El evento Spindelegger

EquilibriosHoy, en Austria, ha estallado la bomba informativa: Michael Spindelegger, hasta hoy cabeza del Partido Conservador, ha dimitido de todos sus cargos.

26 de Agosto.- Hoy, ha estallado en Austria la bomba informativa, que hubiera dicho Jose María García.

El hasta ahora jefe del Partido Popular austriaco, Michael Spindelegger, conocido incluso entre sus correligionarios con el juguetón apodo de “Spindi” (el cual da idea de cuán en serio se tomaba su figura todo el mundo) siguiendo una cierta tradición entre los políticos conservadores, ha dimitido de todos sus cargos. A saber: jefe del partido conservador, vicepresidente del Gobierno austriaco y Ministro de Finanzas de EPR.

 

Spindelegger y su jefatura: una historia de sinsabores

 

Spindelegger era cabeza de los conservadores desde Abril de 2011 (así lo contó VD entonces), momento en el que relevó a Josef Pröll, sobrinísimo del hombre fuerte de Baja Austria, Erwin Pröll, una de las vacas sagradas del conservadurismo austriaco. Hasta el momento de suceder a Pröll era Spindelegger uno de los Ministros de Asuntos Exteriores más grisáceos que el mundo ha conocido; después de suceder a Pröll, Spindelegger se convirtió en un translúcido ministro de finanzas.

Desde entonces, Spindelegger ha tenido que irse bebiendo a sorbos el amarguísimo caliz de la decadencia de los conservadores austriacos.

No ha sido solamente culpa suya, es cierto, porque el conservadurismo austriaco agoniza al mismo tiempo que sus dos ideas-fuerza (un espinazo católico del que los jóvenes desertan en masa y cierta manera de entender la economía) pero también es verdad que la fantasmagórica calidad de Spindelegger como político tampoco ha ayudado a que los conservadores remontasen en las encuestas –en las últimas oleadas del instituto Gallup andaban por debajo del 20 por ciento, una miseria (un castizo diría “una mierda pinchá en un palo”) para la fuerza política que, por lo menos teóricamente, lleva la mitad del peso de la gobernación de este país-.

El mobbing a Spindelegger, en un mundo tan machista como la política, en donde prima el modelo de “hombre-futbolista” (o sea, invencible, apolíneo, macho alfa y escupidor de gargajos en la banda) ha sido constante.

El choteo sobre su figura, prácticamente universal, alcanzaba sus puntos álgidos cuando Spindelegger se veía obligado a enfrentarse –gajes del oficio- con hombres con mucha más gramática parda que él, en esas arenas en donde tener muchos títulos y que a uno le llamen “Herr Doktor” es algo absolutamente irrelevante, verbigracia, el plató de una televisión en donde estuviera Armin Wolf.

En esas ocasiones, apretaba Spindelegger los puñitos con impotencia, mientras veía cómo, una y otra vez, Wolf, acostumbrado a zorros como Strache, le dejaba con el porompompero al aire y hacía bailar delante de él problemas que no podía negar ni mucho menos resolver, y que dejaban al descubierto lo que todo el mundo veía como incompetencia pero que estoy convencido que no era otra cosa que la falta de fuerza suficiente para cambiar las cosas. Falta de fuerza dentro de la organización a la que pertenecía, organización que hace muchísimo que perdió el norte del modelo económico que quiere, más allá de un difuso liberalismo, y falta de fuerza dentro del Ejecutivo austriaco

Opernball 2013

Faymann y Spindelegger: la extraña pareja

Desde hacía meses, Faymann y Spindelegger, el Partido Socialista y el Partido Popular se encontraban (se encuentran) empantanados en una reforma tributaria muy difícil en la que el SPÖ ha jugado muchas veces y de manera bastante marrullera la carta del populismo.

