El accionariado de los grandes medios austriacos

sombras en el sueloUna reflexión sobre las relaciones entre los «massa media» y los que tienen la sartén por el mango.

13 de Agosto.- Cuando yo era (más) jovencito y trabajaba en cierta cadena de televisión privada en España , tenía unos compañeros (hoy, desgraciadamente, mayoritariamente en paro) que se escandalizaban de que todos los días, dos veces, mañana y tarde, la escaleta de los informativos viajase con un mensajero en moto al Palacio de la Moncloa, para recibir el visto bueno de alguien competente en la materia.

Algo personal

Por cierto, casi quince años después, muchos de los periodistas de noticias que colaboraban en confeccionar las piezas que componían aquellas escaletas (muchas hagiográficas) coincidiendo sospechosamente con su aterrizaje en las oficinas del INEM, sufrieron una conversión repentina que les hizo ver, de pronto, que habían estado dos décadas al servicio de Mordor y, algunos, incluso, tienen blogs parecidos a este en los que dicen renegar de aquellos tiempos en los que, por un plato de lentejas, se vieron obligados a cantar las excelencias de un poder (bueno, de un Poder) del que, por dentro, abominaban y que les parecía inmoral.

Naturalmente, como dijo el tito Oscar (Wilde) “lo moral es la vara de medir que aplicamos a las personas  contra las que tenemos algo personal” y qué causa hay mayor para detestar a alguien que el que, un día de estos, te diga que ya no vas a cobrar tu jugosa nómina de 3500 machacantes al mes (más pluses, dietas, y complementos personales) y te ponga de patitas en la rúe.

(Con esto, naturalmente, no quiero decir que el poder no fuera efectivamente inmoral, sino solo que tardar veinte años en darse cuenta es, como poco, un poquitín sospechoso y, como mucho, una incitación al pitorreo).

Y es que todos tenemos que trabajar en algo. Lo que sucede es que muchos periodistas (sobre todo de una edad) piensan de sí mismos, en su fuero interno, que en realidad son escritores que hubieran merecido mejores cartas o, simplemente, no se resignan a creer que esta vida, lo mires por donde lo mires, tiene poco de heróica si eres pobre y lo único que sabes hacer es juntar letras.

Judías con oreja

Yo, ya entonces, tenía una opinión quién sabe si cínica o pragmática al respecto de las relaciones entre los medios de comunicación y los que tienen la sartén por el mango y, entre cucharada y cucharada de alubias con oreja (infames ambas) les decía a mis compañeros (me acuerdo perfectamente):

Si yo fuera tan desvergonzado como para tener en el banco los dosmil millones de calas que cuesta una tele –hoy se compran más baratas- naturalmente, no solo instruiría a los periodistas para que hablaran superbién de mí y de mis amigos

(aunque mis amigos fueran de esos que, cuanto más los conoces, más quieres a tu perro)

sino que, cae por su peso, mi madre estaría siempre en la lista de las diez mujeres más elegantes de España

(justo entre mi novia y la princesa Letizia)

y “la Reina de las mañanas” (la que tocase) entrevistaría de vez en cuando a mis niños y diría que ellas son unas pedazo de princesas del pop en trance de convertirse en grandes damas de la canción, y ellos unos solteros de oro macizo comparables solo a los hijos de Nati Abascal.

Yo, no tengo ningún problema con eso porque, al fin y al cabo, los periódicos y las teles (privadas ¿Eh? Privadas) son empresas como todas las otras. Pero con una condición: que se sepa quién paga la fiesta.

En los periódicos, justito debajo de la cabecera, debería poner quién es el dueño del chiringuito para que nadie se llamase a engaño. Lo mismo que en la Leche Pascual pone quién la fabrica y los coches Seat sabemos todos que los hace Volkswagen. Y sabemos que si cuando haces pop ya no hay estop, pues es Unilever quien está detrás, lo mismo que cuando utilizamos un jabón para dejar los gayumbos como una patena.

Todo esto viene a cuento porque hoy, he encontrado el periódico vienés Der Standard un reportaje (un poquito lioso, también es verdad) sobre quién está detrás del accionariado de los medios de comunicación más grandes de Austria. Y es muy gracioso ver cómo hay nombres (consorcios, fundaciones, particulares) que se repiten con una asiduidad sospechosa. Incluso en periódicos que, teóricamente, son antagónicos ideológicamente hablando.

Para quien tenga tiempo, y la paciencia de hacerse un esquema, puede consultar el reportaje aquí.

 

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