Fuego en las entrañas

Piano en la fuente de KarlsplatzVamos, y en las otras partes, también. Estampas del verano centroeuropeo.

9 de Agosto.- A la hora en que empiezo a escribir esto, empieza a abatirse sobre Viena una tormenta que, después de lo de ayer, sólo puede describirse como misericordiosa.

Y es que, estos días, en Centroeuropa ha hecho MUCHO calor. Ayer, sin ir más lejos, se rompió el record histórico de calor en el este de Austria. Concretamente, se pulverizó el registro que Viena tenía desde 1957 y se superaron los cuarenta grados a la sombra.

Cada uno lo llevó como mejor pudo. Unos, se consolaban pensando que ya vendrán días peores (vamos, meses) de cielos plomizos, nieves, jielos y demás accidentes atmosféricos. Otros, los de natural más juguetón, se ponían cerca del agua a ver pasar al personal y a evaluar parsimoniosamente ese moreno color caramelo que adquiere la raza local: un color dorado que, sinceramente, hace soñar y que, combinado con un pelo rubio pajizo y unos ojos verdes o heladoramente azules hacen que, este que escribe, pierda completamente los papeles. Los que teníamos que trabajar (y no teníamos la suerte de tener un aire acondicionado al lado) sondeábamos los límites de la resistencia humana.

Esto del aire acondicionado merece capítulo aparte porque en Austria, en Viena, hace tanto calor o más que en España pero hay muy pocos sitios en donde se tenga compasión de los pobres seres humanos y haya máquinas para refrescar, aunque solo sea un poco, el ambiente. Calefacción toda la que quieras, pero el pingüino de Longi, nada de nada.

Otra cosa con la que te tienes que enfrentar habitualmente es que, cuando estás arrastrándote por los rincones, cuando los aborígenes te ven absolutamente muerto, cuando abres la boca y, con la boca estropajosa, se te ocurre quejarte de las temperaturas, alguien siempre dice:

Pero tú eres español ¿Verdad? ¡Tenías que estar acostumbrado! –y tú piensas “!Coño, ni que España fuera Catar!” (que ya quisieramos nosotros nadar en petróleo, por otra parte).

Este tópico de la resistencia sobrehumana que los españoles tenemos al calor, como si fuéramos beduinos, es otro como el de “la católica España” que nos persigue ¡Qué bien lo hizo el Santo Oficio! Allá cuando nuestras monarquías estaban ligadas por lazos dinásticos, tatuándoles a estos no ya en las meninges, sino en el mismo ADN que, en España, somos todos unos fanáticos que vamos con el cirio a todas partes y no nos quitamos el cilicio así nos lo mande el médico.

Y, sin embargo, lo que son las cosas ayer, incluso cuando se estaba acordando del clima mediterráneo continentalizado y de la madre que lo parió, uno escuchó a un meteorólogo decir que “el de hoy será el último día del año en el que se alcanzarán más de treinta y cinco grados” y sintió una punzada de nostalgia y, mientras en la mesa los cristales del móvil amenazaban con derretirse y en mi mesa de trabajo se hubiera podido freir un huevo, no pude evitar silbar bajito, melancólicamente, esta canción (!Maldito Antonio Mercero…! El pobre)

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2 Responses to Fuego en las entrañas

  1. Noema dice:

    …y la siesta, que TODOS dormimos siesta, SIEMPRE, todos los días. En fin.

  2. Pedro dice:

    Es como cuando ven fotos de la familia de uno y se sorprenden porque el padre no tinene boina y la madre no lleva panuelo negro. Verídico!
    PD. El final del verano a 9 de Agosto? Paco, por favor!

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