La poca fe que tengas, te la quitan

gotas de aguaUn equipo de científicos de la Med Uni de Viena han llegado a una interesante conclusión, y la han publicado en el Journal of Water and Health.

12 de Septiembre.- Cuando yo era chico, a principios de los ochenta, una tarde que iba con mi hermano y conmigo, entró mi madre en la iglesia de San Sebastián (mocito y mártir). Debía de ser a poner una vela por alguien que estuviera malo o sin trabajo. Mi hermano llevaba en la mano un palo, parecido a los de los polos, con tres gominolas pegadas. Una verde (medio mordisqueada), una amarilla y una roja, lo que entonces se llamaba, dando muestras de notable originalidad, un semáforo.

Estando cerca de la puerta del templo, lugar en el que se encontraban los chismes de hierro negro donde se ponían las candelillas que simbolizaban las intenciones de los fieles, se presentó de improviso un hotentote ensotanado echando sapos y culebras por la boca. Se trataba de don H., el cura párroco, muerto hace unos años, el cual conminaba a mi madre a que abandonase la iglesia instantáneamente y se llevara con ella a aquel niño maleducado, cochino y presuntamente blasfemo (mi hermano el cual, sobra decirlo, no era ninguna de las tres cosas).

-¿Y eso?¿Se puede saber qué ha hecho la pobre criatura?

Y el cura, furioso, hecho un Fernando Fernán-Gómez redivivo:

-¡En la casa de Dios no se coooomeeeee!  ¡No se come en la casa de Diooooos!

Mi madre nos sacó de la Iglesia, dejando atrás a aquel energúmeno y, desde entonces, fuimos siempre a la iglesia de Nuestra Señora de Valvanera, en donde su cura simpático y bastante mariquita, don A., era tenido, si no por progresista, por lo menos por más simpático, que ya era algo (el padre de Ainara, en la inocencia de sus pocos años, hacía unas imitaciones del plumón que tenía el Don A. aquel que te partías de risa).

Recuerdo a mi madre, días después, contándole a sus amigas la película, nosotros esperando que se disolviese la conversación de las adultas, ellas con las bolsas de la compra en la mano.

-Si es que te quitan la fe, hija. La poca que tengas, te la quitan.

Hoy, en contra de lo que piensan la mayoría de los austriacos, España ya no es católica (o no tanto como solía) en gran parte por la indesmayable labor de curas como el Don H. aquel, empeñados en que a la gente les temiera a ellos casi tanto como al Dios severo sentado en su pantocrator.

Me acordaba de la frase esta de “es que te quitan la fe”, leyendo una noticia muy graciosa aparecida  hoy la edición digital del diario viení Die Presse.

Di que los doctores  A. Kirschner, M. Atteneder, A. Schmidhuber, S. Knetsch, A. Farnleitner y  R. Sommer, de la Universidad Médica de Viena han publicado en el Journal of Water and Health un estudio científico que echa por tierra las supuestas propiedades terapéuticas del agua bendita y alerta de los posibles peligros que este fluido, supuestamente enriquecido con los poderes luminosos del Espíritu Santo, puede representar para la salud pública, particularmente en sitios dedicados a luchar cotnra los achaques del cuerpo humano.

Los médicos, sin duda unos rojazos de cuidao en su mayoría, han recogido muestras de agua bendita de diferentes pilas y fuentes con fama de “santas” y han alertado de la severa contaminación por patógenos que presentan, derribando el mito de que las manos del sacerdote que las bendijo tienen poderes antisépticos.

En las pilas de agua bendita de los hospitales se han encontrado, además de todo un arsenal bacteriano (62 millones de bacterias en un mililitro), productos de todo tipo, incluyendo sustancias fecales.

Por cierto que, a mayor devoción, más peligro, porque hay más oportunidad de que haya gente olvidadiza (esa que va a al baño y luego no se lava las manos) que meta las puntas de los dedos en el agua bendita, dejando un rastro microscópico de gérmenes perniciosos para la salud.

En lo que, además, insisten los médicos de la Universidad de Viena es que, en bien de la salud del cuerpo humano y para evitar potenciales gastroenteritis, el agua bendita no debería beberse en ningún caso, porque las muestras recogidas tienen el mismo grado de potabilidad que un pozo negro de una aldea en el corazón de Zambia.

O sea, que iba a ser peor el remedio, que la enfermedad.

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Un comentario a La poca fe que tengas, te la quitan

  1. Luis dice:

    ¡Hola Paco! Chico, yo después de ver a los hindúes tan devotos y agradecidos sumergiéndose en el Ganges (que eso sí que son patógenos reconcentraos) no me preocuparía mucho la verdad. Abrazos

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