Reyes y reinas

Una mujer con un paraguas de color arcoirisMañana hará una semana que España tiene nuevos reyes. Don Felipe y su mujer han mantenido esta semana un encuentro que, hace una década, hubiera parecido ciencia ficción.

25 de Junio.- Querida Ainara (*): mañana hará una semana que España tiene nuevos reyes. De momento, lo que más llama la atención es ver escrito lo de “el rey Felipe” (o “el rey don Felipe”) o “la reina Letizia”. La fuerza de la costumbre hace que, lo queramos o no, se dé pábulo a la confusión.

Lee uno “La Reina ha acudido a una exposición” y, durante décimas de segundo, piensa en la señora mayor que antes (¡Ay, qué antes!) salía en las monedas de quinientas pelas. Y da un respingo cuando, al ver “el afoto”, aparece una muchacha joven con el pelo liso y una chaqueta de Hugo Boss.

Fuera de eso, no muchas cosas han cambiado (tampoco se esperaba que cambiaran muchas cosas) y, las que han cambiado, han sido unas para regulín, otras para bien y ha habido un número de cambios que ni han estado ni (me temo) se les espera.

Para regulín: el Rey padre, o sea, este que tenía la costumbre de romperse cosas con cierta frecuencia practicando deportes de riesgo (y no me refiero necesariamente al riesgo que supone, llegado a una edad, perseguir hembras de la propia especie que podrían ser hijas de uno) ha sido objeto de un blindaje legal algo chapucero para que los hijos que, presumiblemente, y siguiendo cierta costumbre familiar, tiene repartidos por el mundo, tengan más dificultades para darle dolores de cabeza (los hijos que sí que son oficialmente suyos ya le producen suficientes neuralgias).

Para bien, incluso para muy bien: los nuevos Reyes se reunieron ayer en El Pardo – mismo lugar en donde, por cierto, se dio a conocer su compromiso matrimonial- con representantes de diferentes organizaciones no gubernamentales.

Entre ellas, con la FELGTB, que es la federación estatal que agrupa a las diferentes federaciones locales de Gays, Lesbianas, Transexuales y Bisexuales españoles.

Según informan los periódicos, sus majestades departieron con los representantes de estos “colectivos” como suele llamárseles, y les manifestaron su simpatía por sus reivindicaciones.

Para los representantes de los gays españoles (pongo solo gays para no dar mucho la chapa, pero están incluidos todos los demás) el ser recibidos por el Jefe del Estado y su señora, sin duda es un hecho histórico, el cual hubiera sido prácticamente ciencia ficción hace tan solo diez años.

Sobre todo porque, dejando aparte lo superficial que siempre tienen estos actos (eso que Rafael Azcona llamaba “pasarle a la gente la mano por el lomo”) se trataba de una ocasión “sachlich” como suelen decir aquí. O sea, oficial y profesional, y no un tema como si, por ejemplo, una señora con barba hubiera ganado Eurovisión y el Rey Felipe y Mariano Rajoy hubieran (corr)ido a hacerse la foto (¿Se hubiera hecho Mariano Rajoy una foto con Conchi? Lo dudo, que cantaban Los Panchos).

Conchita Wurst

Sin embargo, a mí me da la sensación de que los reyes, nuestros señores, haciéndose esta foto, ganaban más que los representantes de los gays.

No quiero decir (líbreme Dios) que los reyes vayan de postureo, pero es indudable que, en este mundo, si uno quiere señalizar de cara al exterior –las narrativas de las que hablábamos el otro día- que uno es “moelno” y cosmopolita, uno de los mejores medios sigue siendo poner un gay en tu vida.

La cosa tiene indudables ventajas. Como dispensador de marchamo de modernidad, el colectivo gay es sumamente agradecido. Ha sido tan maltratado a lo largo de la Historia (y, fuera de Europa, desgraciadamente, lo sigue siendo) que devuelve multiplicadas todas las muestras de afecto que recibe. Además, es un colectivo que goza de una buena imagen pública evidente, con el que casi todo el mundo -¡Hasta el Papa Paquirri, cómo cambian los tiempos!- simpatiza. Con un gran índice de penetración social –gays y lesbianas hay en todas las familias-, y, por si todo esto fuera poco, tiene una gran presencia en los medios de comunicación. En fin, para los Reyes, todo son ventajas.

Desgraciadamente, para los gays y las lesbianas y, sobre todo, para los transexuales, el ser recibidos por los Reyes no va a cambiar demasiado. El Gobierno (que es el que, en definitiva, toma las decisiones importantes para la gente) seguirá sin recibirles –no lo ha hecho aún en lo que llevamos de legislatura, y van tres años- y, por supuesto, sin darse por enterado de sus reivindicaciones. Tendrán los gays españoles que seguir oyendo lo de “si ya os podéis casar ¿Qué c*ño más queréis?”  y el Gobierno seguirá renunciado a crear observatorios contra la homofobia en el sistema educativo (hay ciertas personas que piensan que la sexualidad empieza a los dieciocho) o seguirá considerando a las personas transexuales como seres sospechosos de estar sometidos al más raro de los caprichos.

España es así.

Besos de tu tío,

(*) Ainara es la sobrina del autor

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2 Responses to Reyes y reinas

  1. Lector habitual dice:

    ¿Por qué no “observatorios contra el odio y la discriminación” en lugar de “observatorios contra la homofobia”? ¿No sería más amplio y justo para todas las minorías? Por no mencionar que en España todos estos observatorios de X (introduzca aquí su colectivo) son, lamentablemente, oficinas destinadas casi en exclusiva a la colocación digital de puestos ociosos para aquellos poseedores del carné del partido de la ideología que corresponda a X.

    • Paco Bernal dice:

      Hola lector habitual! Totalmente de acuerdo contigo. En todo. Desgraciadamente, la “colocación digital” es una cosa que se lleva mucho en estas cosas. Si se coordinaran los esfuerzos y se centralizaran en una ventanilla, ganaríamos todos.
      Un saludo! (y gracias por ser lector habitual) 🙂

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