¿Qué sucede en el Burgtheater de Viena?

Burgtheater en VienaEn el Burgtheater vienés ha estallado una tormenta que está afectando al prestigio de una institución otrora indiscutible.

17 de Febrero.- En Viena, ciudad en donde la “cultura” tiene desde antiguo el rango de una religión, y en donde ese concepto evanescente es capaz de traspasar la barrera que separa a los exquisitos de la clase que, en el siglo pasado, aún llamábamos “media”, la aristocracia entre los artistas la forman los actores del Burgtheater (el antiguo teatro de la corte).

Es cierto: en la Ópera Estatal, uno puede asistir a espectáculos de una calidad muy alta, pero que entran dentro de los parámetros de lo comercial. El oro del sacrosanto coliseo junto a la Ringstrasse relampaguea con un antiguo fulgor que, anualmente, se desempolva debido a un frívolo frufrú de enaguas y un perfume inequívoco a puticlub de lujo (el baile de la ópera, esa oportunidad a la que acuden lo mismo las damas más encopetadas de la alta sociedad que la gallofa de saldo y esquina que trae Lugner).

En cambio, el Burgtheater es un laboratorio del arte puro, exigente, moderno (en el mejor y en el peor sentido de la palabra).

El Burgtheater: mitos y leyendas

Entre la gente de edad, aún corre el rumor (que no es más que añadir brillo al brillo del que ya de por sí goza la institución) de que en el Burgtheater puede escucharse el mejor alemán que se habla en el ámbito de habla alemana. Según este bonito cuento, los actores del Burg serían los que tendrían la dicción más hermosa, el acento más puro, la erre más erre de todas las erres que en el mundo germánico han sido y serán.

Naturalmente, es un mito.

Su orígen es que, antes de la guerra mundial y de la reconstrucción del teatro, la acústica de la sala era tan rematadamente mala que los actores tenían que forzar mucho la pronunciación para que se les entendiera.Y no debía de ser frecuente eso de hablar y de que todo el mundo supiera lo que estabas diciendo, cuando el ser comprendido daba ocasión de gozar de tanto renombre.

En la Viena de antes de la guerra mundial, como recordaba maese Zweig en “El Mundo de Ayer” los actores del Burgtheater gozaban del prestigio (un prestigio de por vida) que hoy disfrutan los atletas olímpicos o los futbolistas que, al contrario que  Cristiano Ronaldo, no parecen proxenetas con las cejas depiladas.

La gente seguía a los intérpretes, les jaleaba. Si entraban en un café, los camareros doblaban el espinazo hasta el límite de la hernia discal y les invitaban a tarta y a mélange. En noches épicas, el arte de Talía se convertía en una pasión que inflamaba las arterias de los vieneses los cuales, si bien no llevaban a sus actores favoritos a hombros como si hubieran hecho una faena magistral en La Maestranza –el clima, claro, no lo permite- les recompensaban con ovaciones de esas que te hacen creer que has rozado el olimpo con la punta de los dedos.

Mis lectores que no vivan aquí, pueden disfrutar de la huella de muchas de estas criaturas mágicas y semidivinas a través del cine. Por ejemplo, Klaus Maria Brandauer es uno de los actores más prominentes que ha pisado (y pisa) las polvorientas tablas del que pasa por ser la catedral del teatro austriaco y uno de sus templos mundiales.

Una de las condiciones para pertenecer a tan prestigiosa hermandad es el estar dispuesto a andar en bolas por el escenario. Porque en el Burg, tradicionalmente, se ha entendido la modernidad como una magnitud que va en proporción directa con los centímetros cuadrados de piel que uno está dispuesto a mostrarle al respetable. Venga a cuento o no, por cierto. En el Burgtheater he visto yo una Vida es Sueno, de Calderón en donde la mitad de la troupe iba poco menos que como su madre la parió.

En fin.

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Malos tiempos para el verso

En la actualidad corren tiempos convulsos para el Burgtheater. La tormenta empezó en Noviembre pasado cuando se despidió fulminantemente a la que, hasta entonces, había sido la directora comercial de la Institución, Sra. Silvia Stantejsky. Las acusaciones que pesaban contra ella eran gravísimas. Se le reprochaba el haber creado una doble contabilidad en la que, incluso, habían existido trasvases de fondos desde la cuenta del teatro a la cuenta personal de la Sra. Stantejsky. El artisteo nunca ha sido muy riguroso con las facturas, es cierto, pero la directora comercial rechazaba su culpabilidad con argumentos que, en la actualidad, comprueba una prestigiosa auditora.

El despido fulminante, diríase que casi quirúrgico, no le ha gustado a ningún miembro de la compañía del teatro que, desde el principio, ha mostrado su apoyo a la directora despedida. De hecho, el viernes hubo una asamblea de la compañía en la cual, por 83 votos de un total de 116, los trabajadores acordaron interponer una cuestión de confianza y enviarle al Ministro de Cultura austriaco, Ostermayer, una carta en la que pedían transparencia.

Entretanto, el Burgtheater, parte de un holding que agrupa a la Volksoper y a la Staatsoper, está en pérdidas y se discuten diferentes maneras de que salga de los números rojos. Esta situación turbulenta también afecta al aspecto artístico: de momento, una compañía de Budapest, que estaba invitada a actuar en el teatro, ha declinado pasarse por Viena para no verse en medio de unas polémicas que están salpicando al prestigio de la institución.

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Un comentario a ¿Qué sucede en el Burgtheater de Viena?

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