Cecilia, Giuseppe y Richard: Viena y la música

Staatsoper

Hoy, Viena Directo se llena de música. No podía ser de otra manera en una ciudad como Viena y siendo el día que es hoy.

22 de Novembre.- Según la leyenda, Santa Cecilia fue una noble romana que martirizada en tiempos de Marco Aurelio (en el siglo II de nuestra era aproximadamente) aunque, como sucede con muchas personas de su época, sus biógrafos no se ponen de acuerdo sobre si estaba empadronada en Roma o en Sicilia. La Iglesia, en estas cosas, no se ha distinguido nunca por su exactitud (por la cuenta que le traía).

Tampoco se sabe muy bien por qué, pero la pobre Ceci terminó siendo patrona de los ciegos, lo mismo que Santa Lucía de Siracusa (la que debía conservarnos a todos la vista, cuando éramos pequeños, ahora ya no se sabe). Sin embargo, como todo el mundo sabe, Santa Cecilia es famosa porque es la patrona de los poetas pero, sobre todo, de los músicos.
Suele salir la santa en los cuadros tocando el órgano (instrumento, como todo el mundo sabe, al que Marco Aurelio era muy aficionado, ejem), el laúd (menos anacrónico) y con una corona de rosas ciñéndole las inmaculadas sienes. Porque Cecilia era, como buena mártir, una mujer virtuosa de reputación tan bienoliente como las opulentas flores originarias de oriente medio.

«El wagniversario» y «el Verdiversario»

Por supuesto, en una ciudad tan musical como Viena, no podíamos dejar de referirnos hoy a Santa Cecilia, patrona de los que se ganan la vida dando el cante (y el baile) y señalar su festividad, que es hoy, como se merece.
Los melómanos, en este 2013 que ya, afortunadamente, va tocando a su fin, han estado de enhorabuena. Qué mejor día que hoy para explicar por qué.
Dos grandes tonelajes de la Ópera hubieran cumplido este año 200 años. Dos personas que fueron, en vida, además, rivales profesionales aparte de personalidades de tipos antagónicos. Me estoy refiriendo, naturalmente, a Richard Wagner (con su “Wagniversario”, el alemán nació en 1813) y a Giuseppe Verdi (el bueno de Giuseppino, ese Paul McCartney del siglo XIX).
Creo que no descubro ningún secreto si digo que Richard Wagner, en vida, fue un mal bicho.O, mejor dicho, una persona a la que no se le puso nada por delante a la hora de vivir del cuento y que, a su dudosa catadura moral, opuso siempre la pantalla de su arte. Fue marrullero, pesetero, antisemita que no desperdició ninguna oportunidad de atacar con libelos a sus contemporáneos y rivales profesionales hebreos Felix Mendelsonn y Meyerbeer, amante del lujo, follarín de la pradera y, con la excusa de que era un artista entregado a las musas, y con la complicidad de parte de su parentela, le chupó la sangre a todo el que se le puso a tiro, haciendo que el sablazo entrara en el club de las bellas artes. Principalmente, desplumó al primo de Sissi, Luis de Baviera el cual, según dicen, estaba por los huesos del compositor (y ya se sabe que no hay cosa peor para las finanzas que dejar que la pichulina te dicte las decisiones financieras).

Wagner y Viena

Dos historias relacionadas (aunque indirectamente) con Wagner y Viena. Como diría Angel Garó, la prime: Tanhäuser, la primera ópera íntegra de Richard Wagner se estrenó en el Thaliatheater de Viena. Este coliseo, desaparecido hace mucho tiempo, estuvo al principio de la Thaliastrasse, originalmente muy en el extrarradio de la Viena del siglo XIX. La calle tomó el nombre del teatro, por cierto.

Naturalmente, antisemitismo mas Wagner dan como resultado Adolf Hitler, nuestra segunda historia. A Hitler, era escuchar las óperas de Wagner y se le hacía el chichi pepsicola, esto lo sabemos todos. Durante sus años de residencia en Viena, Hitler, mientras su situación financiera se lo permitió, acudió a la Staatsoper a escuchar las representaciones de las óperas de Wagner, las conocía de memoria. Y luego se reía de su amigo, el pánfilo de Gerhard Kubischek, y le decía:
-Esto es música y no ese Verdi que te gusta a ti.

Don Giuseppe (Verdi)

El rival de Wagner, nacido en Busetto, fue todo lo contrario que el alemán (él se describía a sí mismo como «un campesino del Róncole»). Un trabajador incansable, un comerciante sagaz pero honrado, algo avariento, de vida austera. El hijo de un campesino que utilizaba su astucia a la hora de negociar los contratos para sacarles hasta la última gota de beneficio. Yo siempre digo que las primeras óperas de Verdi, particularmente, son como el Bolero Mix aquel de mi infancia. Parece que el maestro las componía pensando en despiezarlas para vender los trozos y sacarles pasta. Aquí un vals, aquí una cancioncilla, y así.
Podría pensarse que, dado que la música de Verdi fue utilizada como arma de propaganda de primer nivel por los partidarios de la reunificación italiana, el autor de Aida no debía de tener muy buena prensa en Austria (el norte de Italia perteneció hasta la reunificación a los Habsburgo). Sin embargo, los viajes de Verdi a Viena fueron frecuentes. Empezaron en 1843, momento en el que se estrenó en la capital Danubiana Nabucco (fue la primera representación de la ópera fuera de Italia). Casi una década más tarde, en 1852, Giuseppe Verdi vino a Viena a presentar su ópera Rigoletto, cuyo libreto había tenido bru-ta-les problemas con la censura austriaca. En en el original, el noble follarín no era el duque de Mántua, sino un rey (cosa que a los monárquicos austriacos les pareció fatal).  Aida se estreno en la Staatsoper en 1874 y al año siguiente, Verdi volvió a Viena a dirigir su Requiem.
A pesar de los dolores de cabeza que le había dado, el emperador Francisco José no le guardó rencor a Verdi por su notorio nacionalismo italiano. Con ocasión del viaje de 1875, el emperador Paco Pepe le concedió a Verdi la orden que llevaba su nombre, que era una especie de equivalente a la Legión de Honor Francesa. No se sabe que Verdi volviera a Viena en otras ocasiones, pero sus obras se siguieron representando bajo techo y al aire libre, por ejemplo con un montaje de Aida que debió de ser muy Jose-Luis-Moreno (ya saben mis lectores, con garra, con fuerza, con saber estar, con caballos, con flamencas, con esclavos en taparrabos…en fin ya se me entiende), en 1924.

Por cierto, como siempre me gusta terminar dando pistas para planes culturales, diré que, en el Museo Judío de Viena hay una exposición sbre la relación que tuvo la Viena hebrea de su tiempo con Richard Wagner.

Otros que no le guardan rencor (angelicos).

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