al medio, y quien no se adapta al cambio y al medio, no sobrevive. Eso lo saben muy bien los sapiens, una especie muy exitosa que ha sobrevivido y sustituido a todas las demás que la antecedieron, desde que surgió hace 200.000. Antes hubo otros homínidos, y todos se extinguieron debido a las circunstancias climáticas, y debido también a que esta especie se adaptaba mejor que ellos a cualquier tipo de climas, y debido también a que era más hábil tecnológicamente, por su desarrollo cerebral. No era fuerte ni grande, como los neandertales, pero mira, nosotros estamos aquí y ellos se extinguieron. ¿Conlleva el desarrollo tecnológico excesivo la semilla de la destrucción? No lo sé. Es una teoría tan buena o tan mala como otra cualquiera. En cualquier cosa, nada es eterno ni inmutable, ni las cosas físicas, ni las espirituales.

  2. Javi dice:

    Que tendra la entropia que la hace tan atractiva y tan miserable. Con ella vivimos momentos geniales y desesperados, nos da alegrias y tristezas, pero siempre todo resulta nuevo y excitante. Solo sabemos que estamos vivos porque tenemos certeza que moriremos. Y ambas la muerte y la vida son las expresiones mas rotundas de la entropia. Asi que Ainara, abrazemos a esa amiga presente siempre con nosotros, pero a la que ignoramos demasiado a menudo. Gracias Paco.

  3. Pingback: Take a walk on the right side | Viena Directo

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