Austria, el país de las casas sin niños

familiaLa oficina austriaca de estadística se ha puesto a estudiar cómo funcionan los aborígenes en lo que respecta a la familia. Esto es lo que han averiguado.

 25 de Marzo.- Uno de los episodios más famosos de los Evangelios, y de los pocos en los que el Nuevo Testamento se ancla (o trata de hacerlo) con la Historia, es una mentirijilla.

El censo que nunca existió

Se trata del famoso censo que, según el Evangelista, provocó que la Virgen –embarazadísima- y su marido, el bueno de San José, emprendiesen un viaje al lugar de nacimiento del hombre con la vida marital más diminuta de la Historia –compensada con el honor tremendo de ser el padre adoptivo del Salvador, eso sí-.

El caliginoso edicto al que se alude en la Escritura no existió nunca y, aunque no hubiera pruebas históricas para confirmarlo, la sola idea se caería de tonta por pura lógica ¿Para qué querría saber ningún gobernante en dónde han nacido sus súbditos? ¿No es más lógico que quisiera saber en dónde vivían, para tenerles controlados en caso de tener que alistarles para alguna guerra o para sacarles los cuartos en impuestos? Por otro lado, en aquel tiempo los viajes se hacían a lomo de cabalgadura o, los que no tenían posibles, a pie; o sea, que ir de un sitio a otro no era como coger el AVE, y llevaba su tiempo ¿Pararía un estadista tan profesional como Augusto su imperio para que sus súbditos se lo cruzaran de cabo a rabo para, como se dice aquí, “meldearse”? Ya digo: un sinsentido.

El supuesto edicto de César Augusto no es sino una necesidad narrativa del Evangelista el cual, para que le cuadrasen las profecías, necesitaba que a la joven María la sorprendiesen los dolores del parto en el villorrio de Belén (Y tú, Belén, no eres la más pequeña entre las hijas de Judá, etcétera, etcétera). De hecho, es muy poco probable que Jesucristo naciera en Belén (o que, por lo menos, su patria chica fuera un dato conocido por eso que ahora se llama “el gran público”). En la Biblia, sus contemporáneos no dejan de llamarle “el nazareno” (nosotros también, porque era de Nazareth). Si hubiera nacido en Belén, hoy en día procesionarían por Sevilla en Semana Santa “los belenitas” con sus capirotes puntiagudos.

En cualquier caso, los Evangelios no son libros de Historia, lo mismo que el Quijote no lo es. Una cosa es pa´una cosa y otra cosa es pa´otra cosa, que dijo el sabio. Cada conjunto de letras tiene su uso.

El censo austriaco

En fin: sin ánimo de servir de coartada a ninguna profecía –o eso esperamos- Statistik Austria se ha lanzado, como hace periódicamente, a ver cómo funcionan los austriacos en asuntos familiares y les ha dado un gran titular a los periodistas, que siempre gustan de lo apocalíptico: en Austria hay cada vez menos hogares con niños (los hogares sin niños son un 40% del total).

Hay que aclarar que, para el centro de estudios austriaco, “familia” es cualquier grupo de personas emparentadas o con una relación que vivan en un espacio común. Por ejemplo, un tío y un sobrino que vivan juntos son familia, lo mismo que una madre que críe a su hijo sola. No son familias a estos efectos las parejas de homosexuales, pero no porque el instituto austriaco haya tenido un arranque de homofobia, sino porque la ley de protección de datos austriaca impide preguntar sobre esas cosas, con lo cual, a estos efectos, dos señores que vivan juntos o dos señoras que compartan nido de amor son invisibles para este frío y peculiar mundo de las matemáticas. En cualquier caso, los estadísticos afirman que la probabilidad de toparse un una pareja de estas características es tan baja (¡!) que el estudio no queda invalidado.

¿Por qué hay cada vez menos hogares con niños en Austria? Las causas son múltiples. En primer lugar, evidentemente, porque la gente tiene cada vez menos niños. En parte porque ya no empiezan a los veintitantos, como mis padres, sino una década más tarde, con lo cual la ventana de oportunidad para echar criaturas al mundo se hace más estrecha.

Por otro lado por el envejecimiento de la población. Como la gente vive más, cada vez hay más personas que, superada la etapa de crianza de infantes, idos que son dichos infantes de su domicilio, disfrutan de una tranquila jubilación poniéndose ciegos de gintonics mientras ven a Andy (Ci)Borg cantar en playback en el Musikantenstadl.

Otra tendencia es a la bajada de los matrimonios. Natural: lo decía yo el otro día: a pesar de ser Austria un país mayoritariamente católico, son pocos los que, en asuntos de moral sexual, siguen las enseñanzas de la Iglesia. La gente piensa que deshacer un matrimonio es más difícil que deshacer una pareja y, como la mayoría piensa que se va a juntar para separarse un día, en los últimos tiempos, las parejas “de hecho” (horroroso nombre, por cierto) se han quintuplicado.

Han experimentado también un incremento los hogares en donde no vive más que una persona. Puestos a vivir solos, son las mujeres las que más se inclinan por esta alternativa –los hombres somos menos independientes, sobre todo llegados a esa edad en que la secreción de testosterona baja y nos quedamos dormidos delante de cualquier telediario-, además, hay más viudas que viudos. Ninguna novedad.

Lo que ya es novedad sin embargo es que, en la zona joven de la escala cada vez hay más personas que deciden no emparejarse.

A este paso, la única manera de que EPR pueda pagarnos las pensiones va a ser con la intervención del Espíritu Santo.

Sí: yo también pienso que esperar la Intervención Divina no es lo más sensato.

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Un comentario a Austria, el país de las casas sin niños

  1. carmelo dice:

    Me he quedado en 33 con la clase de teologia…y eso que no soy católico…

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