Mosquito, ya no te quiero

Neusiedler seeUna de las pesadillas recurrentes del verano centroeuropeo son los pequeños vampiros con alas ¿Qué hacer contra ellos? ¿Cómo prevenir sus molestas picaduras? Aquí, algunas ideas.

8 de Julio.- Si nos referimos a ellos de manera neutral, podríamos decir que los mosquitos son insectos de la familia de los dípteros (tienen dos alas, como las simpáticas aunque molestas moscas domésticas) y pertenecen también a la familia de los nematóceros. Su (odiosa) biografía consta de cuatro etapas: huevo, larva, crisálida y adulto; etapas para cuya culminación necesitan de la existencia de agua.

Pican pican los mosquitos

Esa, el agua, es the mother of the lamb para los que vivimos en Viena. Y es que esta ciudad, ya lo decíamos Pedrito y yo en nuestro fantástico podcast semanal, está rodeada de láminas de agua y de zonas húmedas. Es en estas en donde los (putos mosquitos de los cojones) están a sus anchas. Cuando uno está al sol no pasa nada (a los vampiros les molesta la luz del astro rey, es bien sabido) pero cuando uno pasea por “el rizado umbroso de los bosques”, que dijo el poeta, no puede evitar que los mosquitos le chupen la sangre y le dejen a cambio hasta 6/4 partes de veneno. Por cierto, las que pican son las hembras de los mosquitos, cuya boca está modificada en una trompita con la que perforan nuestra piel ¿Y por qué pican? Pues pican porque necesitan la energía que les da nuestra sangre para seguir poniendo huevos, con lo cual, nosotros, víctimas de sus picaduras, colaboramos encima en la perpetuación de su ciclo reproductivo. A esto se le llama dedicarse al sexo de pago y encima poner la cama. En fin.

Con los mosquitos la prevención es la clave

¿Cómo evitarlos? Los mosquitos son pequeños enemigos y, por lo mismo, son difícilmente evitables. En primer lugar, una medida lógica sería no frecuentar aquellos territorios en los que los mosquitos nacen, crecen, se reproducen y fastidian. Pero claro, es que eso en las zonas campestres que rodean esta capital es bastante complicado (y más con el cariño que le tienen los aborígenes al campo, que son más del ídem que las amapolas). Así pues, conviene llevar ropas sueltas y que a uno le cubran el cuerpo.

Los mosquitos, al contrario de lo que dice la creencia popular, no pican a las personas que tienen “la sangre dulce”. Los diabéticos no tienen más probabilidad de ser picados por los mosquitos que otras personas. Lo que en realidad les pone a los chupópteros es nuestro olor corporal y, más concretamente, el aroma que producen las diminutas bacterias de nuestro sudor cuando se descomponen sobre lapiel. Está demostrado que ducharse frecuentemente y hacerlo con jabones antibacterianos reduce –que no evita del todo- las picaduras de los mosquitos. También lo hacen aquellas cosas que les cortocircuitan el sentido del olfato, por ejemplo los aceites aromáticos (están en todos los repelentes) como el aceite de lavanda o la famosa citronella. Los repelentes, por cierto, para funcionar, hay que aplicárselos con frecuencia, porque su olor (ese Eau de Autan que a nosotros nos parece tan apestoso), se camufla muy pronto con el olor propio de nuestra piel, anulando la eficacia del sistema. También funciona –lo probé ayer en Burgenland, paraíso y meca de los mosquitos chupadores- quemar incienso. Al final termina uno un poco colocado, pero mejor eso que estar rascándose todo el santo día.

Si el mosquito te pilla en una habitación, entonces sí que no tienes escapatoria. Los pequeños vampiros localizan a sus víctimas mediante unos pelillos por los cuales detectan hasta las más pequeñas variaciones en el dióxido de carbono en el aire. O sea, que se orientan por nuestra respiración. Y ahí, aunque uno esté quieto, da igual, porque si quiere vivir tiene que seguir respirando, aunque sea poco.

Para aquellos de mis lectores que vivan en el campo o que tengan algún balcón, los científicos recomiendan también reducir los depósitos de agua estancada, por muy pequeños que sean, como por ejemplo los platos de las macetas o barrilles llenos de agua.

Cuando ya no tiene remedio

¿Qué hacer cuando todas las medidas de prevención han fracasado y los mosquitos nos han picado? Sé que lo que voy a decir es difícil de cumplir, pero créanme mis lectores porque habla la voz de la experiencia: LO PEOR ES RASCARSE. O sea que, aunque pique, hay que intentar en lo posible no tocarse la picadura. Cuando uno se rasca, aumenta el aporte sanguíneo a la zona afectada y no consigue más que extender el veneno del mosquito y que te pique más. Ayuda también sujetar hielo (envuelto en un trapo) contra la picadura. Yo no he probado unos chismecillos que dan un golpe intenso de calor momentáneo que rompe la estructura molecular del veneno. En casos de reacciones alérgicas extremas, lo mejor es ir al médico y que le recete a uno una pomada con cortisona.

 

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