Mariano Rajoy, el Kurier y los dos caballeros holandeses

Un hombre mayor echándose una siesta en la playaEXCLUSIVA: Sagaces periodistas austriacos del diario Kurier descubren que el Sr. D. Mariano Rajoy Briz, presidente del Gobierno español, hizo su última afirmación interesante el 14 de Agosto de 1973

14 de Octubre.- Dentro de los periódicos austríacos, el Kurier pasa por ser uno de los más ligeritos. No llega a la ingravidez del Heute y del Österreich, que parecen diseñados para ser consultados por amebas, pero sí que se puede decir que entre el Kurier y sus hermanos mayores, Der Standard y Die Presse, hay una diferencia.

El Kurier está dirigido a una audiencia potencial de clase media, más progresista que la que lee Die Presse (que es un periódico tirando a tieso, conservador, de esos que se refieren aún a todo lo que huela a bits y bytes llamándolo “las nuevas tecnologías”) pero más a la derecha que la que lee Der Standard (que es un periódico pensado para un lector “verde” o sea, de ideario izquierdista pero con un expediente académico tirando a brillante y una posición socio-económica desahogada).

Habrán notado mis lectores (sobre todo los que vivan aquí) que no he mencionado al KronenZeitung- (nada que ver con la novela de Mañas) . Primeramente porque al Kronen Zeitung difícilmente puede llamársele prensa (a pesar de que los ejemplares, como a nadie se le escapa, están impresos y grapados). Pero es que tampoco es cosa de insultar a la prensa de verdad y, después, porque al Kronen Zeitung le pasa como al ABC de Anson cuando se llamaba todavía Ansón, o sea, que no pierde lectores: se le mueren.

El Kurier vale pues para hacer una cata en los temas que le interesan al ciudadano medio, tirando a poco exigente, de este país.

Una entrevista incisiva no, lo siguiente

Hoy, la edición digital del Kurier ha mencionado dos veces a España y a los españoles: en primer lugar, por una entrevista que el presidente del Gobierno español, Sr. D. Mariano Rajoy Brey, le ha concedido a este medio austriaco (véase). Dicho documento, que podría describirse con esa encantadora muletilla que ha hecho fortuna en España diciendo que es “incisivo no, lo siguiente” y que, no me cabe ninguna duda, cambiará la historia del periodismo político tal y como hoy lo conocemos (modo ironía off) fue publicado esta mañana a las seis, hora local.

En ese momento, la imagen sonriente y prognática del mandatario que mandata en España ocupaba un lugar destacado en la portada de la web del Kurier. Cinco horas más tarde, sin duda cuando la redacción ha comprobado el interés que el “impresionante documento” había suscitado entre los lectores del diario, la noticia había sido relegada a lugar más modesto por el expediente de poner la foto y el titular mucho más pequeñitos.

En total, las palabras del presidente (de una intranscendencia tal que sus respuestas, si las tirásemos al agua, flotarían) han producido algo más de una docena de comentarios de los cuales uno por lo menos era de un español (él y yo sabemos de quién se trata, ay malandrín…). El resto de los comentarios procedían de los sospechosos habituales que se tiran al aborígen y hablan de lo que les echen (ya se sabe: el típico votante del FPÖ antieuropeista, troll, cascarrabias y todo lo demás).

Resumiendo: que en Austria, lo que pueda decir Mariano Rajoy (y por extensión, lo que pueda suceder en España) les chupa un pie.

La otra historia por la cual España ha sido traida a colación nos afecta a los españoles de una forma curiosa y explica de qué manera funciona la Unión Europea.

Una bonita pareja

Rajoy y los dos caballeros holandeses

Éranse una vez dos caballeros holandeses que, sintiendo hervir en sus venas la llama del amor y deseando formalizarlo, decidieron casarse. Lo hicieron en Holanda, lugar en el que es legal hacerlo y en el que las parejas del mismo sexo disfrutan muy justamente de los mismos derechos que aquellas en que los contrayentes tienen almejilla y pilila.

Dichos caballeros holandeses decidieron, hace ya tiempo, mudarse a una localidad de la parte montañosa de Austria y abrieron allí una pensión para turistas. Un día, fueron a acometer un trámite burocrático pero les surgió una duda que a una pareja de la variedad más frecuente no se le hubiera planteado: “¿Estaremos casados?” se preguntaron. No: no sufrían Alzheimer. No sabían si su matrimonio, que era perfectamente legal en Holanda, lo sería también en Austria con los mismos efectos.

Para estar seguros, nuestros dos caballeros holandeses se dirigieron a la oficina pública austriaca competente y allí les explicaron que en Austria su matrimonio tenía la misma validez que el de Karina con Domingo Terroba por el rito zulú y que, si querían, podían firmar un “contrato de convivencia” (traduzco un poco a la pata la llana, en alemán se dice Partnerschaft) pero que esta Verpartnerung tenía unas prestaciones que no se podían comparar con las de un matrimonio de verdad. Porque ellos, a ojos del Estado austriaco (y, ay, aún a los de muchos carcas) a pesar de que pagaban sus impuestos, eran unos tipos exóticos. El consabido argumento: “A este paso, la gente va a querer casarse hasta con su perro”. Lo usual entre gente de mente estrecha, vaya.

Nuestros holandeses no se rindieron y pusieron su caso en manos de un letrado, y este puso la demanda correspondiente en el Tribunal Constitucional austriaco, argumentando que la legislación austriaca va contra el principio de reciprocidad de la Unión Europea. Por el cual, si algo es legalmente válido en un país de la Unión, debe  ser válido también en el resto.

Esto, a los españoles, nos afecta de manera singular y es el ejemplo que ha utilizado para defender su tesis el abogado de los señores holandeses.

Portugueses y españoles tenemos un nombre legal diferente del resto de los europeos. Por ejemplo, Mariano Rajoy se llama, además, Brey. Para nosotros, ningún misterio: un apellido por papá y otro por mamá. Este Brey pertenece a su nombre legal en España y así debe figurar en todos los documentos oficiales pero también, por el principio de reciprocidad, sería su nombre legal en Austria si, en el caso de quedarse en paro, quisiera probar a vivir “la aventura austriaca” (qué ronchas me salen cada vez que leo esa expresión, gensanta) y tuviera que solicitar la tarjeta sanitaria austriaca.

Lo que en España es legal, en Austria, en virtud de los tratados que este país tiene firmados con la Unión, debe serlo también, por lo cual la legislación austriaca con respecto al matrimonio homosexual sería discriminatoria en este caso y, por lo mismo, la parte que se refiere a matrimonios igualitarios celebrados en países de la Unión debería derogarse o modificarse.

¿Qué pensará de esto el Tribunal Constitucional?

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2 Responses to Mariano Rajoy, el Kurier y los dos caballeros holandeses

  1. Africa Ruiz Gomez dice:

    Muy interesante la pregunta que planteas!
    Espero que el tribunal constitucional austriaco no tarde demasiados siglos en emitir una respuesta.
    La pelota ardiente la tiene en su tejado!

  2. Marta dice:

    Ay Paco,
    sabes que amebas, son los llamados asexuales… No se yo, si a los austriacos consumidores de dichos panfletos les molaria ser llamados así.

    Marta

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