El candidato, como el oso

Un hombre con el torso desnudoLa publicación de dos instantáneas ha hecho que, a la política austriaca, regrese aquel eslogan publicitario: «Vuelve el hombre».

20 de Agosto.- Una de las consecuencias de la progresiva normalización del hecho gay (en todas partes menos en Rusia, claro) ha sido que el cuerpo del hombre, antaño destinado a competir en fealdad con el del oso, ha pasado a cotizar en el mercado de la carne de la misma manera que, antaño, cotizaba el cuerpo de la mujer.

Desde hace veinte años, que un hombre se compre cremas para la cara, se afeite los vellos supérfluos o utilice más productos de tocador que el aftershave no solo no está mal visto, ni provoca dudas sobre su virilidad (y si las provoca, al interesado le chupa un pie, claro) sino que es considerado un signo de la modernidad del especimen en cuestión.

Escenas de matrimonio

Con esto, también, los chicos hemos entrado en el círculo vicioso (en todos los sentidos de la palabra vicioso) en donde teníamos metidas a las mujeres. Y claro, también vivimos presos de ese comecome que antes era exclusivo de ellas, porque sentimos en nuestro cogote el aliento de la sociedad que nos dice cómo debe ser nuestra apariencia y nos impulsa a competir con otros semejantes, con lo cual ciertas escenas domésticas han cobrado una nueva dimensión.

Por ejemplo, ese momento en que el varón se va a ir a dormir, está quitándose la camiseta y pasa su parienta por la puerta del cuarto de baño y le echa una mirada escáner, de esas en las que los ojos se le ponen como la lucecilla roja que llevaba el coche fantástico en el morro, y el varón piensa (y acierta) que le está comparando con el último estríper que ha visto (y que, naturalmente, él pierde mucho como persona en la comparación).

O peor, cuando ya directamente ella le demanda que ponga coto a determinados excesos dietéticos para que sus abdominales vuelvan a lucir como cuando iba al instituto y hacía deporte regularmente y se comía dos hamburguesas del burrikín y, mágicamente, no pasaban a formar parte de sus lorzas de manera automática.

(Estas escenas, lo aclaro por si a alguien le interesa, no están sacadas de mi vida diaria: porque yo, aún a mis treinta y siete primaveras, me quito la camiseta y sigo parando el tráfico, a ver qué nos vamos a pensar).

En fin: todo este largo preámbulo para decir que el desnudo masculino (o el semidesnudo) ha penetrado en ámbitos y se utiliza para cosas que hubieran escandalizado a nuestros abuelos y aún a nuestros padres. Por ejemplo, para atraer votantes.

Buscando al macho alfa desesperadamente

Frank Stronach
Mr. Stronach luciendo palmito (o así). Foto: Kurier

En una de esas polémicas chorras que a veces se gasta el Österreich (gran periódico) se han publicado dos instantáneas que tienen dividida a la población de EPR. En una de ellas, siguiendo el ejemplo de Vladimir Putin (el cual, se deja fotografiar sin camiseta pero es muy machote, que quede claro) se ve a Frank Stronach, candidato del partido que lleva su mismo nombre, vestido con unos vaqueros (baratunos, que digo yo que para qué es muchimillonario este hombre si luego va por la vida con unos tejanos de la marca Hacendado) y con el torso descubierto (carnes desmayadas de octogenario, pezones enhiestos de orangután anciano).

Strache en Ibiza. Foto: Facebook del propio Strache a través del Kurier
Strache en Ibiza. Foto: Facebook del propio Strache a través del Kurier

En otra instantánea, surgida al parecer como reacción a esta primera, se ve a Heinz Christian Strache, conspícuo líder ultraderechista, ataviado solamente con un bañador y untado en aceite solar. Foto presuntamente tomada durante sus últimas vacaciones (bakalas, como todo él) en Ibiza.

A falta de mejores argumentos y ante un electorado como el suyo que ellos presumen ayuno de letra impresa e impulsado por motivaciones primarias (la emoción y aquellas que anidan en la zona ecuatorial del cuerpo humano), el duelo por el voto-protesta, que es por el que compiten estos dos señores, se ha convertido en una carrera por demostrar quién es el macho alfa de la política austriaca.

Con desigual éxito.

Fuentes de toda solvencia (y alguna malignidad) consultadas por este blog han señalado muy agudamente que, en el caso del Sr. Stronach, y dado lo que puede verse en las fotos, es muy probable que, de no ser dueño del megaconsorcio Magna,  se vería abocado a la utilización del sexo de pago (bueno, igual siendo dueño del consorcio Magna también).

En cuanto a Strache, las mismas fuentes indican que, aún sin alcanzar el punto más bajo de la escala Pitt (por el Brad del mismo nombre) que sería el “tapa eso, por Dios, que estamos comiendo”, el ojo experto reconoce ya las señales de una decadencia física a la que todos, desgraciadamente, estamos abocados. Se le recomienda seguir la prudente regla de que, a partir de los cuarenta (tirando muy por arriba) hay que reducir al mínimo las exhibiciones cárnicas  siempre que haya un dispositivo grabador en las cercanías.

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