Cosas de veintegenarios

La cruz de hierroMaximilian Krauss, de viente años, político del FPÖ, ocupará próximamente un puesto en el máximo órgano de la educación de Viena. El niño, como verán mis lectores, es una joya.

22 de Julio.- La vida humana es un misterio y uno, conforme pasan los años, la ve cada vez más misteriosa. Parece que nuestra existencia se desarrolla en dilemas, muchos de ellos de difícil solución.

Uno de esos dilemas es qué hacer con los jóvenes. Me explico: por un lado, es una verdad incontrovertible que, cuando uno tiene veinte años, lo tiene todo demasiado claro. Es una prerrogativa de la juventud, ahora y en todas las épocas, suponer, primero, la propia inmortalidad y, por lo tanto, afrontar riesgos totalmente fuera de lo razonable y, por otro lado, pensar que se tiene la razón en todo, que se conoce el mundo mejor que sus mayores y que la creación, por utilizar un símil bíblico, está ahí nada más que para que la persona joven haga uso de ella como más le guste.

Conforme pasa el tiempo, en las personas inteligentes esto va cambiando. Empiezas a darte cuenta de que las cosas, por lo general, ni son blancas ni son negras y te das cuenta también de que solo los bobos se sienten en la necesidad de actuar como si fueran así. Entre las dos posiciones opuestas que la opinión nos ofrece sobre un determinado tema, lo razonable es pensar que existe un inabarcable espectro de grises. Cuando, a pesar de todo, pasan los años de una vida, y la persona sigue viéndolo todo blanco o negro, resulta obvio que nos encontramos a)frente a un fanático o b)frente a un imbécil (si es que las dos cosas no son las dos caras de un mismo fenómeno).

Naturalmente, la existencia de estas que podríamos llamar “fronteras de la vida”, las cuales nos sacan de la comodidad de las verdades absolutas, plantea otro problema.

Es obvio que, para que una sociedad funcione, deben los jóvenes participar en ella, y dar sus ideas, porque la juventud tiene una valentía (provocada, en la mayoría de los casos, por la sana ignorancia del miedo y por la no menos sana ignorancia del ridículo) que a las personas que ya vamos perdiendo pelo y acumulando grasa abdominal se nos acaba ¿Qué hacer, pues, con los jóvenes? Si hacemos como el ex presidente español, Don Jose Luís Rodríguez, y nombramos a personas jóvenes para cargos muy superiores a la experiencia que tienen acumulada, corremos el peligro de levantarnos húmedos, como todo el que con niños se acuesta. Si, por otro lado, vamos dejando a los jóvenes agilipollados para más tarde, en la esperanza de que algún día se “desagilipollarán”, nos enfrentamos al problema de que esas personas no hayan adquirido la necesaria experiencia para enfrentarse a tareas más complejas cuando llegue la hora del relevo.

Todas estas reflexiones me las planteaba yo al leer la noticia de que un crío (aunque tenga su correspondiente mata de vello púbico) llamado Maximilian Krauss (20 años, nació ¡En 1994!) va a ser diputado del máximo órgano de educación de la ciudad de Viena, por el FPÖ (la ultraderecha).

Maximilian Krauss se presentó en las elecciones pasadas al parlamento austriaco y concurrió en el puesto decimoprimero de la lista del FPÖ. No solo pertenece a la organización de corte ultraconservador Aldania (es uno de los llamados “Burschenschafter”) sino que, en las declaraciones públicas que ha hecho ha demostrado que tiene una empanada mental que solo puede ser consecuencia de que tiene veinte años y, por razones meramente físicas, no ha tenido tiempo de que le pase nada en la vida que tenga suficiente importancia (lo cual, sin duda nos plantea otra pregunta ¿Qué clase de persona de veinte años puede llegar a diputado? ¿No estaría mejor haciendo lo que hacen las personas de su edad, o sea, emborrachándose y yendo detrás de las chatis? Por otro lado, teniendo en cuenta que a los veinte años no se tiene ningún título académico decente ¿Qué c*ño cualificaciones –con perdón- tiene este chico para ser político?).

Krauss, que ha sido definido por su jefe como la gran esperanza de su partido (guárdame unas crías), es partidario de que se separe a los niños emigrantes en clases solo para ellos, y se ha mostrado partidario de mandar a “extranjeros con sangre turca” (sic) de vuelta a su casa. Estas y otras lindezas (lo dicho, verdades absolutas de las que solo se pueden soltar cuando se tienen veinte años y todo un caudal de tontás que gastar) las ha dicho este muchacho en sendas entrevistas cuya lectura pone los pelos de gallina y que demuestran la vieja verdad del primum vivere deinde philosophare. Próximamente, este veintegenario contará con poder de decisión y un despacho pagado con dinero público. Dios nos coja confesados.

Para leer más sobre las opiniones de este «mushasho», pínchese el link.

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2 Responses to Cosas de veintegenarios

  1. arg_vd dice:

    Entre no dar un puesto de trabajo a un joven por falta de experiencia y darle uno de alta responsabilidad, deberia haber «grises». Y como bien dices, hacen falta ciertas vivencias (no solo, y no necesariamente, el paso del tiempo, cual lagartos tomando el sol) para desarrollar una filosofia, sin la cual es imposible gobernar un pais, ya que las decisiones que toma el gobierno tienen impacto en el largo plazo mas que en el corto. Ese es el sentido original de los senadores, no solo estar aforados para librarse de la justicia ordinaria, sino proporcionar una vision a largo plazo, de persona experimentada, con derecho de veto sobre decisiones alocadas.

  2. Pingback: Los extranjeros hablamos mal (y, aunque sea sexy, no tiene arreglo) | Viena Directo

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