Pizzeria Anarchia: cuando los antisistemas son cómplices de la especulación

PunkHoy, en Viena, ha tenido lugar el desalojo de la casa ocupada Pizzeria Anarchia. Su historia (la de la casa y la del desalojo) ha ofrecido no pocos ribetes esperpénticos.

28 de Julio.- En el distrito número dos, cerca del Prater, existía hasta hoy lo que en Madrid se llama “Casa Okupa” (no sé en otros lugares). Esto es: una propiedad que personas radicales de izquierdas “ocupan” como manera de protestar por la carestía de la vivienda y lo mal repartido que está el mundo. Frecuentemente, estas propiedades ocupadas albergan proyectos autogestionados que enseñan lo bonito que sería el mundo si el cochino dinero no estuviera por medio siempre emponzoñándolo todo. O, por lo menos, si no lo enseñan, los “okupantes” están convencidos de que así es, que para el caso es lo mismo.

La casa en cuestión había adoptado el nombre de Pizzeria Anarchia (no hace falta traducir, supongo).

Un desalojo trabajoso

Hoy por la mañana, la policía vienesa ha empezado con el trabajoso desalojo de los okupantes de la pizzeria. Un despliegue de funcionarios del orden que en estos lares no se ve frecuentemente. Según parece, 1600 efectivos de la pasma, con tanquetas y abundante material antidisturbios han participado en el desalojo; según algunas fuentes, radicales de izquierdas procedentes de Alemania habrían viajado hasta Viena para asesorar a sus compañeros austriacos. Si así ha sido, la verdad es que se les ha visto poco, pero bueno.

La toma de la casa ha durado casi doce horas y, terminada la operación, parece ser que ha habido diecinueve detenciones.

Los antisistemas como cómplices involuntarios de la especulación

La historia de la Pizzeria Anarquía es digna de una película de Frank Capra -¿Se acuerda alguien más que yo de este director de los años treinta, cuya obra podría llevar el subtítulo “to er mundo é güeno”?- .

La cosa empezó de la forma siguiente: la casa en donde estaba la Pizzeria Anarchia era propiedad de una empresa inmobiliaria. Hasta aquí, todo normal. La casa fue construida en el siglo XIX, durante el boom urbanístico que convirtió la arquitectura vienesa en la meca del estilo “nata montada” que es hoy. Estas inmobiliarias, lo que hacen normalmente es comprar las antiguas casas de vecindad, las renuevan y luego las alquilan mucho más caras. En contra de la especulación, existen naturalmente leyes que protegen a los inquilinos. El propietario del inmueble convenció a todos los antiguos para que se fueran, menos a una señora que se acogió a su derecho de seguir con un alquiler de renta antigua ¿Qué hizo el especulador? Pues se fue a un parque y reclutó a una pandilla de punkies  para que se trasladaran a vivir gratis a la casa en donde, sola después de haberse ido todos sus antiguos vecinos, vivía la anciana.  El especulador tenía la esperanza de que, asustada por los punkies (que no tienen fama de ser buenos vecinos) la señora se iría. Tras esto, él llamaría a la policía y diría:

-Unos señores guarros e indeseables han ocupado mi casa ¡Fuera con ellos!

Una vez los punkies fueran expulsados, llegarían los albañiles, lo picarían todo, lo dejarían todo bonito y luego él solo tendría que poner el cazo y cobrar los laureles.

¿Qué sucedió en cambio? Lejos de amilanarse por los punkarrillas, la señora se hizo amiga de ellos –les cocinó galletas y ellos, a cambio, le darían cigarros de la risa y cosas así-. El plan del especulador había fracasado, claro.

La cobertura del asunto en los medios de comunicación austriacos ha sido profusa. La diferencia la marcado un pito, por cierto. Uno de los ocupantes de la casa, cuando ha visto una tanqueta de la policía, se ha sacado el carnet de padre y ha orinado sobre las fuerzas del orden. En la ORF han enseñado la escena sin pixelar, en las cadenas privadas le han pixelado al tipo el pito. La dictadura de lo políticamente correcto, o sea.

La operación ha costado probablemente varios cientos de miles de euros ¿Quién debería pagarlos? ¿El contribuyente o el especulador? Ahí dejo la pregunta.

 

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