¿Cerrarías este blog? (2/2)

SerpientesCerramos hoy este rápido panorama sobre la libertad de prensa en Austria y en España. Un tema tan viejo que se quiere hacer pasar por nuevo.

7 de Julio.-  Sí: lo sé. Hay títulos que no se pueden poner. A alguien le faltó tiempo para contestar al ¿Cerrarías este blog? Con un “sí, pesao”. Paco, te lo tienes merecido. Pero como ya hemos abierto el melón con este título, cerraremos también con él esta serie sobre la libertad de prensa (¿En serio Podemos y Pablo Iglesias se las dan de “moelnos”, de ser la última Coca-cola del desierto de la democracia y lo hacen sacando a colación nada menos que la censura?).

Recordemos que Podemos-Pablemos aboga por un control “de algunos medios” utilizando como modelo las leyes que se han aprobado en Latinoamérica. Con dos puntos:

-Evitación de la concentración de la propiedad de los medios de comunicación.

-Garantía de “la veracidad” de las noticias (esto lo pongo entre comillas porque, en fin…Hay que ser ingénuos)

Miré los muros de la patria mía

En España, es cierto, la propiedad de los grandes medios de comunicación (en España hablar de medios de comunicación es, casi necesariamente, hablar de televisión) está muy concentrada. En España, es cierto, la tele, de momento, es un oligopolio. En manos de dos grupos, Atresmedia (Antena 3, para entendernos) ,Telecinco (el grupo Prisa, que fue muy potente, se está desmigajando por momentos). En la primera, le accionista de referencia es la Editorial Planeta (notoriamente afín al PP), la segunda, como todo el mundo sabe, es propiedad de Mediaset (Berlusconi).

Durante el año pasado, si no recuerdo mal, los malísimos resultados de las dos cadenas pequeñas (Cuatro, arrastrada por los malos resultados del grupo Prisa) y La Sexta (un proyecto que fue creado, bajo los auspicios del presidente Zapatero con vocación propagandística de cierta idea de la izquierda) obligaron al sector a “reorganizarse”. Las dos grandes cadenas privadas españolas, Antena 3 y Telecinco, a instancias del Gobierno, se vieron obligadas a “comerse” a las dos más pequeñas. Telecinco se quedó con Cuatro –la cual a su vez era una versión descafeinada del Canal + de nuestra infancia- y Antena 3, en una decisión solo extraña a primera vista, se merendó a La Sexta . En el momento en que Antena 3 compró La Sexta, esta cadena se encontraba en quiebra técnica. Es un dato.

A raíz de la compra de la Sexta, la línea editorial de esta cadena no se ha movido un ápice. Por poner un ejemplo, el Gran Wyoming, azote del Gobierno del PP, continúa todas las noches lanzando sus chistes –aunque uno esté de acuerdo con el azote, para este bloguero Wyoming es, lo mismo que Charlie Sheen, un expediente X al que no hay manera de verle la gracia-.

Desde el punto de vista empresarial, la medida es enteramente lógica. La Sexta, desde el punto de vista del nicho de mercado, llega a un público al que ver a Matías Prats le produce ronchas.

Esto lo sabe Pablo Iglesias, naturalmente. No tiene un pelo de tonto.

El panorama audiovisual español, esa familia disfuncional

¿Qué falla en el modelo español? Naturalmente que, al contrario de lo que contábamos ayer de la ORF, no existe en España una televisión pública independiente, solvente y fuerte. Existe Mariló Montero.

Y la pregunta es, claro, por qué. Yo supongo que por una serie de razones combinadas. En primer lugar porque Televisión Española fue, durante mucho tiempo, una organización mastodóntica, sobredimensionada e hiperburocrática a la que iban a parar aquellas personas con las que no se sabía bien qué hacer. En segundo lugar porque Televisión Española (de las autonómicas no voy a hablar, que eso sí que ha sido una vergüenza siempre), desde su creación en el franquismo y salvo escasos y honrosísimos paréntesis –la etapa de Zapatero que eso, por lo menos, sí que lo hizo bien, hay que reconocérselo- era una correa de transmisión de las opiniones del Gobierno de turno, el cual la utilizaba (la sigue utilizando) para “vender” una visión oficial de la realidad.

Y aquí llegamos al segundo postulado “podemil” y es, la garantía de “la veracidad de las noticias”, mediante la creación de comisiones de periodistas que estudien que se informe al público con imparcialidad.

El asunto no es nuevo y, durante el siglo XX, ocupó a los legisladores de la Europa de entreguerras (los cuales, por cierto, no se distinguieron por tener un pedigrí democrático demasiado límpio). Por ejemplo, durante la Segunda República Española existió una “Ley de Defensa de la República” en la que se prohibían las informaciones destinadas a intoxicar a la opinión pública al objeto de “desestabilizar a la República”. La aplicación de esta ley, naturalmente, redujo la libertad informativa en España de manera muy considerable. Se multó, por cierto con razón, a algunos periódicos como el ABC por usar mal de la libertad de prensa, pero fue inevitable –el ser humano es así- que se terminara ensordeciendo aquellas informaciones críticas con la actuación de los gobiernos republicanos.

¿Tendría sentido una ley así en España? ¿En la España actual? La República Española de 1931 (por lo menos en esto) se parecía a la España actual como un huevo a una castaña. Para empezar, era una economía fuertemente  dual que dependía de la agricultura básicamente y en la que el sector servicios y la industria representaban papeles marginales. La clase media era muy reducida (comenzaba a surgir cuando la guerra civil se la cepilló durante otros treinta años). Por otro lado, y en este caso sí, los medios de comunicación tenían una penetración social que no es ni comparable con la de ahora (las personas, en 1931, se informaban sobre todo por la prensa; la radio empezaba entonces su andadura).

Por otro lado, hay otra cuestión que a mí me parece importante y es la siguiente ¿Cómo se informan los españoles? ¿Cómo nos informamos? ¿Acuden, acudimos como antes, a los grandes medios? Mi respuesta es que cada vez menos y la mera existencia de Podemos, un “fenómeno” gestado casi totalmente en internet (con la ayuda inestimable de la televisión) es la prueba. De hecho, la gran mayoría de los niños que tienen un móvil listo ya no ve la tele y se informa por internet. Esos críos serán pronto votantes, así que haga usted cuentas.

¿Peligra la libertad de prensa en España como para imponer un control a los medios? Mi respuesta es, francamente, que no.

Bajo mi punto de vista, en España no falta pluralidad informativa (vamos, ni en ninguna parte menos en Corea la Mala, en China y en Cuba). De hecho, si uno mira su Facebook todos los días, se puede decir que lo que sobra es pluralidad, o sea, cantidad. Este blog es la prueba de que crear un medio es barato, fácil y rápido. El resto es hacerse con una audiencia. Lo que falta, bajo mi punto de vista es calidad. Calidad en los lectores y calidad en los medios. Calidad en los lectores, que le tienen que exigir a los que escriben, a los que escribimos rigor, fundamento, documentación. Y calidad en los que escriben, a los que se tiene que dejar hacer su trabajo, que tienen que tener recursos (económicos, sobre todo) para hacerlos.Verano en Viena

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2 Responses to ¿Cerrarías este blog? (2/2)

  1. Marta dice:

    Como ya sabes sin Viena Directo, mi café matutino no sería lo mismo…

    Abrazos desde Maastricht

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