Viena, ciudad de los pitotes y las contramanifestaciones

Manifestantes en el orgullo gay vienésPara Sherlock

Viena pasa por ser una ciudad tranquila ¿Always? No, señora. Cuando los vieneses se ponen a manifestarse pueden llegar a ser muy guerreros.

16 de Junio.- La ventaja de tener un amigo científico de alto nivel, es que, cuando uno pasea por la calle con él, uno se siente Watson en compañía de Sherlock Holmes.

El maravilloso mundo de las plantas

Di que este sábado iba yo en el jubiloso cortejo de la Regenbogenparade, haciendo las fotos que mis lectores vieron ayer, cuando de pronto, Sherlock, que iba a mi lado, se paró al lado de unos hierbajos que crecían en la juntura de dos adoquines que conforman el pavimento urbano. Olía intensamente a pis retestinado. Es un olor que no llama la atención cuando se juntan grandes multitudes, incluso en una ciudad tan relímpia como Viena.

Se agachó sin embargo Sherlock, examinó las hojas de la planta inocente, sus dedos expertos palparon el tallo, olió la hierba y, supongo, después de examinar su archivo mental de plantas apestosas, puso cara de Eureka-lo-encontré. Y yo, me le quedé mirando con la misma cara (de pasmao) que Watson.

-Paco –me dijo mi amigo- ¿A qué te huele?

Y yo, francamente, no quise decirle que a chirlas pasadas o a amoníaco, porque uno es un hombre educado. Sin saber mucho que contestarle –ratlos, que dicen aquí- dije:

-Pues me huele raro.

Y Sherlock entonces me dijo:

-Coge un trozo de esa planta –yo le miré, vi que hablaba en serio, me agaché, cogí dos hojas, me las acerqué a la nariz y, efectivamente: olía a pis.

Entonces, mi amigo me dijo un nombre en latín y me explicó no sé qué cosas de unas secreciones  que yo –mis lectores comprenden que no doy más de mí, igualito que Watson- me siento incapaz de repetir.

Esto fue a la altura de Schwarzenbergplatz. Di que unos doscientos metros más adelante, un poco antes de llegar al Café Prückl, de nuevo se detuvo Sherlock y snif snif.

-Joé, qué mal huele –dije yo.

-Pues sí, dijo mi amigo. Yo diría que huele a ácido butírico.

-Anda ya, Sherlock –dije yo con ese aplomo que tenemos a veces los ignorantes y claro, pensando “primero los meaos y ahora esto”- qué va a ser ácido butírico. Esto que huele es caca de la vaca.

Gamberradas, manifestaciones, contramanifestaciones y contracontramanifestaciones

¿Quién tenía razón? Pues está claro: Sherlock.

No lejos de donde nos hallábamos mi amigo y yo, la eurodiputada verde Ulrike Lunacek, que también estaba en el desfile –lástima que se me pasó hacerle fotos- había sido objeto de un ataque. Bueno, una gamberrada, más que nada.

Mientras unos periodistas la estaban entrevistando, un desconocido se acercó y le tiró encima un bote de ácido butírico. No se asusten mis lectores. El ácido butírico, aparte de encontrarse en cantidades industriales en los subsuelos de los alrededores de Stephansplatz –lo utilizaron para estabilizar el firme y que las obras del metro no afectasen a la catedral de Viena- es uno de los productos de la putrefacción y se encuentra en pequeñas cantidades en la mantequilla también –de ahí su nombre-. Salvo el olor a mierda, hablando en plata, es inofensivo.

El gamberro no ha sido detenido (a pesar de que algunos transeúntes, que se dieron cuenta de lo que había hecho, intentaron ponerle a disposición de las autoridades) aunque es presumible que pertenezca al grupo –fundamentalistas cristianas – que se manifiestan todos los años al lado de la Minoriterkirche y recorren el distrito uno reivindicando “la familia” (amárrame esos pavos). Es la contramanifestación del orgullo. Cuatro viejas.

Sin embargo, la contramanifestación también ha tenido este año una contramanifestación (sé que es un poco difícil de seguir, pero con un poco de voluntad, mis lectores acabarán de orientarse perfectamente).

La contra-contra-manifestación la han protagonizado cinco personas (cuatro alemanes de Alemania y una persona de nacionalidad austriaca) las cuales, según la policía vienesa protagonizaron una sentada para intentar detener a los que se manifestaban por “la familia”. Las cinco personas, por cierto, fueron detenidas y llevadas a comisaría acusadas de obstaculizar una manifestación (Störung einer Versammlung). A comisaría fue también llevada una diputada austriaca la cual, viendo cómo la pasma se llevaba a los cinco activistas se identificó y les preguntó a los efectivos del orden qué sucedía –la verdad es que, coñe, si te pones a hacer una contra-contra-manifestación, es un poco triste que sea de cinco coleguis, aunque los de “por la familia” tampoco debían de ser muchos más-. A los policías les chupó un pie –iba a poner la porra, pero tratándose del orgullo gay, mi amigo Sherlock me iba a haber regañado por la metáfora– les chupó un pie, digo, que la señora fuera diputada o el sursum corda y también se la llevaron al cuartelillo. Por brava.

Al que no se llevaron fue a otro “flipaillo” que iba por ahí con los de “la familia” con una bandera fascista y repartiendo propaganda neonazi en la que pedía la anexión de Austria a Alemania. Si es que hay cada uno por ahí…!Ay, Señor, cómo nos pruebas!

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Un comentario a Viena, ciudad de los pitotes y las contramanifestaciones

  1. Pablo dice:

    Te devuelvo la visita. Ya ves que estoy bien. Había leido un titular «eurodiputada lesbiana es atacada con ácido», pero no entré a mirar la noticia porque me sonaba demasiado sensacionalista, más que nada porque no salían fotos de la señora con la cara quemada, y si hubiese tenido quemaduras, seguro que los periodistas no escatimarían en imágenes… Suerte que te tenemos de corresponsal en Viena, que si no…

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