El consul de Mordor

HockeyHoy vamos a hablar de placeres culpables.

25 de Octubre.- queridos lectores: hoy voy a empezar como Carmen Sevilla, contandoos uno de “mis secretillos”. Y es este: por mis posts, puede parecer que la vida del bloguero en Austria es un contínuo jijí jajá, o que uno se pasa la vida planchando (es curioso cómo se reproducen las camisas para planchar en el armario, exponencialmente, sin que uno se dé cuenta) o bien buceando feliz entre gruesos librotes para pergeñar estupendos artículos históricos.

Pues no, no todo es glamour y erudición en mi vida: uno también tiene momentos de esos en los que lo único que le apetece es tirarse en el sofá a ver episodios viejos de Downton Abbey. Supongo que le pasa a todo el mundo (bueno, unos verán Downton Abbey, otros Las Chicas de Oro –que son mano santa para esto-, otros “Ana y los siete”-hay perversiones para todos los gustos-).

Se trata de esos momentos que son como los de Sherlock Holmes cuando no tenía un caso que llevarse a la gorra de dos viseras. Momentos de esos en que necesitas alimento intelectual estimulante y, si no lo tienes, te amuermas.

Y, curiosamente, ese elemento que te hace vibrar de nuevo, que pone tus neuronas a trabajar, suele venir, no sólo de donde menos te lo esperas, sino de sitios que te avergüenzan ligeramente. Es lo que los americanos llaman un guilty pleasure y nosotros, que no lo somos, un placer culpable.

O sea algo que, leider, nuestro cerebro encuentra muy geil.

El político puro, siempre en la brecha

Cuento todo esto para explicar que me he dado cuenta de una cosa: con Heinz Christian Strache, político austriaco que no necesita presentación por su garra, por su garbo y por su saber estar, me pasa lo mismo que con los artículos de cierta escritora tóxica a la que ya aludí en este post: es ver una noticia con ellos de protagonistas y corro como el caballo al agua. Porque sé que, de alguna forma, van a decir algo interesante o que me va a hacer reaccionar. No sé si me explico.

Porque aunque Strache sea el consul de Mordor en Austria, lo cortés no quita lo cabal, y hay que reconocerle que tiene una talla como personaje (literario incluso) que no tienen ni sus oponentes, los cuales son en su mayoría políticos que propenden a provocar el bostezo, ni la mayoría de sus votantes (y me quedo corto).

Como gobernante, probablemente sería desastroso (vamos, sin probablemente: sería desastroso) pero como sparring no tiene precio. Es un político nacido para hacer oposición y perdería toda la gracia si alguna vez llegase a tocar poder. Se desinflaría, porque no sabría ejercerlo.

Eso sí, se mueve como pez en el agua en ese papel de padre que va sentado en el asiento del copiloto de un hijo al que le acabaran de dar el carné de conducir, y se muerde los puños porque piensa que él lo haría mejor. Y se sabe de memoria todas las marrullerías necesarias (y no solo se las sabe, sino que las pone en práctica sin que la ética sea una de sus prioridades principales).

Su madre le parió para ser el velocirraptor en un parque jurásico poblado por diplodocus. Como lo fue Fraga, en su momento, por ejemplo. Esa persona de la que Alfonso Guerra, si no recuerdo mal, dijo que “le cabía el Estado en la cabeza”. Un piropo, si bien se mira, disparado directamente al sur de la línea del cinturón. Puede ser que a Strache el Estado se la refanfinfle bastante, no hay más que verle. Él es un político puro y los políticos de raza, Strache también, son todos una mezcla entre Pepe Isbert (qué gran actor, siempre en su sitio) y un general de Napoleón con la espada y la arenga siempre desenvainadas. Y estos son mis principios y, si no le gustan, pues aquí tengo otros.

Faltan más de seis meses para las próximas elecciones (serán las europeas de mayo del año que viene) y Strache ya se ha sacudido el polvo del último revolcón y se ha lanzado a morder como un pitbull a ver qué bocado arranca. Ayer, dio un discurso, su tradicional “Rede für Österreich”, rodeado de banderas, sobre un atril, como si estuviera dando una conferencia en la Casa Blanca, soltando la palabra “Heimat” (patria) tres veces por minuto. Una especie de demostración de que yes, que he can.

Uno tiene la sensación, de todas maneras, de que, cuanto más se rodea Strache del atrezzo del Gran Estadista, menos posibilidades tiene de conseguir serlo.

Como cantaba Maria Jiménez, “su mundo es otro”.

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Un comentario a El consul de Mordor

  1. Javi dice:

    A mi mas bien me parece, y me recuerda a cualquier cantante/comediante/mago/..artista…presentado por Jose Luis Moreno en «Noche de fiesta»…porque tiene garra, tiene fuerza, tiene estilo!

    ..y en realidad la sensacion que uno tenia cuando lo veia es que lo que tenian tanto el presentador como el presentado era una paciencia infinita para tener que sonreir eternamente mientras ellos mismos se preguntan por que co….s les ha tocado ese papel en el imaginario celtibero…en este caso alpino-oriental.

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