Jordi Évole, ciudadano honorario de Viena

cámaraJordi Évole lo ha vuelto a hacer y este hecho nos sirve como excusa, como siempre, para el análisis.

24 de Febrero.- Como se suele decir en estos casos, utilizando una expresión que, de puro manida, se ha vuelto gilipollesca, Jordi Évole lo ha vuelto a hacer: ha incendiado las redes sociales.

El golpe del 23-F (de 2014)

Esta vez con un falso documental a propósito del intento de golpe de estado del 23 de Febrero de 1981.Por cierto, yo lo he visto antes de escribir esto y es un descojono. Si la gente se lo ha creido es que España está mucho peor de lo que yo pensaba.

Sigo.

Para mis lectores de fuera de España, hago un pequeño resumen: el 23 de febrero de 1981, un militar llamado Antonio Tejero, acompañado de un grupo de guardias civiles, irrumpió en el Congreso de los Diputados de Madrid en medio de la sesión de investidura de Calvo Sotelo, el presidente del Gobierno que sustituiría, una vez normalizado todo, a Adolfo Suárez, primer presidente democrático de España.

El intento, por diferentes razones, fracasó. En gran parte porque a Tejero le cabían pocas ideas debajo del tricornio (y las que le cabían eran bastas y encima estaban revueltas)  y en parte también porque no contó con el apoyo exterior que hubiera necesitado. Sea como fuere, en la madrugada del 24 de Febrero, su Majestad el Rey don Juan Carlos habló a la Nación en un discurso cuyos principales momentos se repiten siempre en la tele española por estas fechas y “salvó” la democracia.

Recomiendo de paso la lectura del libro “Anatomía de un Instante” de Javier Cercas, en el que se trata esto que yo acabo de contar de manera más exhaustiva y se pasa revista a todas las teorías conspiranoicas (muchas de ellas muy locas) relacionadas con el 23-F. La lectura es amena, Cercas un hombre que derrocha sensatez por todos los poros de su cuerpo y el lector se lo pasa muy bien y aprende al mismo tiempo.

zona de descarga

Nosotros también, como Évole, hacemos chascarrillos. No te quedes sin escuchar Zona de Descarga, el podcast del que ya habla toda Viena.

¿Por qué nos gusta tanto Jordi?

Como ese de enseñar divirtiendo es también el objetivo de este blog hoy, con el permiso de mis lectores, me gustaría que todos nos hiciéramos una pregunta. Y dicha pregunta es ¿Por qué gusta tanto Jordi? Tengo que confesar que yo solo he visto a Évole en acción en muy contadas ocasiones pero creo que el secreto de lo que ya podríamos llamar “el estilo Évole”, con todas sus limitaciones, incluso con sus coqueteos con el amarillismo que Jordi Évole sabe dosificar tan sabiamente, tiene mucho en común con otros dos personajes, uno austriaco y otro español. Al español, es probable que Jordi le conozca. Al austriaco no.

A mí, Jordi Évole me recuerda mucho a Lorenzo Milá cuando hacía las noticias de la 2. Era un noticiario en el que se contaba lo que había que contar pero huyendo del “politiqués”. O sea, explicando las cosas sin acudir a toda esa panoplia de tecnicismos y jerga con la que los políticos se empeñan en oscurecer lo que quieren decir. Évole habla y pregunta para que le entienda todo el mundo y, por eso, resulta tan novedoso y tan fresco, porque traduce al lenguaje de la calle cosas que estamos acostumbrados a escuchar en “otra lengua”. Automáticamente, todo lo que Évole pregunta le parece “verdad” a quien lo está viendo (que lo sea es harina de otro costal) porque está preguntado como nosotros mismos se lo preguntaríamos a alguien.

Naturalmente, un sistema así de abordar la realidad tiene una limitación evidente: para que te entienda todo el mundo debes rebajar la profundidad del discurso. Pierdes en matices lo que ganas en onda expansiva, para entendernos.

Un ejemplo perfecto del estilo Évole es la entrevista que Évole le hizo a Artur Mas, presidente de la Generalitat de Cataluña. Claramente, el discurso independentista es hoy más que nunca una manera de retorcer la realidad para que parezca otra cosa que lo que es, una fila de espejos paralelos, una pantalla detrás de otra pantalla y detrás de otra.Sin embargo, en tres minutos, Évole (catalán de nacimiento, por eso también pudo hacerlo) hizo tres preguntas de calado y dejó al presidente de la Generalitat con el porompompero al aire. Y ya no era solo una cuestión política. Se trataba, pura y simplemente, de inteligencia. Cosa de la que, obviamente, Artur Mas carece (antes de que nadie me diga nada: la astucia no entra dentro de mi definición de inteligencia).

Una cosa es pa una cosa y otra cosa es pa otra cosa

La otra persona a la que recuerda el presentador de Salvados es a Armin Wolf –salvando las distancias siderales que existen entre la formación de Armin Wolf, a su lado Evole es un charlatán de pueblo, de aquellos que vendían el peine, la pastilla de jabón y la manta; y el público de Armin Wolf-.

Ambos, Wolf y Evole, venden el periodismo como una función social y venden la figura del periodista como la conciencia de la sociedad. Wolf sin embargo, es el ángel guardián a la puerta del cielo, con la espada llameante en la mano. Separa a buenos y malos y en la mano tiene la ley que rige la ORF, la cual le obliga a dar información imparcial. Évole, y ahí está la diferencia, dice que hace lo mismo, pero no hace lo mismo porque no se atiene a los límites éticos que sujetan al periodista de carrera (no tiene por qué). O mejor dicho: para lo que le conviene es periodista de carrera (ese barniz de seriedad que le da a las preguntas) y cuando le conviene se sitúa en esa zona gris del humorisa, del señor simpático que ayuda a los anunciantes a vender más tambores de detergente. Wolf hace periodismo y Évole, aunque sea de mucha calidad, hace espectáculo. Por eso pudo hacer lo que hizo ayer.

Lo triste es que, en España, la función social del periodismo esté tan por los suelos que lo de Évole parezca plata aunque no lo sea.

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3 Responses to Jordi Évole, ciudadano honorario de Viena

  1. Carlos Guerero dice:

    Brillante artículo que, por otra parte, casi nos reconcilia un pelín con el exceso de amarillismo de la prensa moderna, y nos hace entenderlo mejor ¡Gracias por tus reflexiones!

  2. Pingback: Salidas de emergencia | Viena Directo

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