Shitstorm (con perdón)

autorretratoEl oficio de periodista mola pero, quién lo duda, también tiene sus riesgos. Que se lo digan si no a Lisa Gädenstätter.

1 de Agosto.- Jugar a periodistas mola, pero también tiene sus caras malas, como sucede cuando uno informa sobre algún conflicto a propósito del cual existen posiciones contrapuestas y muy extremas.

En lo que podríamos llamar “la otra vida” de Viena Directo, o sea, Facebook, ha sucedido estos días un caso así. No ha llovido a gusto de todos.

El periodista pone la cara para que se la partan

Cuando informé sobre el desalojo de la llamada Pizzeria Anarchia, decidí, deliberadamente, darle al post un tono ligero –a pesar de que, como es obvio, semejante aglomeración de policías difícilmente puede pasar por un grupo de coleguis que se van por ahí a tomarse unos gintonics-.

Como siempre hago, antes de publicar el post, lo releí y procuré que fuera no solo amable, sino también lo más imparcial posible. Sin embargo, en Facebook, no se pudo evitar que los sentimientos salieran a relucir.

Por ejemplo, una lectora me acusó de haber rebajado la importancia del suceso hasta dejarlo en algo “anecdótico”.

Me defiendo, aunque  cae por su peso lo que voy a decir: creo sinceramente que, en dos años –a muchísimo tirar- nadie se acordará de la Pizzería en cuestión –probablemente, porque habrá otras que la sucedan- . Es lo que tiene tener ya dos o tres mil posts a tus espaldas (en concreto 2.718), que ves la vida con otra perspectiva.

Por otro lado, se puede decir que vivimos en la civilización de lo anecdótico y en la que lo “anecdótico” ha perdido toda la carga peyorativa que podía tener hace, por ejemplo, treinta años. De la abdicación del Borbón al último ataque de cuernos del dictador coreano, de los millones  en Suiza de cualquier político al chichi entrevisto de cualquier “zorrotonadillera” o “putobailarina”. El impacto de todas las noticias es corto, efímero y, como vivimos bombardeados por un constante chorro de acontecimientos que compiten por nuestra atención, superficial.

La vida es «asín» de cruel, qué vamos a hacerle.

Después de esto, se manifestó una persona implicada directamente en los acontecimientos la cual había vivido, con un romanticismo digno del mayor de los encomios, la trayectoria del “centro ocupado” y que, como tal, era incapaz de apreciar objetivamente (por lo menos de momento), todos los lados del problema.

El periodista, en este caso (está cantado) pone la cara para que se la dejen como un mapa porque, si informa con imparcialidad, le lloverán las leches de todos lados.

Los partidarios de los punks, okupas o profetas de un mundo mejor, le acusarán de ser un vendido a los billetes verdes -¡Que más quisiera yo, señora! Que me llovieran los billetes verdes y aún los morados, bitte sehr, pero ni por esas-; los que son partidarios de la propiedad privada “a la antigua ultranza” (que decía una célebre presentadora de televisión) le dirán que es un izquierdoso y que, si tan malo le parece todo, que se vaya a Cuba con el jovencito Raúl Castro.

Los seres humanos estamos hechos así. Cuando un tema nos importa, le exigimos a los demás (a veces de muy malos modos) que tomen partido a nuestro favor y, para según qué cosas, hasta el más pacífico de los hombres se transforma en un Vito Corleone.

Llueve una “shitstorm” sobre Lisa Gadenstätter

Si no, que se lo digan a la presentadora de la ORF Lisa Gadenstätter, en principio un encanto de señora a la que, el otro día, le tocó la china de moderar un debate sobre los funestos ataques que los israelíes están lanzando sobre la población musulmana de Palestina y, más concretamente, sobre sus efectos en Austria: la convocatoria de manifestaciones para defender la causa de los palestinos, el acongoje de algunos hebreos que viven en estas tierras y que no se atreven a mostrar por la calle que pertenecen a una de las tres religiones del libro y los ataques que, musulmanes exaltados y, por suerte, muy minoritarios, han protagonizado contra israelíes de visita por estos lares (por ejemplo, en un partido de fútbol hace dos semanas).

Se sentaban a la mesa, además de la mencionada Frau Gadenstäter, un señor turco, musulmán, representante de la Unión de Turcos Demócratas, la cual había convocado la manifestación propalestina y, del otro lado, una persona que defendía la causa israelí.

El musulmán, como es lógico, cargaba las tintas con la perfidia de los nietos de Golda Meir hacia los habitantes de la franja de Gaza –tratando de pasar por alto, naturalmente, las dudosas credenciales terroristas de Hamas– y el israelí defendía que despanzurrar criaturas utilizando última tecnología militar y siguiendo los dudosos fines del ala más intransigente de la población de Israel es (¡Quién lo duda!) un acto de legítima defensa. Trataba Gadenstäter, con más dificultades que otra cosa, de intentar que aquellos dos hablaran civilizadamente, salió en la conversación Erdogan, primer ministro turco, salió el nazismo a colación de los judíos, leyó Gedenstätter unas declaraciones de Erdogan en las que dejaba a los del Partido Nacionalsocialista como unos mocosetes que habían hecho travesuras, se enfadó el musulmán porque le sacaran aquel trapo sucio y le mentaran el antisemitismo de algunos de los lemas de la manifestación y, en la mejor tradición del Sálvame, indignado, abandonó el plató.

(Por cierto, como me decía un amigo hoy, resulta curioso un hecho: ¿Por qué no hay un término de uso común para calificar a los que están en contra de la política israelí y se acude siempre al “antisemitismo”? Muchos israelíes, particularmente los políticos, califican como “antisemitas” las críticas ejercidas hacia decisiones que poco tienen que ver con la religión judía y los medios “gentiles” también utilizan el término “antisemita” para descalificar manifestaciones que, por lo menos en principio, no van dirigidas a descalificar a los hijos de Abraham así en general).

En fin.

A partir del debate, la vida de Gedenstäter ha sido un calvario. Insultos, amenazas de muerte y demás, por Twitter, Facebook, mar y aire. Si los israelíes se defienden de las críticas a la barbaridad que están cometiendo, como decía más arriba, llamando “antisemitas” a los críticos, los musulmanes llaman islamófobos a los que critican a su bando, y los amenazan con la justicia inexorable de Alá.

Por suerte, no todo está perdido y un grupo muy amplio de personas, entre las que se encuentra el jefe de Gedenstätter, Armin Wolf, han expresado su repulsa a los ataques que ha sufrido la periodista.

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Un comentario a Shitstorm (con perdón)

  1. Uno que comparte vocación dice:

    Esta historia ya apesta demasiado, siempre es el mismo libreto: un gobernante israelí que necesita remontar las encuestas, unos cuantos que mueren (siempre palestinos y que podría denominar «los que pasaban por allí»[ de hecho en las guerras los que más mueren son…«los que pasaban por allí»]), la mojigatería de la UE y el no querer comprender que el haber sido víctima no te otorga el derecho a ser verdugo. En fin, más de lo mismo: ¡toda mi puta vida con esos dos matándose! Lo cierto es que aburre, es más cansino que oír (escuchar se me antoja imposible) un discurso de Rajoy a dúo con Gallardón. Alles Walzer und viel Vergnügen!

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