El sector bancario austriaco y las vecinas en tanga (2/2)

StopEn el siguiente artículo he intentado resumir, lo más didacticamente posible, la crisis del Hypo-Alpe-Adria y las turbulencias en el sector financiero austríaco !Espero que se entienda todo bien!

14 de Marzo.-Ayer, explicábamos cómo funciona un banco y hoy, trataremos de explicar de la manera más didáctica posible –no es fácil- la crisis del Hypo-Alpe-Adria que tiene tan preocupados a los austriacos y que, con toda probabilidad, les llevará a enfrentarse con una realidad que es el pan de cada día para sus vecinos europeos del sur: los llamados “recortes”.

La senda de la descapitalización

En el ejemplo que poníamos ayer,  teníamos una persona que iba a pedir una hipoteca. Un señor de un banco, que le preguntaba por qué tenía que darle el préstamo y unos accionistas que ponían el dinero para que el cliente pudiese comprar su hermosa vivienda.

En la teoría, el mecanismo funciona divinamente y, de hecho, cuando no se meten otros intereses de por medio, el negocio bancario va como un reloj. Pero puede suceder –de hecho sucede a menudo- que el señor que va a pedir la hipoteca le diga al del banco:

-Mire usted, francamente: vengo a pedirle X “minolles” de laureles. Oficialmente, vamos a decir que es para comprarme un piso con vistas a una vecina de veinte años con pechos turgentes pero, en realidad, quiero la pasta para hacer el paripé comprando un piso que tiene vistas a una residencia de ancianas –vale mucho menos- y, con el resto, hacerme una cuenta secreta en Suiza alicatada hasta el techo con billetes de quinientos ¿Qué le parece?

-Y yo –dice, circunspecto, el del banco- ¿Qué gano con eso?

-¡Ay, malandrín! –dice el corrupto- pues está clarinete: de esa parte que yo me voy a llevar a Suiza te daré un pellizquito.

Dicho y hecho. Préstamo concedido.

Bien: si esto se hace una vez –y todos los bancos lo hacen alguna vez – no pasa nada (o sea, los daños son limitados). Ahora bien: si esto se convierte en un sistema, más temprano que tarde el banco se queda como el Hypo Alpe Adria está ahora. Esto es: el banco ha dado dinero por un importe mucho mayor que los bienes que le han dejado en garantía.

A la diferencia entre el valor de los bienes en garantía y las obligaciones que tiene el banco se les llama comunmente “agujeros” y, en lenguaje menos poético, “descapitalización”.

Hypo-Alpe-Adria: susto o muerte (o susto y muerte)

En casos muy jevis –el Hypo Alpe Adria que nos ocupa, por ejemplo- puede suceder que la descapitalización llegue a tal extremo que los ahorradores –usted, yo- quieran sacar cincuenta euros del cajero para irse de francachela sabatina y el cajero les haga una pedorreta. Con el cabreo consiguiente de usted, naturalmente.

Normalmente, la solución, en Austria y en todas partes –pasó en Banesto, pasó en Bankia, pasó con la CAM- es que el Gobierno –o sea, usted, yo- le preste dinero al banco a cambio de que no reincida en sus negocios ruinosos– los cuales, por cierto, en alemán tienen un nombre “preciosismo”:son los “créditos podridos” o “faule Credite”-; este préstamo salvador normalmente se hace por dos vías: en un primer paso, el Gobierno compra una parte de las acciones del banco y esta compra inyecta efectivo en las cajas llenas de telarañas y, en la etapa siguiente, mediante préstamos en dinero. Cuando pasa la tormenta, el Gobierno vende las acciones del banco y recupera los préstamos y aquí no ha pasado nada.

Ahora bien ¿Qué sucede cuando el quebranto financiero del banco es tan brutal como en el caso del Hypo Alpe Adria?

En este caso, el Gobierno austriaco, propietario actual del banco, se enfrenta a varias posibilidades, que son como el chiste aquel (¿Cómo quieres morir, con cianuro, empalado o fusilado?) o sea, a cual peor.

Examinaremos dos.

Primera solución que es la que, curiosamente, preconizan dos tendencias económicas completamente opuestas, aunque por diferentes razones. Esta solución es la de dejar “quebrar” al banco.

O sea, que las personas que tienen su dinero en el banco vayan un día a recogerlo y entonces, tras recordar de pronto que la madre del director del banco ejercía una profesión en la que tenía que llevar las bragas muy límpias, se adhieran a un concurso de acreedores. O sea, en las películas, ese gentío que, enarbolando papeles, se agolpa a la puerta del despacho del director del banco dispuesta a sacarle los higadillos.

Sospechosamente, esta solución gusta, como decía más arriba a lo más extremo de la derecha y a lo más extremo del rojerío.

Por razones contrapuestas, por cierto.

A los neoliberales thatcherianos les pone cachondines aquello de tratar a los bancos como si fueran, para entendernos, iguales que el Burger King de nuestro barrio. O sea ¿Va mal el negocio? Pues muy bien, señora. Echemos la cancela y que los ciudadanos privados (los dueños del banco, los inversores, los ahorradores) se vean en los tribunales. Que el Estado no se meta. Estado, no. Estado, caca.

A los rojales, la solución de la quiebra les mola también porque ven al banquero como un bulto sospechoso con chistera, reloj de leontina y monóculo (como el viejecito que sale en la portada del Monopoly) que le saca dinero al pobre para pagarse una vida de lujo como la de Leonardo di Caprio en El Lobo de Wall Street. Y claro, si el Gobierno ayuda al banco y no deja que quiebre, según ellos también está ayudando indirectamente al viejecito capitalista del Monopoly.

La otra solución es la del Banco Malo, Bad Bank, que ya expliqué aquí.

Las dos soluciones, la quiebra y el Banco Malo, tienen un problema grande: que, a la corta o a la larga, los contribuyentes (o sea, el Estado) tienen que poner pasta

El cianuro ¿Solo o con leche?

Naturalmente, el problema es ¿En cuál de las dos soluciones pone el contribuyente menos dinero? Y también ¿Con cuál de las dos soluciones se acotan más los daños?

El Gobierno austriaco ha dado a conocer hoy que se va a inclinar, como ya parecía previsible, por la solución dos: el banco malo.

¿Qué hubiera sucedido si se hubiese inclinado por dejar quebrar el Hypo-Alpe-Adria y declararlo insolvente, haciendo felices tanto a neoliberales como a los partidarios de “la solución islandesa”?

Amén de los graves daños de la economía del Land austríaco de Carintia –el equivalente a una comunidad autónoma española- en forma de ahorradores que perderían su dinero –personas como usted y como yo-, en la decisión del Gobierno austriaco ha pesado también la influencia que la quiebra del banco hubiera podido tener en la zona de influencia geopolítica austriaca por excelencia: los Balcanes y los países del este de Europa.

Asimismo, la quiebra del banco hubiera podido suponer un terremoto en cuanto a la valoración que las agencias de rating –aquí, confío en que mis lectores sean lo que son- pueden hacer de la República austriaca.

Para terminar, diré que el Estado austriaco va a tener que poner dinero, efectivamente (una montaña de millones de euros) y que de algún sitio lo va a tener que sacar ¿Adivinan mis lectores de dónde?

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