Viena-Islamabad con todos los gastos pagados

Michael Landau, Caritas Austria
Michael Landau (en primer término) director de Caritas Austria

La expulsión/repatriación de ocho peticionarios de asilo político pakistaníes (¿O paquistaníes?) ha cerrado una crisis que llevaba casi un año abierta.

30 de Julio.-  Todos los años, digamos a finales de junio, el parlamento viení cierra el curso (con tres sesiones de doce horas maratonianas en donde los políticos hacen gala de una eficiencia que da que pensar) .

Después, EPR se hunde en un sueño profundo de bella durmiente.

Este año, sin embargo, el sopor veraniego está siendo un poco menos profundo de lo normal porque las elecciones del otoño están en el aire y el motor político de Esta Pequeña República, en consecuencia, está al ralentí.

Basta cualquier noticia para que, automáticamente, los políticos se posicionen como las limaduras de hierro en presencia de un imán.

La comidilla de estos días es la decisión del Gobierno de devolver a su país de origen (Pakistán) a ocho de los solicitantes de asilo político que, alojados inicialmente en Baja Austria, iniciaron una marcha hasta Viena y, tras no pocas vicisitudes, se encerraron en la Votivkirche (una de las iglesias más feas y más lóbregas de Viena, por cierto).

A lo que vamos: durante su encierro, sucedieron muchas cosas que incluyeron la esperpéntica aparición durante una misa dominical de unos señores de ultraderecha (grupo WIR, “identitarios” se hacen llamar) que decidieron hacer su presentación en sociedad y denunciar que los pakistaníes no eran ni más ni menos que la punta de lanza de la islamización de Europa. En fin: estas cosas que se dicen cuando uno se entrega a la ingesta de determinadas sustancias alucinógenas.

Quien quiera remontarse, puede leer este post en el que Viena Directo informó de todo.

En aquel momento, la Iglesia católica, propietaria al fin de la Votivkirche y un poco incómoda por tener que bailar con la más fea en contra de su voluntad, se erigió en mediadora entre el Gobierno de EPR y los encerrados.

Los intereses de las partes, aunque obviamente nadie los hizo explícitos, estaban claros: el Gobierno no veía el momento de sacar a los peticionarios de asilo de la Votivkirche, edificio que, encontrándose en el centro de Viena es uno de los más visitados de la capital. A nadie en el Gobierno le interesaba que anduviesen en los periódicos, día sí y día también, las aventuras de los pakistaníes. Que si hoy tienen frío, que si hoy tienen que hacer sus necesidades por los parques, que si hoy hacen huelga de hambre, que si hoy los ha entrevistado Amnistía Internacional…Un papelón.

Los encerrados por su parte querían, claro está, tener poder de negociación para que el Gobierno accediese a sus demandas (algunas muy justificadas y otras algo ingénuas), cosa que tenían más posibilidades de conseguir si permanecían visibles y con la atención mediática enfocada sobre ellos.

En parte por buena intención y en parte, por qué no, por la vanidad de saber que, en una sociedad crecientemente laica la Iglesia aún cuenta para algo, la Conferencia Episcopal Austriaca a través de Caritas negoció hasta conseguir que los encerrados se aviniesen a abandonar la iglesia Votiva y se transladasen a un convento.

Les prometieron un alojamiento más confortable y una mejora de sus condiciones generales. Los peticionarios asumieron, entretanto, cosas que la Iglesia (experta desde tiempos inmemoriales en nadar y guardar la ropa) ni les había prometido ni estaba en condiciones de prometer.

La jugada, para cualquier espectador imparcial, era obvia. Con los peticionarios fuera de circulación, se aplicaba automáticamente la conocida “táctica Rajoy” (y esto no es criticar, es referir). O sea: miremos para otro sitio y hagamos como que el tiranosaurio rex no existe que igual así pasa el tiempo y se olvida de nosotros y no nos come.

Efectivamente: como era previsible, el tiempo pasó y la atención del público, que es cruel como inocentemente crueles son los niños, se desvió a otros temas: que si cabras nacidas con dos cabezas, que si Conchita Wurst en el desierto, que si tal y que si cual. Los morenitos del Servittenkloster fueron languideciendo y, mientras tanto, la maquinaria burocrática funcionaba lenta pero segura.

Antes de ayer, llegó la confirmación: las solicitudes de asilo habían sido denegadas tras comprobarse (!) que los peticionarios no corrían ningún peligro en Pakistán, como afirmaban los talibanes del Gobierno, magnánimos administradores de su país como todo el mundo sabe.

Como manda la ley, que es dura pero es ley, como dice el adagio, se procedió a la repatriación en menos de cuarenta y ocho horas.En el momento de trasladar a estas personas al aeropuerto de Schwechat,un centenar escaso de personas se manifestó en contra infructuosamente.

A la hora del cierre de edición de VD (siempre he querido escribir esta frase) los periódicos austriacos traen, además, que algunos de los repatriados son sospechosos de haber sido parte de redes de tráfico de personas.

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Un comentario a Viena-Islamabad con todos los gastos pagados

  1. Bad Vöslauer dice:

    para cuándo un Madrid-Rabat ó BCN-Argel, la pena es que a Bucarest, Sarajevo o Pristina no se les puede expulsar en virtud de los acuerdos Schengen y de la UE, para eso su graciosa Majestad se ha guardado ese derecho y ni siquiera los miembros de la Grandeza común viajan libremente. Lo mismo digo de los oriundos moscovitas o de la provincia de Shi Chu An si no tienen forma de justificar sus ingresos y/o labor a realizar que no pueda ser hecha por otra persona.

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