La archiduquesa roja (y 3)

Rudolf Stephanie Una mujer de armas tomar en un mundo convulso. Sólo podía resultar una historia épica.10 de Enero.- Habíamos dejado a la nieta del emperador Francisco José acompañada de un piquete de 100 trabajadores, tratando de conservar a sus hijos. Como decíamos en nuestro último post sobre la llamada “archiduquesa roja, de nada sirvió el recurso que interpuso su primer marido, Windisch- Graetz, para evitar que Gisela se quedase con la custodia de los niños. El juez debió de entender que, con o sin su permiso, los hijos del matrimonio permanecerían con Gisela, así que falló a favor de la princesa.

El mundo de la posguerra mundial

Para nosotros, personas del siglo XXI, quizá sea muy difícil darse cuenta del trauma que supuso el final de la primera guerra mundial para los países vencidos y la manera en que la modernidad entró a saco con estructuras que parecían hechas para durar mil años (y que, en algunos casos, habían durado mil años). Por lo pronto, en 1919, la recién nacida república austríaca abolió los antiguos títulos nobiliarios imperiales. De esta forma, nuestra heroina pasó de ser princesa a ser la Sra. Windisch-Graetz.

La verdad es que no parece que a ella le molestara mucho. Siguiendo quizá la llamada de la genética, la cual había llevado a su padre, Rudolf, a enfrentarse con su abuelo, la antigua archiduquesa se confirmó en el camino de la rebeldía y renegó progresivamente de la aristocracia en la que había nacido. Como a la líder indígena y premio Nobel Rigoberta Menchu, los nuevos tiempos hicieron que a Gisela “le naciera la conciencia” (política, en este caso). En 1921, durante un mítin socialdemócrata conoció al que más tarde sería su marido, el maestro y diputado Leopold Petznek, con el que inició rápidamente una relación amorsa.

Su alteza imperial, la camarada

La archiduquesa Gisela abrió entonces el parque de su palacio, Schloss Schönau a los niños de las barriadas obreras que lo circundaban y sembró una huerta de la que sacaba frutas y verduras que daba a las familias necesitadas. En octubre de 1925 ingresó en el partido socialdemócrata y se convirtió en una participante activa en sus actividades. Divertida contaba que, a veces, las “camaradas” a las que ayudaba con comida o cuidándoles a sus niños, no podían evitar intimidarse por su augusta presencia y llamarla “su alteza imperial”

Dos años más tarde, se produjo uno de esos encuentros inusitados que solo se dan en épocas convulsas. En 1927 Gisela acudió con su hija Stephanie Leonore a un mítin socialista y conoció al que años (y guerras) más tarde, sería el canciller de la República Austriaca, Bruno Kreisky. Fue un flechazo. La antigua archiduquesa, a la que se conocía como “la princesa roja” o “la archiduquesa roja” y el inteligentísimo Kreisky quedaron absolutamente encantados el uno con el otro y sintonizaron políticamente desde el minuto uno. De hecho, se convirtieron en íntimos hasta la muerte de Gisela.

Últimos años

Los tiempos sin embargo estaban para poco. Austria se encontraba cada vez más polarizada y, a la república izquierdista de los momentos posteriores a la primera guerra mundial le siguió el llamado “austrofascismo”. La socialdemocracia fue expulsada del panorama político y condenada a la clandestinidad. Petznek, el compañero de Gisela fue encarcelado por la dictadura católico-filofascista del canciller Dolfuss, cosa que se repetiría en 1944, cuando el pobre hombre fue internado en el campo de concentración de Dachau. No fue hasta el final de la guerra en 1945 cuando Gisela y su amor más duradero pudieron, por fin, contraer matrimonio. Sucedió el 4 de mayo de 1948.

Los últimos años de la pareja fueron más bien melancólicos. Petznek murió en 1956 (fue durante un par de años presidente del Tribunal de Cuentas de la recién nacida segunda república austríaca) y Gisela se fue retirando cada vez más de la vida pública, particularmente desde que un severo reúma la condenó a una silla de ruedas. Murió en 1963 a los 79 años. En su testamento dejó todas sus propiedades a la ciudad de Viena y cuidadosamente reglados todos los pormenores relativos a su entierro y a su sepultura. Dejó encargado expresamente que sería inhumada con modestia junto a sus dos hijos fallecidos antes que ella en el cementerio de Hütteldorf y allí se encuentra (Grupo 2, hueco G72 de ese camposanto).

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3 Responses to La archiduquesa roja (y 3)

  1. Conchi dice:

    Ya tenía ganas de leer el final. Es una historia fabulosa y muy bien expuesta. ¿Cómo no habrán realizado un musical con esta historia? Aprovechando el tirón que tuvo el musical de Sissi, podían continuar ingresando «dinerito» con un buen guión con la historia de la nieta ‘Gisela’.
    Me ha encantado.

    • Paco Bernal dice:

      Tienes toda la razón! Yo creo que es una historia que tiene muy buenos ingredientes para una serie de televisión, una obra de teatro o un musical. Libros ya hay sin embargo bastantes 🙂

  2. Pingback: Austria es...¿Cómo decirlo? Peculiar | Viena Directo

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