El resbalón del Sr. Hartlauer

Fiesta de la cosecha¿Trabajar más horas en Austria por lo mismo? ¡Ni hablar del peluquín! Un ejemplo del clima que impera en las relaciones laborales austriacas.

1 de Octubre.- Una de las cosas que tuvieron en común Franco, Hitler y Musolini, aparte de lo obvio (o sea, que en los tres casos se trataba de personas de extracción social media-baja y apetito ilimitado de poder) fue que, para neutralizar el descontento de un proletariado al que veían como una fuerza ciega y potencialmente incontrolable, instauraron marcos legales muy favorables hacia el trabajador incluso cuando estos marcos legislativos sólo podían mantenerse a un coste prohibitivo para las arcas públicas e, incluso, casi al precio de ocasionar la quiebra del Estado (situación desesperada, por ejemplo, en la que estaba la España del tardofranquismo y que motivó los Pactos de la Moncloa).

Viagra para la economía

En este contexto hay que entender, por ejemplo, la creación de la Seguridad Social en España o la organización “Al vigor por la alegría” nazi.

Ambas, por cierto, eran medidas con un claro regusto keynesiano: o sea, el Estado visto como la Viagra de una economía con problemas eréctiles, como fue la de la Europa de entreguerras.

Cuando terminó la mundial y cayeron los fascismos y Europa se vio recorrida por el aliento gélido del pavor a la extensión del comunismo, los aliados se dieron cuenta de que este sistema para mantener la paz social funcionaba y, al objeto de que la Alemania capitalista o la misma Austria, no se pasaran con armas y bagajes al reino cercado de hormigón de los zares rojos, lo mantuvieron en lo posible.

El curioso caso austriaco

En Austria, esta manera de entender la economía y, más concretamente, las relaciones laborales, se materializó en una curiosa mezcla de capitalismo y economía planificada que, aunque algo rozada y arañada por la necesaria adecuación de las leyes austriacas a las de la Unión Europea, se mantiene aún hoy.

En este país, los representantes de la patronal y de los trabajadores no tienen, generalmente, ni un sí ni un no. Y, en el caso de que se produjeran desacuerdos (como sucede con cierta frecuencia en sectores de componente fuertemente industrial, como el metalúrgico) basta con que los trabajadores amenacen un pelín con hacer huelga para que la patronal recule y los trabajadores moderen sus demandas para alcanzar un acuerdo.

Para ver cómo se mantiene este estado de cosas que describo o las dificultades que se encuentra quien quiere cambiarlo, bastará una anécdota.

El resbalón de Hartlauer

El fin de semana pasado, en una entrevista concedida al dominical de Die Presse, Robert Hartlauer, cabeza al frente de la cadena de tiendas de óptica y electrónica que lleva su apellido, declaró que el convenio colectivo que rige el comercio minorista iba “en contra del comercio” (o sea, que era Handelsfeindlich).

Hartlauer abogaba, por ejemplo, con la ampliación del llamado “Horario Normal de Trabajo” (actualmente entre las seis de la mañana y las seis y media de la tarde, límites temporales a partir de los cuales se considera que los trabajadores están trabajando “con nocturnidad” y, por lo tanto, tienen que recibir más dinero de sus empleadores). Asimismo, Hartlauer pidió que el límite máximo de horas trabajadas por día se flexibilizase o ampliase (en la actualidad son diez horas diarias lo máximo que se puede trabajar).

Los dos deseos de Hartlauer –un cuarentagenario que a todos los que vivimos en Austria nos resulta familiar, porque él mismo hace la publicidad de sus tiendas y por la machacona repetición del eslogan de la cadena “Tigern sie zum Löwen”– han chocado con la sorda oposición de los sindicatos que, naturalmente, han dicho que de trabajar más horas por la misma pasta o parecida ni hablar del peluquín.

Se da la circunstancia de que, para el año que viene –esto se hace con tiempo para que todo el mundo esté avisado y nadie coja cita con el callista- hay acordadas conversaciones para mejorar el convenio colectivo del comercio minorista. La representante de la patronal ya ha declarado que lo que está previsto es lavarle un poco la cara al papel en cuestión pero, en ningún caso, empeorando las condiciones actuales (para los trabajadores, se entiende) sino solo simplificando algunas condiciones para simplificar el sistema de extraordinarios que los trabajadores reciben por trabajar fuera de ese horario normal del que hablábamos más arriba.

¿Será así? Se verá el año que viene.

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2 Responses to El resbalón del Sr. Hartlauer

  1. Martín González dice:

    Saludos. No es cierto que Franco fuera de extracción social media-baja, siendo su familia hidalga y de tradición de alta oficialidad en la Armada desde hacía siglos. Su padre era brigadier, Intendente General de marina, hoy diríamos contraalmirante, su madre era también de la baja nobleza galaica y de familia de altos oficiales y diplomáticos. Tampoco es cierto -porque es completamente confuso- ese diagnóstico psicológico-espiritual, tan manido como carente de argumentos concretos, de que Franco tuviera un «apetito ilimitado de poder», en todo caso dicho diagnóstico no puede presentarse, a mi juicio, como una obviedad, no cuando Franco se jugó la vida y la carrera en más de una ocasión por defender el Régimen del 31 en contra de sus enemigos internos, revolucionarios, y externos, como oficial en primeral linea en África. La siguiente reseña bibliográfica, escrita por un marxista -poco sospechoso por tanto de franquismo visceral -puede quizá llenar las lagunas que manifiesta tu diagnóstico, Paco, y tal vez pueda ser de interés para los lectores http://www.nodulo.org/ec/2010/n106p14.htm

  2. Pingback: Compañeros del metal | Viena Directo

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