En Viena hay un país: la República de Kugelmugel

EsferaY, además, está en guerra con Austria ¿Quieres saber por qué?

9 de Agosto.- En Viena, todo el mundo lo sabe pero en la capital de Austria, concretamente en el parque de atracciones (el Prater) hay un “minipaís” de unos cien metros cuadrados de extensión. Está cerca de la gran noria del Prater, famosa porque sale en “El Tercer Hombre” (una película que siempre conviene revisar) y se llama República de Kugelmugel. Lo de Kugel viene porque el rasgo más prominente del pequeño país es una bola de madera de unos ocho metros de diámetro. En las “fronteras” de la República de Kugelmugel hay unos paneles informativos en los que se habla del “Gran Jefe de la Revolución” Lipburger y se informa de la corrupción y los escándalos que, según el sistema informativo de Kugelmugel, reinan en Viena. Al principio, se hablaba de los tiras y aflojas que el único habitante del minipaís tenía con Helmut Zilk, pero ahora también se habla de los tiras y aflojas que, en general, tiene el actual alcalde de Viena, el facundo entomólogo Sr. Häupl. Alrededor de la República de Kugelmugel, hay incluso una alambrada .

¿Y esto? Dirán mis lectores. Pues la República de Kugelmugel fue creada por el artista Edwin Lipburger, nacido en 1928 en Vorarlberg. En los setenta, Lipburger construyó su primera pelota habitable, esta vez en un pueblo de Baja Austria, Katzeldorf, porque desde siempre le habían fascinado las casas esféricas. Sin embargo, para los funcionarios, la esfera habitable de Lipburger no era una obra de arte, sino una construcción y claro, al carecer de los permisos correspondientes, se la prohibieron.

En aquellos momentos, era concejal de cultura de Esta Bonita Ciudad el doctor Helmut Zilk, el cual no solo era un señor con mucho carácter –había que tenerlo para casarse con Dagmar Koller, que no anda precisamente falta de él- y, además, con un instinto muy certero para la autopromoción. Así pues, cuando llegó a sus oidos la historia, Zilk le concedió “asilo” a la esfera de Lipburger. Para no tener que responder ante ninguna ley austriaca, Lipburger creó su propio estado (la República de Kugelmugel) y hasta emitió pasaportes. Con un poquito de coña, desde el ayuntamiento de Viena le miraban y sonreían “tranquilos, decían, que esto es una obra de arte, es todo de mentirijillas”.

La paz duró poco, sin embargo. Zilk veía la pelota habitable como una obra artística temporal y, por lo mismo, no le proporcionó a Lipburger ni agua ni electricidad. El artista vio esto como una provocación y denunció a la alcaldía de Viena. Primero bajo Zilk y luego en posesión de Häupl. Naturalmente, sin resultado favorable para Lipburger, ya que los tribunales han dictaminado que la obra es una edificación y que está construida en unos terrenos cedidos por la ciudad de Viena y que, desde este punto de vista, la ciudad de Viena puede hacer de su capa un sayo con los abastecimientos.

Lipburger no vive en la bola del Prater, que está ahí más como curiosidad que otra cosa, sino que tiene una casa coqueta en el distrito de Penzing. De lo de la extraterritorialidad de Kugelmugel, no habla nadie. Como es lógico. Por cien metros cuadrados tampoco merece la pena.

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