Hasta luego, Lucas

OidaO las interesantes conclusiones que se pueden extraer de los nombres de las personas (de los austriacos, también)

2 de Agosto.- Cuando uno viene a vivir a un país que no es el suyo de nacimiento, deja de tener delante una imagen de la vida en alta definición y se la sustituyen por uno de aquellos gráficos hechos de cuadraditos que poblaron la infancia de aquellos de mis lectores que, como uno, tengan edad para haber conocido los balbuceos de la electrónica de consumo.

O sea, que los primeros años, hasta que uno se recompone un poco, todo es desorientación.

Pequeñas y grandes pérdidas

Las pérdidas más graves son, de forma lógica, las relacionadas con el idioma.

Yo, en España, escucho la radio y un oyente, por ejemplo, llama a Julia Otero y le dice “Buenos días, Julia” (fin de la cita) y, con eso solamente, ya le tengo fichado: edad, nivel cultural, procedencia geográfica…Y si ya dice más cosas (“Te llamo d´aquí, de Lospitalé de Llobregá”) naturalmente, puedo hacerme una idea muy precisa de esa persona a la que yo nunca he visto. Saber si le gustan los programas de verduleras insultándose o si es fanático/a de las Redes de Punset. En fin, esas cosas.

Luego están, por ejemplo, los nombres.

Cómo nos llamamos dice mucho de nosotros porque los padres bautizan a sus hijos de acuerdo con la idea que tienen del mundo donde viven.

Por ejemplo, sin más información: ¿Qué opinarían mis lectores de dos niños desconocidos si les digo que uno se llama “Kevin Alexander” y otro “Rodrigo”? El ser humano es una máquina de producir prejuicios y, probablemente, al escuchar que alguien se llama Kevin Alexander a muchos de mis lectores les venga a la cabeza un barrio proletario, una familia de honrados trabajadores sudamericanos castigados por la crisis; en cambio, al escuchar “Rodrigo” o “Jimena” o “Tiago”, quizá acuda a su mente la imagen de una pradera de cesped color esmeralda primorosamente segado, con su correspondiente juego de arcoiris producidos por otros tantos aspersores y, al fondo, un chalet en una urbanización pija.

Los escritores sabemos mucho de estos mecanismos mentales y, naturalmente, los utilizamos en nuestro beneficio.

Se trata de convenciones que se dan en todos los países y Austria no es una excepción.

Dos velas negras

Hay nombres, por ejemplo, que no se usan. Adolf, por ejemplo. Porque, aunque hay gente (aún) que piensa que haberse cepillado a seis millones de judíos no es tan horroroso (al fin y al cabo hizo autopistas ¿No?) es cierto también que los padres pueden suponer que llamarse así es, en Alemania y en Austria, como llamarse Satán. Menudo cuadro en la guarde:

-¡Satán! Te he dicho cienes y cienes de veces que no le digas a Helmut que le vas a poner dos velas negras.

Asimismo, en Austria, hay nombres que solo son de vieja. Perdón, de señora mayor. Por ejemplo (un, dos, tres, responda otra vez) Walburga.

Tanto es así, que hace años, la policía llamó a todas las Walburga de la guía telefónica para alertarlas sobre el timo del falso sobrino. Todas tenían más de setenta años.

Florian, por ejemplo, es un nombre de bakala. Tú te encuentras a unos padres jóvenes y te dicen que le han puesto a la criatura Florian y te puedes imaginar para el angelito un futuro en un reality show de ATV, echando la raba en un festival de esos a los que los jóvenes van a estar tres días sin ducharse y diciendo “oida” cada tres palabras.

Para ellas el equivalente, sería, por ejemplo, Jacqueline (pronunciado, claro está, algo así como “Tschaqueline”).

En fin: en Austria se han publicado hoy los nombres más utilizados para los neonatos durante el año 2012. Para ellas (814, un 2,6%) el nombre más usado ha sido Anna. Ganador por cuarto año consecutivo.

Para chicos, el ganador ha sido uno que Chiquito eliminó de las listas de los padres españoles sensatos: Lukas (“Hasta luego, Lucas” o “¿Quién eres? Lucas / tus cojones con pelucas”. En fin.

La lista revela que los austriacos, en lo de la onomástica, sen mantienen dentro de los márgenes de lo razonable.

Chicos: Lukas, Tobias, Maximilian, Luca, David, Jakob, Felix, Elias, Jonas –pronunciado, seguramente, a la americana, como los Jonas Brothers- y Paul.

Chicas: Anna, Hannah, Lena, Sarah, Sophie,Emma, Julia, Marie, Leonie –este es un poquito bakala también- y Laura.

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Un comentario a Hasta luego, Lucas

  1. Yuriria dice:

    Hola Paco. Como siempre tu post es gratísimo! Hoy me reí hasta las lágrimas con Satán y Lucas… Pero, qué dicen nuestros nombres, como extranjeros que viven acá, para los aborígenes (como tú les llamas)? Porque en México todos los alemanes son Gunter o Greta y todos los españoles son Venancio y todos los ingleses son John… (hablando de prejuicios y estereotipos); qué oyen ellos cuando les decimos, -hola me llamo Paco Bernal y soy español; así como, hola me llamo Yuriria y soy mexicana, mis hijos son Santiago y Fernando. Sería interesante saber qué piensan ellos, no?…
    Ah!, por cierto. Esta computadora es gringa y no encuentro el signo de interrogación que abre, igual que el de admiración. Usted perdone!
    Saludos Paco

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