Matrimonio a la austriaca

bodaTodo parecía atado y bien atado. Sin embargo, en las últimas horas, la política austriaca está acumulando potencial para saltar por los aires.

4 de Octubre.- ¡Qué de tela que cortar tengo, oiga! Madre mía la de cosas que han pasado en Viena en estos días (y no me refiero solo a los dos terremotos, magnitud 4.4 en la escala de Richter, que han sacudido esta capital). No sé si me va a entrar todo en un post.

Vamos a ver si me organizo.

Herr Fischer recibe a las visitas

El presidente Fischer ya se ha reunido con varios de los jefes de los partidos que se van a sentar en el nuevo parlamento austriaco.

El primero en comparecer ante la bonhomía del presidente de EPR ha sido, por supuesto, el actual canciller, Sr. Faymann. Después, fue el vicecanciller, Herr Spindi Twinki Winki. Luego Strache y, el cuarto, la estrella ascendente de esta temporada: el jefe de los Neos: Herr Strolz, el cual saborea el protagonismo que le da la posibilidad de ser el partido bisagra de una eventual coalición ¿Con quién? Chi lo sá.

Herr Strolz es un tipo simpaticón, entusiasta, hiperactivo. El político más dicharachero de este Barrio Sésamo en que se ha convertido la política austriaca desde que, el domingo pasado, todos se pusieron a hacer cuentas y vieron que no tenían más remedio que dilucidar qué combinaciones de colores se van a llevar más durante los próximos cinco años.

¿Rojo y Negro? Esto es ¿Conservadores y socialistas? Tal como está hoy la cosa, parece que, como si se tratara de un matrimonio desgastado por muchos años de cama común, bragafajas de Zara y cremas hidratantes en la repisa del cuarto de baño, socialistas y populares austriacos estén buscando cada uno por su lado un nuevo amor que les haga vibrar.

Romance de la casada infiel

El partido socialista, como la casada aún de buen ver que se quita la alianza en una discoteca y se descubre aún atractiva a los ojos de los desconocidos, se muerde el labio inferior y mira en derredor suyo ¿Strache? «¿Yo, con un ultraderechista?» -piensa- Un escrúpulo íntimo le impide admitir ante sí misma que Strache, el chico malo del barrio, podría ser un compañero de cama perfecto.

Por lo menos para un apaño.

La unión tendría muchas ventajas, la principal de las cuales sería que, el momento en el que Strache entrase en el Gobierno, sería el mismo en el que empezara a perder votos.  Ya le pasó a Haider.

Cae por su peso que, como le pasó a El Ausente, el ultraderechista caería víctima de sus propias contradicciones. Entre otras, a saber:

-¿Un político eurófobo enfrentándose al hecho incontrovertible de que el sector exportador de Austria (una parte importante del PIB) vive de la libertad de movimiento de personas, bienes y capitales que la Unión representa?

-¿Un político enemigo del euro condenado, por güevos y por mor de su responsabilidad gubernativa, a sostener los bancos europeos ante el acoso de Los Mercados?

-¿Cómo le explicaría Strache a la hija de Le Pen que el Gobierno austriaco tiene que tratar a todos los ciudadanos de la Unión por igual y que no puede hacer distingos entre, pongamos, rumanos y británicos y que, por ejemplo, una seguridad social solo para no-austriacos chocaría frontalmente con los tratados que Austria tiene firmados con la Unión?

