La carta (vienesa) del Rey Baltasar

El rey baltasarMi última carta Ainara levantó una considerable polvareda. Sin embargo, más allá del debate en sí mismo, creo que lo que se enfrentaron fueron dos escuelas de pensamiento. Una, declinante, la otra, cada vez más activa. Ninguna de las dos exentas de peligro.8 de Enero.- Querida Ainara (*): como todos los años, en Diciembre pasado el Rey Baltasar grabó un saludo para ti en el que te decía que Sus Majestades de Oriente estaban contentísimas de tu actuación durante el ejercicio 2013.

Durante los últimos 365 días has hecho todo lo que se le puede pedir a una niña de tu edad y aún un poquito más. Ya lees divinamente, empiezas a tocar el piano con muy buen oído –los Reyes lo saben porque reciben vídeos por Whatsapp con tus progresos-, patinas sobre hielo –toda una proeza viviendo en Madrid- y, lo que es aún más heroico, estás consiguiendo que tu señor padre patine también. En fin: que los Reyes estaban obligados a portarse como, de hecho, se han portado, trayéndote todo tipo de presentes.

Mi última carta del año 2013, como suele decirse , “levantó un considerable revuelo en las redes sociales”.

Para que te hagas una idea los posts normales tienen, a lo sumo, cinco o seis comentarios. Esta última carta superó largamente los cien.

Dos mundos enfrentados

Más allá del debate en sí mismo creo que, en realidad, lo que se enfrentaron fueron dos modelos de pensamiento y de aprehensión de la realidad (disculpa el lenguaje técnico: sé que el Gobierno, en 2013, y debido a la mierda de reforma educativa que les cascó a los pobres alumnos españoles, condenó la filosofía a ser una asignatura de la misma importancia que los “trabajos manuales” de mi infancia pero espero que, en casa, para entonces, hayamos podido compensar la ineficacia gubernamental de alguna forma).

Por una parte, compareció el modelo “antiguo” cuyas raíces están en el concepto medieval de la auctoritas, si bien puesto al día para quitarle el polvo en lo posible. O sea: un modelo en el que el indivíduo funciona basándose en los dictados de una instancia que considera (o que ha aprendido a considerar) moralmente superior.

En este caso, el del aborto, la Iglesia Católica y su enseñanza moral. Pero, en otros, los fundamentalismos que no cesan de surgir en el mundo islámico o en Latinoamérica (y considero al “Chavismo”, por ejemplo, un fundamentalismo más, tan irracional, populista y reaccionario como el religioso en el sentido más tradicional de la palabra).

La delegación en otros de la calibración de la licitud de los propios actos obra un efecto anestésico sobre la mayoría de las personas, las cuales, siempre que hagan lo que la instancia superior dicta, permanecen tranquilas (más tranquilas cuanto más exhaustivo es el sistema de normas al que se sometan).

En otras palabras: se produce una transacción: el indivíduo entrega parte de su libertad de acción y de pensamiento–en ocasiones, como sucede en organizaciones muy invasivas, como las religiosas de carácter fundamentalista o las organizaciones izquierdistas o nacionalistas radicales, gran parte de su libertad- y a cambio, la Organización (cualquiera que sea) le ofrece como premio el descanso de no tener que ocuparse de pensar, aportando una panoplia de eslóganes apropiados para cada caso, llevándoles a los extremos e impidiéndoles tener una opinión moderada sobre las cosas.

El paradigma neuronal

Del otro lado, compareció el modelo “nuevo” que se impone más y más desde que la mayoría de los indivíduos tienen acceso directo a las fuentes de información y, por lo tanto, al estriptís que las instancias antes consideradas “sagradas” empezaron a mediados del siglo XX y que las ha dejado con todas las vergüenzas al aire.

O lo que es lo mismo ¿Cómo creer en una Monarquía en la que las reales personas se entregan a confusos trapicheos en bien de grupos empresariales o de sí mismas? ¿Cómo tomarse en serio a un Vaticano que dice que hay que ser pobre y modesto y, en cambio, tiene participaciones en varios bancos o vive en una opulencia tan indisimulable como inexcusable, llegando incluso a participar en operaciones de blanqueo y evasión de divisas? ¿Por qué unirse a un Ejército que, enmascarado en supuestas “misiones de paz” no solo mata a los presuntamente malos, sino que tortura a los civiles, abusa de los niños y viola a las mujeres?

En otras palabras ¿Qué queda cuando el Poder, que antes era publicitado como ajeno a la grosera realidad del mundo, libre de polvo y paja, se convierte en algo humano, insoportablemente humano?

Pues queda la propia opinión, el propio juicio de cada cual, “el derecho a decidir”.

Paradójicamente, este nuevo paradigma en el que cada uno somos la medida de nuestra propia talla moral es, sin embargo, una de las puertas de entrada al fanatismo.

La falta de criterios sólidos e indiscutibles, la flacidez de una realidad huidiza y crecientemente compleja, provoca en un cierto número de personas un horror vacui que hace que, por contraste, la ferralla de las religiones mal entendidas y de los sistemas políticos aproximadamente totalitarios, con su mundo concentracionario y su seguridad falsa, brillen como clavos ardiendo a los que agarrarse en medio de un tempestuoso presente.

Así las cosas, el futuro del mundo, en esta época de cambios, no parece muy halagüeño. De tu generación depende que la Humanidad siga pudiendo creer en los Reyes Magos.

 (*)Ainara es la sobrina del autor

Articulo publicado en Cartas a Ainara con las etiquetas: , , . Guarda el enlace permanente.

3 Responses to La carta (vienesa) del Rey Baltasar

  1. el herpato dice:

    Plas, plas, plas …

  2. Isabel dice:

    Hola guapo, me sumo al Plas plas plas un beso

  3. Africa Ruiz Gomez dice:

    Siguen los aplausos….

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.