Perdonen las disculpas: hablemos de drogas

BebiendoDrogas ¿Quién no se ha drogado alguna vez? ¿Usted no? ¿Está usted seguro de que no se ha drogado sin saberlo?

11 de Diciembre.- Querida Ainara (*): es increible la velocidad a la que creces. Parece que fue ayer cuando te cogí en brazos por primera vez y me eché a llorar (para cachondeo general, porque la gente ve en esta manía mía de llorar a moco tendido por cualquier cosa una de mis excentricidades más divertidas).

Sin embargo, ya tienes seis años y vas camino de los siete y, antes de que nos demos cuenta, te convertirás en el misterio que encierra todo adolescente.

En esas condiciones, lo natural sería que tuvieras a mano a tu tío Paco, para que hubiera alguien que pudiera disimular el susto que le producen tus confidencias y tratase de guiarte ayudado con ese arma tan útil que es la complicidad, sobre todo cuando se trata de llevar adolescentes por un camino lo menos peligroso posible. Eso sería lo ideal pero, Ainara, no va a poder ser. Vivo demasiado lejos para que se desarrolle entre nosotros esa confianza.

¿Quién ocupará ese lugar que yo voy a dejar vacío? ¿Quién será ese airbag que se interpondrá entre ti ly los sustos que da la vida a los jóvenes que aún se creen inmortales? No lo sé (y me gustaría, no te creas).

Probablemente, una de las cosas de las que hablarás con esa persona y de las que te callarás con el resto será sobre las drogas.

Deseo ardientemente que sea así, porque pienso que, en ese tema, lo mejor es informarte y confiar en haberte inculcado el sentido común suficiente para que no hagas más gilipolleces de las necesarias.

Yo, Ainara, no me he drogado nunca más que con las drogas que la sociedad considera menos malas (el alcohol principalmente, porque no fumo). Supongo que porque me gusta tener las cosas bajo control pero también porque soy un hipocondríaco, y bastante tengo ya con la angustia de pensar que cada lunar que me sale es un cáncer irreparable como para encima tener que andar viendo dragones por los pasillos.

Sin embargo, conozco algunas personas que se han drogado con cierta frecuencia en su juventud y que aún, de vez en cuando, acuden a determinadas sustancias para sortear algún que otro día tonto de esos que todos tenemos. Tengo que confesarte que, al tratar con estas gentes, no puedo evitar que se despierte el puritano que hay en mí, porque pienso que aprovecharse de la química es como hacerle trampas a la vida. Y hacer trampas, en lo que sea, siempre está feo.

Esta tentación de juicio suele durarme un segundo: el que tardo en decirme que yo también, durante mucho tiempo, me he drogado. Aunque las cosas que yo usaba para tomarme “vacaciones de mí mismo”, a la organización mundial de la salud le chupaban un pie.

Ainara, las peores drogas, las más peligrosas, son aquellas que la sociedad aplaude y no ve como tales. Son esas cosas que te ayudan a huir de una vida que no te satisface, pero cuyo uso la sociedad incentiva porque, de alguna forma, ayudan al bienestar general.

Durante mucho tiempo, yo me utilicé el estudio como anestésico, incluso poniendo en riesgo mi salud. Quizá hubiera debido bajar algo mi rendimiento académico y haberme concentrado un poco más en ser un chaval como el resto. Pero, como suele suceder con todas las drogas, el estudio era la salida fácil y tampoco me apetecía (o no valía) para aprender a jugar al fútbol, saberme la alineación del Real Madrid o acordarme de quién había sido rey de la montaña en la Vuelta.

Conozco otra gente cuya droga es ir mucho a misa y taparse los ojos cuando algo se sale del corralito mental en que la Iglesia les mete. Otra gente en cambio se droga creyéndose que se enamora de personas inalcanzables o difíciles. Con los dramas, los pequeños avances, los retrocesos, los menudos incidentes de esos amores, se consuelan de una existencia árida o sin objeto (o que ellos ven así). Hay personas que huyen de sí mismos trabajando para pagar una vida demasiado cara que, al final, no les compensa, o asfixiando a sus hijos a una campana de amor que les roba todo el oxígeno; o encadenándose a padres ancianos porque “si yo no estuviera aquí, quién iba a hacerse cargo de ellos”.

Muchas de estas drogas, llevadas al extremo, son mucho peores que la frasca o la jeringuilla.

Por otro lado, ni mucho menos todos los que toman drogas son adictos pero también es verdad que conviene que se instale esta creencia para que, aquellos más flojos de fuerza de voluntad, no se empiquen, como decía tu bisabuela.

De todas maneras, conviene no aficionarse nunca demasiado a algo y, si uno siente una pasión extrema (ergo insana) por alguna cosa (escribir blogs, por ejemplo) siempre hay que preguntarse si uno controla a la pasión o la pasión le controla a uno, y si la necesidad tiene una causa bastarda o está tapando otra cosa.

Tú ya me entiendes.

Muchos besos de tu tío.

(*)Ainara es la sobrina del autor

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3 Responses to Perdonen las disculpas: hablemos de drogas

  1. Sole Soto Vicente dice:

    Haces bien en preocuparte por tu querida Ainara, Paco. Todos los que leemos tus Post, hemos tenido entre doce y dieciséis años; con esta edad nos encontramos ante una paradoja vital: ¿qué somos en realidad?: somos adultos, niños; ¿cómo debemos comportarnos?, ¿cuál es nuestro papel en la sociedad y hasta qué punto contamos en la misma?. Los cambios a esta edad se suceden muy deprisa.

    Los padres, a esta edad, son seres queridos, pero, la mayoría de las veces no nos hemos sentidos apoyados ni entendidos por ellos. En el instituto, los profesores son vistos como suministradores de información y proveedores de tareas adicionales.

    En este tramo de la vida se reciben mensajes contradictorios: los padres se preocupan por ellos, sin embargo, algunos amigos les incitan a “probar”, pues las sustancias prohibidas no son tan “malas”……; “Ves….yo mismo consumo y no me pasa nada…” (dicen)

    Entonces piensa: ¿qué hago?….si no lo pruebo, tal vez me esté perdiendo algo…..y si lo pruebo ¿cuál?, ¿con quién?, ¿qué cantidad?, ¿cuánto?, ¿cómo?. Las drogas están al alcance de la mano y se reciben mensajes contradictorios.

    Cuando no se tiene información viable, cuando no hay referencias en adultos en los que confiar plenamente, cuando no hay consejeros valiosos, se siente el creciente poder de influencia del grupo, constatan la experiencia de algunos de sus miembros y concluyen que el grupo de iguales tal vez sea el espacio social más adecuado al que acudir para dirimir sus contradicciones internas…….

    Pero no te preocupes, estimado Paco, Ainara tiene la suerte de tener una gran persona que la quiere y que se preocupa mucho por ella. Cuando tu sobrina sea un “bellezón” adolescente, seguro que confiará en su tío Paco, si…ese…..el vienamita…que por muy lejos que esté le escribe esas cosas tan preciosas a su querida sobrina. Es muy afortunada Ainara de tener a una persona tan lejos y que la quiera tanto.

    • Paco Bernal dice:

      Gracias Sole 🙂 Espero que sea así. En esas épocas de la vida es bastante fácil pensar que uno se enfrenta solo y por primera vez a las cosas. Saludetes 🙂

  2. carmelo amat dice:

    Paco:

    Cuanto te echará de menos tu sobrina sin saberlo. Tenerte cerca siempre es reconfortante. Pero la lucha tiene que ser individual y ella la afrontará bien, seguro.
    Me alegro siempre de leer un texto tuyo, amigo.

    Un beso

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