El primer ministro turco la lía en Viena

Chaval turcoMientras los españoles andábamos preocupados con la proclamación del nuevo rey, en Viena tenían la cabeza en otra cosa completamente diferente.

20 de Junio.- Ayer, mientras los españoles andábamos ocupados dilucidando nuestra posición a propósito del nuevo Rey, en Viena andaban con la cabeza en otra cosa. Vamos a ver si lo explico y se me entiende más o menos bien.

La controvertida visita a Viena del primer ministro turco

Ayer vino a Austria el primer ministro turco, Erdogan. Hasta aquí, todo normal. Turquía es uno de los candidatos más firmes a entrar en la Unión Europea. Es un mercado gigantesco y, en estos momentos, igual una locomotora económica lanzada  a velocidad de crucero que una olla hirviente de conflictos políticos, provenientes, sobre todo, de una evolución que podría compararse con la que sufrió España en los años sesenta. Dicho esto ¿Vino el “premier” turco de visita de Estado? No. No vino. Y aquí viene donde la matan, como decía aquel.

Oficialmente, la visita de Erdogan era “privada” y así estaba anunciada. Claro que, visto lo visto, Erdogan debe de tener el mismo concepto de la privacidad que Belén Esteban o, ascendiendo a damas de cuna más alta y cama más baja, Kim Kardashian o Rubi Ruobacuore. O sea, multitudes gritándole (para bien y para mal) y pidiéndole autógrafos.

¿Y por qué vino aquí Erdogan? Pues para hacer campaña electoral. En las próximas elecciones presidenciales turcas, será legal por primera vez que los turcos residentes en el exterior puedan ejercer su derecho al voto. Naturalmente, hay muchos turcos que viven tanto en Austria como en Alemania, y Erdogan vino a convencerles de que, cuando manden su papeleta por correo, piensen en él con mucho amor.

Así pues, durante la visita “privada” el premier Erdogan organizó un mitin en un lugar de Viena capaz para varios miles de personas y allí les dijo,a  esos miles de congregados entre otras cosas que “nadie puede obligarnos a avergonzarnos de nuestra cultura” y les dijo a los que le oían que “eran los nietos del sultán Solimán el Magnífico, el que había estado a punto de conquistar Viena”.

Afirmaciones como estas resultan delicadas porque los turcos, sobre todo las mujeres, tienen notorias dificultades para integrarse en Austria y Erdogan no se ha caracterizado en el pasado por favorecer esa integración, ni en EPR ni en Alemania, en donde, en un estadio abarrotado hasta los topes de una masa vocinglera, conminó a los turcos a presionar para no tener que hablar alemán en el país que les acogía.

Unos disturbios cantados

Tratándose de alguien con un concepto tan “putinesco”, podríamos decir, de la democracia y de la libertad de expresión, la presencia de Erdogan en Viena estaba cantado que iba a causar pitotes. Y, claro, los causó. En las proximidades de donde el primer ministro turco andaba prometiendo a sus paisanos el oro y el moro si le votaban, se concentraron también otros turcos que piensan que Erdogan es un fulano de mala catadura. Los partidarios y los detractores del primer ministro turco empezaron llamándose de todo menos guapos y terminaron, claro está, enzarzándose. Quince detenidos, fuerza pública tratando de disolver a los manifestantes, etcétera etcétera etcétera.

La República Austriaca protesta (todo lo enérgicamente que puede, eso sí)

La visita de Erdogan ha terminado con una reunión entre el premier turco y el ministro de asuntos exteriores de Esta Pequeña República, Herr Sebastian Kurz.

La misión de Kurz era (palabras suyas) “que Erdogán no se volviese a Turquía sin saber que a la República Austriaca no le había gustado ni tanto así ni su visita, ni su cometido, ni el uso peligroso que había hecho del nacionalismo” sobre todo teniendo en cuenta que entre los turcos que viven en Austria hay muchísimos que han nacido aquí y no pisan Turquía más que para irse de vacaciones a pesar de lo cual se sienten más turcos que austríacos.

Es de suponer que Erdogan haya escuchado a Sebastian Kurz muertecico de miedo pero el caso es que no han llegado noticias de ninguna rectificación por parte del premier turco y sí de las enérgicas protestas del Ministro de Exteriores –responsable de “integración” del Gobierno de EPR- del cual se ha dicho que incluso cerró el puñito, dio un golpecito en la mesa y dijo “córcholis, Erdogan”.

La oposición austriaca también ha criticado de manera unánime lo que consideran una pasada de tres pueblos del primer ministro turco –un ser al que, en Europa, en general, no se tiene mucho aprecio-. Las críticas han arreciado desde la ultraderecha –era esperable- pero también Eva Glawischnig, la “lideresa” de los verdes (Die Grünen) ha mostrado su descontento.

Erdogan, una vez ha soltado la bomba, se ha marchado. Parece que todo el revuelo, como sucede con los de su especie, le ha chupado un pie.

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