Sin pantalones en el metro de Viena

Sin pantalones en el metro de Viena. Foto: Clara I. Y.
Sin pantalones en el metro de Viena. Foto: Clara I. Y.

Una de las cosas que molan de tener un blog como Viena Directo es la posibilidad de hacerse eco de las experiencias de otros. Hoy, contamos qué se siente yendo en ropa interior en el metro vienés.

14 de Enero.- Una de las cosas que molan cuando tienes un blog que lee tanta gente como Viena Directo (¡Gracias! No me cansaré nunca de decirlo) es que se crea una masa crítica de personas que te mandan cosas por si te interesa publicarlas.

Ese ha sido el origen del post de hoy.

Ayer recibí un correo electrónico que se llamaba “la chica que sale en la portada de hoy del Österreich sin pantalones ;)”. Casualmente, ayer no cogí el Österreich (aclaro: uno de los periódicos gratuitos que se distribuyen en esta bonita capital) así que por “chica sin pantalones” no me vino nada. Pero al abrir el correo me enteré de que en Viena también había tenido lugar “The no pants subway ride” o sea, algo así como “El viaje en metro sin pantalones”.

Una española, Clara, a la que luego escucharemos, era la chica sin pantalones del título y había tenido la amabilidad de pensar en mí, por si me apetecía “hacerme eco” del asunto.

Yo, como hago siempre, le pedí información, y he aquí un resumen de lo que ella me mandó.

The no pants subway ride

Según parece, el viaje en metro sin pantalones es una iniciativa de un grupo neoyorquense Improv Everywhere (aquí, su página web) que empezó en el año 2002. Desde entonces, la iniciativa ha ido extendiéndose por diferentes capitales del mundo, hasta llegar, este año también, a Viena.

El propósito de viajar en el metro sin pantalones es realizar una travesura inocente y divertida para combatir la monotonía cotidiana y, en ningún caso, los organizadores tienen intención de escandalizar a nadie (la verdad es que si alguien se escandaliza por ver a un chico en gayumbos o a una chica en bragas, es que es idiota perdido, pero eso es otra cosa).

La convocatoria empezaba en Karlsplatz en la salida de la universidad (Resselpark) a las tres de la tarde y, en las instrucciones, se pedía a los participantes que llevasen una ropa interior adecuada (que les tapara las vergüenzas, deduzco) y una bolsa para meter los pantalones una vez se los hubieran quitado –más que nada porque, hasta que uno llegaba al metro, ayer, hacía un bris que cortaba el pis-. También, para los tímidos, se sugería llevar un libro, para poder abismarse en la lectura y poder aparentar mejor que no pasaba nada.

Las rodillas de Clara

Los vieneses son personas más bien circunspectas (yo, por ejemplo, he visto a personas llamarle la atención a alguna parejita que iba besándose en el metro demasiado ardorosamente) he aquí lo que nos cuenta Clara sobre las reacciones de sus compañeros de viaje y sobre lo que le ha parecido la experiencia:

“A nivel personal y en la práctica fue una experiencia acojonante. Eran todo austriacos excepto un amigo canadiense, un francés y yo. Eramos un grupo de unos 15. Lo mejor eran las caras de las personas, las reacciones. Algunos no se cortaban un pelo en preguntar, otros sonreian, algunos no hacian ni caso y otros ponian cara de sorpresa o de vergüenza ajena. A mi, personalmente, un hombre me preguntó algo sobre si hacia deporte, y me dijo que tenía las piernas muy bonitas, pero de una manera muy respetuosa. Me hizo muchísima gracia.

Lo peor ha sido en tratamiento de la información que ha hecho el Österreich, diciendo algo como «escandalo de la desnudez» y enseñando una foto en la que parece que no llevo nada, cuando yo llevaba unas braguitas totalmente respetuosas. Aunque a mí, sinceramente, lo que diga ese periódico me la suda. Ha sido una experiencia fenomenal y la repetiría sin duda.”

A mí, sin embargo, el párrafo del e-mail de Clara que más me ha conmovido, ha sido este.

“Para mi ha sido algo más que un juego, a nivel personal para mi significa algo mucho más profundo. Alli cada uno iba con las ideas que quería y lo hacía con toda libertad, pero yo sé muy bien porqué lo hice: lo hice como una demostración de que el cuerpo es bueno, bello y no algo por lo que halla que sentirse humillado o avergonzado –el subrayado es mío-. Mis piernas no son nada perfectas, peso unos kilos de más, no me siento una modelo ni tengo ánimo de serlo. Soy feliz con lo que tengo, estoy sana, y eso es lo único que importa. Pero sobre todo hay algo que tengo muy claro: yo vengo de Valencia, un feudo histórico de la derecha española, y he estado sometida mis 25 años de vida alli a una mentalidad de la vergüenza, del qué dirán, del odio al homosexual y a la lesbiana, a que ser diferente está mal. Una de las razones para mí, de emigrar, ha sido la libertad de salir de una sociedad donde cultural e ideológicamente no hay ningún espacio para mi.”

Queda dicho. Quizá, el año que viene, me anime a ir yo en gayumbos por el metro. Me ha picado el gusanillo.

Quien quiera ver un vídeo de Clara y sus amigos, puede hacerlo durante esta semana si pincha aquí

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