Moneyka hace chimpún

PerroTerminamos el relato de una de las carreras de diputada más breves en la historia dle parlamentarismo austriaco. Monika Lindner: la mujer que dejaba hablar al chucho y no le escuchaba.

Una de las cosas que me gustan en Viena Directo es seguir la evolución de un acontecimiento hasta que se acaba. Creo que no está bien empezar a hablar de un tema de actualidad y luego, dejar la cosa a medias. Por eso creo que es justo y necesario (además de nuestro deber y salvación) que terminemos hoy la historia de Monika (alias “Moneyka”) Lindner. Aunque el chimpún de este tema se haya producido hace algunos días y corramos el riesgo de haber perdido un poquito de actualidad.

La poltrona y la mujer moderna

Recordarán mis lectores (y si no, para eso estamos) que Monika Lindner salió elegida diputada por el partido del millonario Stronach en las últimas elecciones (hace algo más de un mes). Monika lleva a sus espaldas un carrerón y, parece ser de esas que piensan que una poltrona pagada con dinero público es el complemento indispensable para la mujer moderna.

Empezó en un centro territorial de la ORF (Niederösterreich, me parece recordar, pero no estoy seguro) y luego saltó a la dirección de la radiotelevisión pública austriaca, cargo que ocupó durante algunos años a principios de este siglo. Durante este tiempo, la ORF dirigida por Monika parece ser que tuvo un trato asíduo con otra empresa, propiedad del compañero sentimental de Monika (qué casualidades tiene esta vida).

Parece ser que Monika entendía la revolución digital como el adjudicar a dedo (o sea, con su dedo propio) contratos publicitarios a la empresa de su novio.

De esto, no se había enterado nadie hasta ahora, por cierto.

Cuando Monika abandonó la ORF, se quedó varios años en su casa hasta que el millonario Stronach, como el representante de Tupperware, llamó a su puerta y, a cambio de un sueldo, le ofreció unirse a su partido y presentarse a las elecciones bajo la marca del obstinado fundador.

Monika evaluó el proyecto y lo debió de juzgar muy factible y atractivo. Debió de pensar ¿Que el jefe habla raro? Qué se le va a hacer ¿Que es viejo y es poco probable que aguante la legislatura entera en activo? Hoy la ciencia hace milagros y si la Viagra mantiene turgentes las cebolletas, qué no harán las vitaminas con este señor que puede pagarse los mejores médicos. Además, ni los jóvenes saben en donde estarán mañana. Y firmó.

Monika y Frank a partir un piñón (con una granada de mano)

Cuando estaban a partir un piñón, Monika habló con Stronach y le prometió que, en el caso de que ella saliera diputoide y surgiera alguna desavenencia entre ellos (es muy poco probable Frank, porque pienso que tú eres el jefe con el que sueña toda exdirectora de la ORF, pero por si acaso) pues eso, que si surgera una desavenencia, ella se retiraría y pondría a disposición de Stronach su escaño. Faltaría más.

Eso se produjo (la desavenencia) y Monika se negó a separarse de su poltrona, que le garantizaba un sueldazo todos los años. Stronach le reclamó el acta de diputada y Monika, donde había dicho Frigorífico, dijo “Fedeguico” (Jiménez Losantos) y se mantuvo en sus trece.

Stronach intentó convencerla (habla chucho que no te escucho), Stronach intentó intimidarla (qué miras, los pedos que te tiras, tu madre los recoge y tú te los comes) y, al final, saltaron a los medios las condiciones irregulares en las que el novio de Monika conseguía sus trabajillos.

La ORF se lanzó a revisar la contabilidad antigua en busca de pruebas del fraude. Monika se defendía como gata panza arriba diciendo que ella quería trabajar por Austria y que el dinero que ganase en el parlamento a ella no le hacía falta y que lo iba a dedicar a obras de caridad. Stronach decía que ya tenía candidata para sustituir a Monika (y además, más mona y más joven, una exmiss alta y delgada como su madre, morena salada)

Total que, hace dos días, Moneyka, harta de que la gente rebuscara en su pasado, renunció a su acta de diputada después de 29 días nada más de haber calentado banquillo.

Naturalmente, como tiene más moral que Don Rodrigo en la Horca (podríamos hacer también la comparación con los cataplines del caballo del Espartero, pero dado que hablamos de una dama, claramente, no procede) Monika, al anunciar que se va a su casa, ha vuelto a hacer protestas de inocencia y ha denunciado una campaña de acoso dirigida contra ella que es tan guapa y tan lista, y que se merece un príncipe y aún un dentista.

¿La creemos?

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