Terror en Viena: especial Halloween

HalloweenViena, la ciudad de la muerte, de los fantasmas, de lo paranormal ¿Te atreves a pasar miedo con nosotros?

31 de Octubre.- Es un hecho conocido en toda Viena: en algunos días señalados del mes de abril, a altas horas de la madrugada se escuchan gritos de terror en el interior de la sala del Burgteather. Empezaron a oirse a finales de los cincuenta del siglo pasado, poco después de la reinauguración del teatro tras la guerra y siguen siempre un patrón parecido.

El misterio de las voces fantasmales

A eso de la medianoche, se oyen unos golpes metálicos insistentes y cada vez más veloces en diferentes partes del recinto. Después, hay una pausa de escalofriante silencio y, por último, se escuchan las voces fantasmales, que se prolongan durante espacio de diez minutos aproximadamente y luego cesan tan súbitamente como empezaron.

Al principio, la dirección del teatro trató de quitarle importancia al asunto e incluso, para tranquilizar a los empleados, se buscó la ayuda de un arquitecto a fin de que diagnosticase posibles fallos en la remodelación (habría que decir mejor reconstrucción) del edificio. El arquitecto, Herr Doktor Alexander Stolte, no pudo sin embargo encontrar ninguna explicación para los horripilantes sonidos que se escuchaban en el presitigioso coliseo de la Ringstrasse. Varias brigadas de trabajadores inspeccionaron cada metro de las tuberías y toda la calefacción del edificio, en busca de posibles burbujas de aire, sin ningún resultado. Se apuntó a alguna corriente subterránea, a algún segmento condenado del alcantarillado, se pensó que los ruidos podían deberse a la dilatación o a la contracción de los materiales de un edificio que, en aquella época, estaba próximo a ser centenario. No se encontró ninguna explicación convincente y los gritos se sigueron escuchando año tras año en las mismas fechas.

La investigación se detuvo en 1967, cuando Herr Stolte apareció muerto en extrañas circunstancias.

Una noche de abril de 1979

El expediente durmió casi una década en los archivos del Burgteather hasta que, en 1979, un director que no tenía conocimiento de él pudo experimentar el fenómeno por sí mismo. Fue durante un ensayo general especialmente largo de una función de Grillpatzer en la que el prestigioso actor Attila Hörbiger representaba uno de los papeles protagonistas. A las once menos diez, justo cuando Hörbiger abordaba uno de los parlamentos más difíciles de la obra, el edificio se vio estremecido por los golpes metálicos esperables, esta vez combinados con sonidos de pasos por los pasillos más altos de la zona de palcos. El director, alemán, consciente del extraño sentido del humor que a veces tienen los vieneses, no paró el ensayo pero Hörbiger sí que se detuvo, pálido, de pie en la boca del escenario. Cuando los golpes y las carreras cesaron, el prestigioso actor se aclaró la garganta e intentó hablar de nuevo pero entonces sobrevinieron los ayes y los lamentos espectrales y, según testigos que allí se encontraban, la temperatura de la sala bajó en cuestión de segundos de manera brutal.

Paula Vessely, esposa de Hörbiger y también actriz, tuvo que recoger del suelo a su marido, el cual se desmayó debido a un ataque de pánico.

La historia del poltergeist del “Burg” corrió de boca en boca por Viena. Varios científicos de la Technisches Universität incluso acudieron al edificio, a título particular, dispuestos a desmontar lo que ellos creían un embuste o un asustaviejas. Sus instrumentos detectaron un fuerte campo magnético, de origen inexplicable, en el palco número diez. Otra zona fuertemente cargada en un punto muy determinado de un cuarto de calderas que, antes de la reconstrucción del teatro, había sido un almacén de atrezo y vestuario. Finalmente, evidencias de lo que, en el lenguaje de los estudiosos de lo paranormal se llama una “columna de frío”. Esto es: una zona, situada casi exactamente en el centro del patio de butacas en donde la temperatura era perceptiblemente más baja que en el resto del espacio.

Andreas Hartweger

Un día de junio de 1981 se presentó en el despacho del director del Burgtheater Andreas Hartweger, un caballero residente en Baden, localidad cercana a Viena. Herr Hartweger era un caballero alto, de unos sesenta años, de nariz hebrea y mirada algo febril pero de maneras pausadas y aún un poco demasiado correctas.

Tras una reunión con el director del Burgtheater, que se llevó a cabo a puerta cerrada por expreso deseo de Hartweger, la dirección técnica del coliseo solicitó la presencia de dos albañiles. Guiados por Hartweger, descendieron hasta el segundo piso del escenario. Hartweger señaló un lugar y los albañiles abrieron un agujero. Debajo de una capa de tierra, encontraron restos humanos. Pertenecían, según averiguaron los forenses, a cinco hombres, tres de ellos no habían cumplido los dieciocho años al morir.

Hartweger, reputado medium, aportó unas cuartillas que había escrito con letra temblorosa durante un trance.

A principios de la primavera de 1945, Baldur von Schirach, Gauleiter de Viena, había ordenado convertir la ciudad en una fortaleza. Cualquier hombre mínimamente útil para el combate fue reclutado . Se trataba de un menesteroso grupo de indivíduos que sabían que su destino más probable era la muerte. Estaba formado por mutilados de guerra, ancianos de más de sesenta años y muchachos de la Juventud de Hitler. La edad límite era dieciséis años pero, si se alistaban voluntariamente, incluso podía haber más jóvenes.

Cuando los rusos rompieron las líneas defensivas y entraron en la ciudad de Viena, un grupo de estos desgraciados, al mando de tres SS, se hizo fuerte en el Burgtheater. Tras un intenso tiroteo, una bala perdida hizo explotar una granada anticarro defectuosa. La sala se incendió y los vetustos palcos se consumieron como una tea en cuestión de minutos. Los ocupantes sucumbieron de manera horrible y, desde entonces, buscan la paz eterna.

Si algún día usted divisa una sombra extraña al doblar el recodo de un corredor o en la famosa galería de retratos, no se asuste. Los espíritus  sufren en su soledad eterna, pero no pueden llevarle con usted.

Después de este especial Halogüén (te da cuén) aquí y aquí, algunas historias terroríficas de Viena (esta vez, auténticas).

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