La saga de los Korpanek la crisis de identidad «negra»

Grupo escolar en una foto de los treintaO el dilema de no saber qué hacer ante un adelantamiento peligroso por la derecha

6 de Agosto.- A finales de 1947, el abuelo Korpanek (*), vuelto de la guerra, después de reunir a lo que quedaba de su familia se estableció con Ingrid, su señora, en Tschikititendorf, una pequeña localidad de Baja Austria.

La saga de los Korpanek

Con mucho esfuerzo y sacrificio, y algo de apoyo estatal, fundó una empresa de maquinaria agrícola que, con los años, ha ido creciendo hasta convertirse en mediana (65 trabajadores).  Herr Korpanek se casó y tuvo cuatro hijos, dos varones y dos mujeres, los cuales, a su vez le dieron nietos los cuales, también, le hicieron un pedido a la cigüeña y le han alegrado la vejez con un par de biznietos. Los Korpanek, hoy en día, son un sólido grupo familiar de alrededor de unas treinta personas entre los 0 y los 94 años.

Políticamente, las preferencias de la tribu Korpanek son un fiel reflejo de la historia reciente de Austria, en lo que respecta a su clase social.

Para Herr Korpanek senior, católico practicante, que había vivido su juventud en la convulsa Austria de los años treinta y para quien pertenecer a la Iglesia era casi (y sin casi) un acto de afirmación patriótica, la afiliación al ÖVP (Partido Popular Austriaco) era algo que caía por su peso. Sus hijos, indudablemente, también fueron educados en los principios religiosos y conservadores que ostentaba el patriarca, así que, cuando fueron mayores, también se hicieron ostensiblemente “negros” (**) lo cual, pensaban ellos, aparte de ser inevitable,  les daba buen tono.

La familia Korpanek, por ejemplo, asistía cada año al baile que el ÖVP organizaba en la escuela de su localidad  y el cabeza de familia colaboraba con instituciones afines y de raigambre conservadora y tradicional, como la banda local de música.

SpitzA mediados de los ochenta del siglo pasado, sin embargo los hijos de Herr Korpanek empezaron a desvincularse paulatinamente de las creencias políticas del padre y solo las mujeres educaron a sus descendientes dentro de un ideario “conservador” (luego se verá por qué pongo el adjetivo entre comillas) . Lo cual, en aquella época, quería decir (aún) una moral sexual y una panoplia de prejuicios muy vinculados al catolicismo y a cierto orgullo de clase que hacía que los Korpanek, en tanto que clan formal y cumplidor hecho a sí mismo, se sintieran representantes de lo mejor de “la austrianidad” y, por lo tanto, estuvieran encantados de haberse conocido.

Los hijos varones de Herr Korpanek, que también eran los más pequeños, en cambio, a pesar de que lo intentaron, no pudieron o no supieron encajar en el molde (para escándalo, por cierto, de la proba gente de Tschikititendorf).

El mayor, después de tres matrimonios fallidos y cinco hijos, descubrió que era homosexual y, a pesar de haber heredado la gestión del negocio familiar, pasa la mayor parte del tiempo en Viena, en donde reside con su pareja actual, un hombre de ascendencia serbia veinte años más joven que él, al que, en otros tiempos, le hubiera puesto un videoclub o una mercería pero al que ahora se limita a mantener y a colmar de caprichos (el serbio, por su parte, lo único que hace en la vida es ir al gimnasio, levantar mancuernas con aire lánguido y enamorarse cada quince días de unos zapatos distintos de Prada).

El pequeño tampoco tuvo suerte con los amores: su vida ha sido un rosario de relaciones fracasadas porque es uno de esos hombres que, donde pone el ojo, pone la loca (o sea, que todas sus novias estaban para que las atasen o eran adictas a esnifar pegamento Imedio).

La juventud se emancipa

En las nuevas generaciones, solo un tercio aproximadamente continúa siendo fiel a los principios “negros”, más por tradición familiar que por otra cosa. Lo mismo que siguen comprando el Kronen Zeitung todos los días (ese periódico que es como el ABC español, que no pierde lectores: se le mueren de viejos).

FreizuhaltenEl grueso de los descendientes de Herr Korpanek, sin embargo, han dejado de identificarse con el ideario de una iglesia católica que, en Austria, pierde influencia a marchas forzadas y está muy lejos de ser considerada ya como el metro de platino iridiado de la corrección moral. Por supuesto, los Korpanek van a misa en las ocasiones necesarias pero, como otra mucha gente de su medio, consideran que un alto porcentaje de las cosas que defiende el Vaticano son vejeces mandadas retirar y lo hacen más para ser vistos por sus convecinos que por auténtico convencimiento. Los nietos del hijo homosexual de Herr Korpanek, entretanto, y quizá debido a la falta de brillantez de su expediente académico, no ven ninguna contradicción entre su total aceptación de la homosexualidad de su padre y el votar a la ultraderecha (al serbio, por supuesto, nadie de la familia le puede soportar y lo ponen a escurrir a la mínima ocasión).

El caso de los Korpanek no es aislado y el ÖVP ha perdido, en el espacio de una generación, el 50% de su base electoral. En gran parte debido a una honda crisis de identidad. Porque

  • ¿Qué pasa con un partido que se erigía en adalid de los intereses de la Iglesia cuando la feligresía encoge a razón de varios cientos de miles al año?
  • ¿Qué pasa con un partido social-cristiano con un ADN decididamente proteccionista cuando se imponen, a todo lo largo y ancho de la Unión, tesis cada vez más neoliberales y de minimización del sector público?
  • ¿Qué pasa cuando los propios dirigentes del partido huyen del adjetivo “conservador” como de un bombardeo con gas sarín, porque sus asesores les han enseñado que es un término que, en la mayoría de la gente sugiere vejez y aburrimiento?
  • ¿Qué pasa con un partido cuando otro (el FPÖ) le adelanta por la derecha y le roba conceptos tradicionalmente asociados a él como “ley”, “orden” o “austrianidad”?

En el ÖVP todavía no lo saben. Y se están jugando la supervivencia.

(*) Naturalmente, los Korpanek son fruto de mi invención. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

(**) Según la terminología al uso en Austria, los partidos son reconocidos por sus colores: Rojo (SPö), Negro (ÖVP), Verde (Die Grünen), Azul (antiguamente marrón, por lo que todos sabemos, FPÖ) y Naranja (BZÖ, aunque pronto dejará de usarse)

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