En el nombre del padre (y del padre)

Regenbogenparade 2011En la sede central del ÖVP no deben tener el chichi para muchas fiestas. La Sra. Karmasin, ministra de familia, ha decidido acudir al rescate.

30 de Marzo.- En la sede central del Partido Popular austriaco (ÖVP) no deben tener, como suele decirse, el chichi para muchas fiestas. Sus porcentajes en las encuestas de intención de voto están, en este momento, en caida libre. Si las elecciones generales se celebrasen hoy, los que hasta este momento han sido los dos principales partidos austriacos (Socialistas y Populares) alcanzarían solamente un 43 por ciento de los sufragios y necesitarían, como poco, un tercer socio para poder gobernar el país con un mínimo de estabilidad.

Romance de la pena “negra”

Los “negros”, como se les conoce aquí, ven cómo están perdiendo votos a la derecha y a la izquierda, sin que puedan hacer mucho para remediarlo. A la derecha, los votantes del ala más dura se están yendo a la parroquia de Strache (la ultraderecha), en tanto que los votantes procedentes de lo que podríamos llamar “la clase media ilustrada” se están marchando en masa hacia los Neos (que son una especie de verdes de derechas). Por otro lado, hasta el cardenal Schönborn reconoce que Austria es cada vez menos católica –él se consuela, el hombre, diciendo que, si bien los católicos bajan, los demás cristianos suben, en gran parte por la inmigración procedente del este- así que el Partido Popular austriaco también se está quedando sin ese –importante- trozo de su imagen de marca pública. Si a eso le añadimos que los jóvenes perciben al ÖVP como un partido de abuelos y que tienen un líder con el que pasa como con Ismael Serrano –que solo con escucharle, da bajón- pues nada: la tormenta perfecta.

La Sra. Karmasin al rescate

¿Qué hacer? Dos operaciones están en marcha. Por un lado, intentar colocar a Sebastian Kurz en la posición más favorable posible para, como poco dentro de cuatro años, ponerle de cabeza de cartel.

Por otro lado, intentar desprenderse de la imagen casposa (un imagen digamos “Ratzinger”) y ponerse un poco en la órbita de los tiempos que corren (o sea, hacerse un lifting ideológico y colocarse en una línea “moelna”, más Papa Paquirri, como si dijéramos).

¿Y qué hay que dé más marchamo de “moelnidad” que el colectivo gay? Pues aunque Ana Botella aún no se haya enterado, nada. Así pues, el Partido Popular austriaco se ha lanzado a cortejar a este caladero de votos que está ahí, apetitoso, listo para que se le hinque el diente.

El primero, fue el Ministro de Agricultura de EPR (ya informábamos de ello aquí) el cual se posicionó a favor de la igualdad de derechos de las familias gays y el fin de la discriminación de estas personas de cara a la ley. Se montó un pifostio que fue un poco como las peleas en broma de Juanito Valderrama y Dolores Abril –o sea, nadie se creía en serio que hubiese una enorme división en el partido y todo el mundo sabía que era más un paripé que otra cosa-. El Ministro de Agricultura hizo su papel de “poli bueno” y Spindelegger, cabeza del partido, fue el “poli malo” que representaba la voz de los resistentes al cambio.

Se calmó un poco la cosa y estos días atrás ha sido la Ministra de Familia, Sra. Karmasin, que ha dado un paso al frente y ha dicho que es urgente terminar con la discriminación de las parejas gays y trabajar en lo posible hacia el matrimonio igualitario como, por otra parte, es el signo de los tiempos y dictan todas las directivas comunitarias habidas y por haber. Hay que aclarar que Karmasin puede hacer esto porque, a pesar de haber sido nombrada por el Partido Popular es, oficialmente, “independiente”, o sea, que no está afiliada al partido y, por lo tanto, no sufre la presión que tienen otros compañeros suyos por pertenecer a otras “familias”.

En Austria –menos en Viena- las bodas entre personas del mismo sexo se celebran en las oficinas de distrito y no en los juzgados como pasa con las heterosexuales. Tampoco son bodas, sino una especie de “contratos de convivencia” que no dan derecho a casi nada (o a casi nada importante). Por ejemplo, las partes no adquieren ningún derecho de herencia, ni la unión tiene efectos, por ejemplo, en el permiso de residencia en Austria (cosa que sí que pasa con las parejas heteros). Karmasin se ha mostrado de romper algunos tabús e incluso otro más simbólico.

En Austria, los matrimonios tienen un solo apellido común. El marido o la mujer abandonan el suyo y señalizan la unión poniéndose legalmente el nombre de su pareja. Los gays no están autorizados a hacerlo porque, de cara al Estado, no tienen la consideración de ser una familia al no ser lo que contraen un matrimonio.

Karmasin ha anunciado que va a celebrar una mesa redonda con los ministros de Justicia e Interior (ambos “populares”) a la que también estarán invitados representantes del colectivo homosexual, para arbitrar medidas que no solo redunden en beneficio de estas personas que pagan sus impuestos como todo el mundo, sino también en beneficio de los –algo flácidos- porcentajes de intención de voto de los populares.

Por cierto, quien quiera practicar alemán, puede leer la información en este artículo de Der Standard. De nada.

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