Robert Capa cumple cien años

exaktaEl autor de la foto más famosa de la guerra civil española era austriaco. Hoy, hubiera cumplido cien años.

22 de Octubre.- Me van a perdonar mis lectores, pero este artículo caía hoy saliera el sol por donde saliera, y es que tal día como este, hace cien años, nació en Budapest uno de esos súbditos del emperador Paco Pepe que marcaron la historia del siglo XX. Un hombre carismático, el padre de todos los reporteros de guerra: el húngaro hoy, austríaco de nacimiento, Robert Capa.

El hijo del sastre

Todos le conocemos por ese nombre, pero el niño que nació en 1913 en una familia de sastres de Budapest y circuncidado después del tiempo preceptivo, como manda el ritual judío, se llamaba en realidad Endre Ernö Friedmann, un nombre mucho menos fotogénico que el seudónimo que adoptó y que nuestro héroe de hoy solo inventó a medias y casi por necesidad. Lo utilizó a partir de 1933 –luego veremos por qué-. En 1931 tuvo que emprender el camino del exilio después de haber pasado un tiempo en la cárcel en su Hungría natal, acusado (con total justicia) de pertenecer a los medios izquierdistas que luchaban contra la cerril prepotencia del filonazi Miklos Horthy.

En orden de busca y captura, se vio obligado a dejar Hungría y, como quiera que entonces Berlín era la capital de Europa –para lo bueno y para lo malo-, allá encaminó sus pasos Robert Capa, para estudiar periodismo.

Le dio el tiempo justo para pisar la facultad y para aprender fotografía (publicó sus primeras en 1932, eran de un discurso de León Trotsky en Copenaghe). En 1933, los nazis toman el poder y Capa, al ser judío y, además, bastante rogelio, tuvo lógicamente que poner pies en polvorosa de nuevo. Primero a Viena pero finalmente a París. Y, en París, se hizo amigo de André Kertész (húngaro como él) y Henri Cartier-Breson (cuando uno escribe estos nombres se tiene siempre la tentación de arrodillarse).

Queremos tanto a Gerda

En París conoce también a la alemana Gerda Taro que sería su novia, su alumna y, si la guerra no se hubiera metido por medio en El Escorial, probablemente la mujer hubiera igualado a sus compañero en destreza y talento. Se puede decir, por cierto, que a ella le corresponde el 50% de la paternidad de “la marca” Robert Capa. Y fue así: hacia mediados de los treinta, en París, para vender mejor sus fotos, Capa y Taro, ambos pícaros consumados, se inventan una personalidad ficticia, un heterónimo, un fotógrafo americano rico que vive en París. Lo llaman Robert Capa. Descubierto el engaño casi al mismo tiempo en que los llamados “nacionales” se sublevan, Gerda Taro, Robert Capa, ahora ya en pleno uso de su nombre y otros fotógrafos deciden viajar a España a cubrir el conflicto.

Capa y Taro cubren los primeros meses de la guerra civil desde el frente republicano. Sus fotografías se publican, sobre todo, en la revista americana Life, y son el cimiento más firme del mito Robert Capa.

No sólo porque Capa, como personaje, es uno de esos seres más grandes que la vida que ningún fabulador se hubiera atrevido a inventar, sino porque Capa, además, tenía todas las características para terminar convirtiéndose en lo que es hoy: el arquetipo del corresponsal de guerra.

Y es de que Capa se puede decir que es lo que Hemingway fue para las letras. Un tipo guapetón, machote, amante de las causas perdidas cuando realmente lo están (esto lo decía Rhett Butler en Lo Que El Viento Se Llevó, pero viene mucho a este caso), con su cigarro colgándole de la comisura de la boca y los ojos, entornados, brillándole bajo unas cejas pobladas, como dos guijarros negros lavados por la corriente. Era además muy culto (leía todos los días por lo menos dos horas, tumbado en la bañera que tuviera más a mano, costumbre que adquirió en su infancia) y no se le daba mal escribir. Y, para coronar la cuestión, vivió en un siglo desgraciadamente lleno de guerras fotogénicas y él parecía tener la suerte de poder sobrevivir a todos los atolladeros (o casi).

Vivir deprisa, morir joven

Gerda Taro no tuvo la misma fortuna. Capa se fue de España en 1937 y dejó a Gerda Taro cubriendo la batalla de Brunete. No se volvieron a ver. Durante la desbandada que siguió a la derrota republicana, un tanque fuera de control arrolló al coche en el que Taro viajaba. Murió en el hospital. Su equipo y sus negativos se perdieron para siempre.

Digamos que, para Robert Capa, la guerra civil fue lo que para el resto del mundo, una especie de ensayo general con todo de la guerra mundial. Nuestro hombre se pasó la contienda fotografiando aquí y allá y, como culminación, le tocó cubrir (y cubrirse de gloria con ello) el desembarco de Normandía. Ironías del destino, las fotos de Robert Capa del desembarco estuvieron a punto de perderse para siempre, con lo cual se hubiera jugado la vida para nada. Debido a un error de laboratorio, solo se salvaron 11 instantáneas 11 de la llamada Operación Neptuno. No se tiene noticia de que Capa matara a ningún técnico de laboratorio, lo cual habla de una templanza ejemplar de carácter.

En 1947, Capa fundó junto con otros gigantes de la fotografía del siglo XX, la agencia Magnum.

Murió en 1954 durante la primera guerra de Indochina. Lo mató una mina antipersonas. Sus últimas palabras fueron “voy a dar una vuelta, avisadme cuando esto vuelve a empezar”.

Tenía 41 años.

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2 Responses to Robert Capa cumple cien años

  1. Sole Soto Vicente dice:

    “Muerte de un miliciano”……la polémica está servida: ¿posado o no posado?. Es la instantánea bélica que sigue suscitando más incógnitas que certidumbres, calificada también como la más impresionante y directa de todos los tiempos.

    En 1975 se difundió el testimonio de un anciano periodista británico, O´Dowwd Gallagher, quien había estado con Capa en España. En una entrevista que le hizo Phillip Knightley, afirmaba que “durante varios días no había habido mucha acción y Capa y otros se quejaron a los oficiales republicanos pues no podían tomar fotos. Al final, un oficial republicano les dijo que movilizaría un destacamento hasta unas trincheras cercanas para que simularan una serie de maniobras con el objeto de que las fotografiaran.

    Lo que no hay que poner en duda es su capacidad tanto profesional como artística y que su trabajo ha sentado las bases de la fotografía de guerra moderna.

  2. Pingback: La tasa Google y el amor al arte | Viena Directo

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