Deconstruyendo a Andreas Gabalier

Andreas GAbalierTodo el que quiera entender a una parte del pueblo austriaco tiene que haber estado, por lo menos una vez, en un concierto de Andreas Gabalier.

15 de Agosto.- Esta mañana, he ido a echar al correo una carta urgente. Como en Austria era fiesta, he tenido que ir a la única oficina postal que está todos los días abierta: la de Schwedenplatz, más concretamente, la de Fleischmarkt. A la vuelta, en el autobús, un muchacho joven (quizá veinte años) se ha puesto a silbar. Me han bastado pocos segundos para darme cuenta de que lo que estaba silbando era esto. El primer aria del personaje de Papageno en La Flauta Mágica. La verdad es que me ha divertido mucho y he pensado, satisfecho, “Mozart, vive” (y probablemente esté jugando a las cartas con Elvis y con Hitler en alguna isla del Pacífico).

La Flauta Mágica se representa hoy en día en todos los teatros de ópera del mundo pero, en realidad, se puede decir que para ópera le sobra diálogo y le faltan muchas, pero que muchas pretensiones.

La Flauta era una especie de comedia musical que Mozart compuso a instancias de su amigo, Schickaneder (algún día tengo que hablar de Schickaneder porque, curiosamente, es uno de los primeros casos documentados de psicópata que existen). Schickaneder, a su vez, era una especie de Jose Luis Moreno de la escena vienesa de finales del siglo XVIII. Él se encargaba de entretener a las masas (en este caso, a las clases más populares) y por eso, no le encargó a Mozart un espectáculo elevado –a pesar de que, claro, la cabra mozartiana tiraba al monte y tampoco podía escribir el maestro de Salzburgo La Verbena de la Paloma-. La Flauta está plagada de chicas monas, de milagros maravillosos y de canciones pegadizas para que las marujas vienesas del XVIII y sus santos esposos y sus hijas se pasaran una tarde entretenida en el teatro y se dejasen los cuartos en cervezotas y pitanzas.

Andreas Gabalier y la Flauta

Hoy he estado en el concierto de Andreas Gabalier en el hipódromo de Viena (bueno, en uno de los dos hipódromos): el Krieau. Y no he podido dejar de acordarme de Mozart y de su flauta, porque allí estaban las herederas de aquellas marujas del dieciocho y de aquellos hombres que no daban más de sí y que lo que querían era un espectáculo sin pretensiones.

Al analizar el fenómeno Gabalier, uno se enfrenta siempre a una disyuntiva muy problemática ¿Cómo valorarlo? ¿Debe uno juzgarle por su público? (En cuyo caso tendrá que hablar de ese “nazismo sociológico” –lo mismo que se hablaba del franquismo sociológico- con todo lo que ello implica-) ¿O debe uno juzgarle en cuanto a su calidad artística? Y si es así ¿Cómo hacerlo sin que salten los prejuicios?

Creo que voy a empezar por la segunda parte y, antes de seguir, voy a dejar aquí escrito que Andreas Gabalier es un artista prácticamente insuperable en lo que él hace. Que probablemente, lo que él hace se parezca mucho a lo que hace David Bisbal y otros de su cuerda en España, es más que probable. Pero, señora, cantar (sin tener una voz lo que se dice sobresaliente) durante más de dos horas, meterse a un público de unas veintemil personas en el bolsillo y hacer que todos –incluso este que firma- disfrutemos y creamos que el escenario es como el salón de su casa, y aparecer relajado y entretener al respetable, eso no lo hace cualquiera. Te pueden salir ronchas con otras cosas asociadas a Andreas Gabalier pero es innegable que Gabalier, cuando sale a un escenario es un tipo muy eficaz, que sabe lo que su público quiere y le da a su público lo que quiere y se lo da muy bien. Que, en escena, es un actor que, voluntaria y muy conscientemente, baja mucho el nivel de lo que dice para adaptarse a su público pero que, en ningún caso, en ninguno, tiene un pelo de tonto y es todo menos un simple ni un “chico del campo” como él se esfuerza en aparentar.

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Gabalier y su público

Ahora bien: para hablar del público de Andreas Gabalier voy a compararle con una gente con la que Andreas Gabalier, aunque no lo parezca, tiene muchísimo en común: los Take That o los One Direction. Andreas Gabalier se parece a una boy band al uso en un componente fundamental: tanto AG como los One Direction tienen, como producto, un target confesado (y confesable) esto es: las muchachas adolescentes a partir de los catorce años (y hasta los 99) y, en mucha menor medida, los chicos con ganas de pop intranscendente y moñas. Pero, también los One Direction o los Take That tenían y tienen un target inconfesado (e inconfesable de cara a su público principal) al cual, constantemente, le estaban mandando señales para llevárselo al huerto: en el caso de las boy band, este target inconfesado está clarísimo: el público gay. En el caso de Andreas Gabalier, el target es claramente político: esa ultraderecha sociológica de la que yo hablaba más arriba.

Solo pondré un ejemplo: esta portada de disco ¿Qué ven mis lectores?

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Obviamente el cuaerpo de Gabalier forma una esvástica.

¿Significa esto que Andreas Gabalier sea un nazi? No lo creo. Pero sí que creo que, muy conscientemente, coquetea con cierta estética, hace referencia a ciertos “valores” y trata de nadar y guardar la ropa porque, quien maneja a Andreas Gabalier, es consciente de que, en el aspecto comercial, ese segmento de público está casi completamente virgen, que nadie lo atiende y que, por supuesto, es muy fácil satisfacerle siempre que se respeten las reglas del sobreentendido y se guarden las apariencias del mainstream. El concierto entero ha estado lleno de ese tipo de referencias. Desde la profusión de la palabra “Heimat” (Patria), a las constantes alusiones a Alemania y sus fans alemanes, pasando por la nada inocente alusión a la polémica del himno (polémica, por cierto, jaleada por gran parte del público asistente).

En cualquier caso, el público que, como podríamos decir “está en el ajo” y el otro, deben de estar a estas horas durmiendo felizmente –a medias por las birras y a medias por los saltos y el bailoteo-. Quizá, al final, eso sea lo único importante.¿Verdad?

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2 Responses to Deconstruyendo a Andreas Gabalier

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