Hitler tiene una cita en Viena y Franco es un Frigopie

Adolf Hitler escrito en letra gótica en Viena

Para Richard, que me puso en la pista de este tema. Gracias 🙂

23 de Julio.- Este domingo, la revista Profil traía dos articulillos referentes a España, de los cuales nos interesa más el segundo.

Always Franco

A saber: una pieza ilustrada con una foto de la escultura de un señor llamado Merino que se llama Always Franco (véase). El civilizado (y algo cínico, como corresponde) semanario vienés, explicaba no sin cierto estupor que el señor Merino se había visto en el brete de tener que acudir a los juzgados por haber confeccionado el artefacto en cuestión y haberlo expuesto en ARCO. La parte presuntamente agraviada era la 3F (Fundación Francisco Franco) ese cementerio de elefantes que se montó en su día con el (aparentemente) principal propósito de entorpecer la labor de los investigadores que bucean en el reinado de aquel hombre que insistía en decir “uroplano” y “rímico” por “aeroplano” y “rítmico”.

Qué sopor.

La interpretación de la escultura de Merino, reforzada por su título, es evidente para cualquiera que siga un poco la realidad española. Va para cuarenta años (¡Cuarenta! Señora, no uno ni dos) que Arias Navarro salió por la tele moqueando para anunciarle a la peña que Franco había fallecido y, en vez de dejarle donde debería estar (a Franco, no a Arias) o sea, en los libros de historia, en ese desván polvoriento que ocupa el Conde-Duque de Olivares y el babeante Carlos II, los políticos españoles le tienen refrigeradito como si fuera un Frigopie, para poder sacarle de vez en cuando para mentárselo a los contrarios.

El pasado, en Austria, lleva bigotito

Si algo tienen en común Austria y España es que, a ratos, tienen una relación un poquitín conflictiva con su propio pasado. Aunque en Austria, como el pasado lleva un bigotito estrecho, a veces pasan cosas que a uno le gustaría que también sucedieran en España.

Por ejemplo: en el distrito 9 de esta bonita capital, en la Marktgasse está el Thuryhof, un bloque de viviendas de protección oficial construido en los años veinte del siglo pasado. Como suele ser normal en aquellos “palacios para el proletariado” el Thuryhof es el sueño de un amante del art-decó o de un pintor del realismo socialista. Con sus curvas de transatlántico, sus sencillos adornos y sus rejas de hierro forjado que recuerdan, de alguna manera, a Los Nibelungos (no es un grupo rumbero de los ochenta, es una peli muda de Fritz Lang).

Por lo que hoy nos interesa el Thuryhof es porque pone de manifiesto una cosa que a todos nos ha pasado alguna vez. Ese momento en que  uno está limpiando su vivienda y, de pronto, se encuentra una telaraña en la que podría quedar atrapado un Airbus.

De tanto pasar por el mismo sitio, uno mira, pero no ve. Y así la telaraña crece y crece.

Estatua con paloma
La estatua en cuestión

Esto sucedió con una estatua que alguien puso en el Thuryhof en algún momento entre 1938 y 1945. Representa a un guerrero medieval que tiene entre las manos una espada. De esas, en Viena, hay un buen porrillo. Sin embargo, lo que tiene esta de especial es lo siguiente. En el zócalo, lleva escrito este texto: «Wir bitten Dich Herrgott, laß uns niemals wankend werden und feige sein, laß uns niemals die Pflicht vergessen, die wir übernommen haben.» (Te rogamos, Señor, que no nos dejes nunca volvernos vacilantes ni ser cobardes, no nos dejes nunca que olvidemos el deber que hemos asumido). Debajo, aunque borrado, pueden leerse dos palabras que alguien intentó borrar bastante descuidadamente y que son, ya lo habrán adivinado mis lectores “Adolf” y “Hitler”. O sea, el nombre del autor de la cita.

Pertenece al llamado Discurso de Königsberg, pronunciado el 4 de Marzo de 1933 y publicado por el Völkischer Beobachter (el periódico de los nazis) un día más tarde. Al día siguiente, Hitler ganó las elecciones.

Como la telaraña de nuestro ejemplo, la estatua del guerrero y su zócalo permanecieron entre 1945 y 2009 absolutamente ignoradas. Es más, como es tradición, todos los meses de octubre, con ocasión de la Fiesta Nacional austriaca (conocida en este blog como Día de la Austrianidad), el chisme estuvo flanqueado por dos banderas rojiblancas como dos soles.

En el año 2009, los verdes denunciaron la existencia de semejante mancha en una ciudad que presume de moderada y democrática y dado que la estatua es un objeto histórico, no se retiró, sino que se puso una placa y se dejó a una artista que dibujara una obra simbólica: dos corchetes que mis lectores podrán ver en las fotos.

Zócalo con el Discurso de Königsberg
El zócalo con el discurso de Hitler (detalle)

 

¿Por qué no es posible que, en España, se produzcan más ejemplos de una relación tan civilizada con la Historia? ¿Por qué insistimos en seguir diciendo “uroplano”?

Más fotos del Thuryhof, aquí.

Para saber más de otros lugares controvertidos relacionados con el nazismo, pinchar aquí

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