La desventaja principal de una unión con Strache (una desventaja muy gorda, también es verdad) sería que, como sucedió en 1999, un matrimonio así supondría un enorme escándalo internacional. Como diría Pedro Almodóvar, una campaná de proporciones bíblicas. Pero los socialistas podrían cantar aquello de Karina, lo de “no somos ni Romeo ni Julieta, ni estamos en la Italia medieval” cambiándolo por “Strache no es Hitler ni Mussolini, ni estamos en los años treinta del siglo pasado”. Habría unas cuantas manifestaciones y tal y cual y, pasados quince días, aquí no habría pasado nada. Strache se vería obligado a tragarse una infinidad de sapos, como queda dicho. Algunos seres que jamás soñaron cosa semejante se verían convertidos en ministros y, en las elecciones de 2019, la ultraderecha volvería a su quince por ciento de siempre a lamerse las heridas.

cartel del FPö en las calles de VienaÓrdago al futuro

La pregunta, en este caso, sería si Strache (que no es tonto) estaría dispuesto a caer en esta trampa ¿Le podrá la ambición? Hagan sus apuestas. Strache tiene hoy en día 44 años (nació el 12 de Junio de 1969). Si no acepta participar en una eventual coalición (está por ver aún que se lo propongan, pero bueno) significará cinco años más de Princesa del Pop. O sea, otra oportunidad perdida de convertirse en Gran Dama de la Canción. Cinco años de Dobermann. Cinco bailes de Burschenschafter. Otra larga travesía del desierto sin hincarle el diente a los presupuestos oficiales.

A cambio, cinco años de desgaste de una eventual nueva coalición entre el partido socialista y el partido popular y, eventualmente, tras ese lustro, unas nuevas elecciones generales que le convertirían en el próximo canciller austriaco. Quizá el primer canciller de esta ideología después de la segunda guerra mundial. Elegido democráticamente, de manera impecable, casi por abandono del contrario.

Así se ve el futuro desde el día de hoy pero está claro que, en cinco años, pueden pasar muchísimas cosas ¿Quién podría saber, por ejemplo, en el otoño de 2003 que, cinco años más tarde, quebraría Lehman Brothers y la economía mundial se iría a la porra?

Entretanto…

Un quiebro imprevisto. Desde el domingo, el partido de Stronach, con su codiciado cinco por ciento (y los diputados correspondientes) está saltando por los aires. Está claro lo que ha sucedido: alguien había convencido al millonario austro-canadiense de que, si invertía la suficiente cantidad de dinero, su participación en el parlamento austriaco no sería minoritaria y que tocaría Poder (Poder, por cierto, en el mundo de Stronach, significa un marco legal favorable para sus empresas y la posibilidad, por ejemplo, de comprar los ferrocarriles austriacos, con la que coqueteó hace un año más o menos). No ha sido así y ahora el viejo (¡Qué ingrata es la literatura con el personaje del viejo burlado!) quiere que le devuelvan su dinero. En concreto, quince millones de eurazos.

Sin Stronach para pagar el guateque, la supervivencia del partido está en entredicho (es una forma suave de decirlo: está sentenciada). De hecho, el Team Stronach puede petar en cualquier momento (incluso, mientras escribo estas líneas). La pregunta es ¿Qué pasará con sus diputados electos? En otras palabras ¿Pueden los ex-Stronach darle a Strache la mayoría que le convertiría en canciller de Austria? Sería una carambola apasionante del destino.

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4 Responses to Matrimonio a la austriaca

  1. Bad Vöslauer dice:

    Esperemos que no acabe como su ilustre ídolo alcoholizado en una carretera de noche….pero es ilustrativo de la sociedad austriaca que ningún partido saque más del 27% de los votos, tengan que negociar coaliciones para poder gobernar o incluso los dos primeros hagan el gran pacto, y aún así no las tengan todas consigo de sacar todas las propuestas adelante en la legislatura Se imaginan un pacto PPPsoe en Hispañistán??. No existe ninguna fuerza que pida la independencia de su provincia, reunificación del Tirol o la anexión de Baviera??. (Modo irónico on).
    Por lo demás muy bien explicado como siempre.

  2. Muchas Felicidades y te agradecemos que mantengas este blog como el primer día. Excelente referente para saberlo todo, como quien dice, de Austria 🙂

  3. Pingback: El curioso caso de la diputada salvaje | Viena Directo

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