Los dos eran perfectamente conscientes de que, en un país como este, (mal) acostumbrado a la prosperidad, les iba a tocar tomar medidas muy duras, muy impopulares y que, probablemente, no evitarán que Austria, que hasta ahora ha sido respetada por la crisis, termine contagiada por el virus que ha carcomido economías como la italiana y la española. Los dos eran perfectamente conscientes de que la percepción que el ciudadano medio tuviera de esas medidas iba a ser decisiva para su supervivencia política y la de sus respectivos partidos (cuestión crítica, sobre todo para el ÖVP, que hace agua por todas partes), y los dos sabían, saben aún, que es muy probable que, al superviviente, le toque el regalo envenenado de gobernar con Strache después de las próximas elecciones.

A nadie le hace gracia pactar, como dice una lectora mía muy ocurrente, con “los fanáticos del mal” pero, qué caray, menos da una piedra.

Pues bien: ya se sabe quién ha sido el vencedor. Faymann ha conseguido arrollar a Spindelegger y ya veremos cómo se las apaña para lidiar con su sucesor.

Sin embargo, se puede decir que la oposición ha sido el problema menor del que hoy se ha retirado. Prácticamente desde que se vio (y se vio bien pronto) que Spindelegger no era un Strache, que no era el hombre duro, futbolista, vencedor y “escupidor” que los votantes parece que desean, hombres que se consideraban a sí mismos pesos más o menos pesados dentro del partido y que aspiraban a sucederle han estado dedicándose a hacerle la cama con una labor de zapa que ha culminado este fin de semana, mientras Spindelegger enterraba a su padre fallecido recientemente, (también, como él, político conservador de largo recorrido) cuando el presidente de la Arbeiter Kammer de Tirol ha pedido públicamente, que Spindelegger se retirase porque “no entendía al pueblo”.

¿Qué va a pasar ahora?

Hay que distinguir dos niveles: Austria y el Partido Popular austriaco.

A la hora en que escribo esto, la plana mayor del PP austriaco está reunida para intentar dilucidar dos preguntas importantes:

a) ¿Quién va a ser el sucesor de Spindelegger? (cabe la posibilidad de que sean sucesores)

b) ¿Se mantendrá la presidencia del partido, la vicepresidencia del gobierno y el ministerio de finanzas en la misma persona?

Para suceder a Spindelegger hay varios candidatos los cuales, preguntados, se han puesto humildemente “a disposición de lo que diga el partido” (aunque a alguno la humildad le ha quedado bastante falsa, la verdad), entre ellos la Ministra del interior Mikl Leitner (yo me voy a mojar: no creo que tenga muchas posibilidades porque es mujer y el PP es como el Soberano, cosa de hombres). Está también Sebastian Kurz, el cual ya está en el Gobierno. Kurz tiene a su favor el tirón mediático y en su contra casi todo lo demás. Sobre todo que es un pipiolo, y el ÖVP no es el Egipto de los faraones. O sea, que aquí no gobiernan niños. Corre también el rumor de que Kurz quisiera retirarse –más que nada para aprender a hacer la O con un canuto- de cara a una carrera política más amplia en el futuro que llegaría, incluso, a la silla de canciller. Como dicen aquí, “schaumama”.

Erwin Pröll sería la elección lógica, pero sería arriesgar lo que hoy es un bastión del ÖVP, que es la Baja Austria y, la verdad, no está la cosa para tirar. Por otro lado, en condiciones normales, Pröll estaría pensando en ocupar el papel de “abuelo de la nación” una vez que lo deje vacante el actual Bundespräsident, señor Fischer.

Fuera de la cuestión obvia de la sucesión de Spindelegger, para el Partido Popular austriaco se abren también otras incógnitas.

El ÖVP gobierna en coalición con el Partido Socialista Austriaco (SPÖ). Ambos pasan por unas horas muy, pero que muy bajas. Juntos, estarían en unos porcentajes de intención de voto entre los 42 y los 45 puntos porcentuales. Lo lógico, después de lo que podríamos llamar “El Evento Spindelegger” hubiera sido convocar nuevas elecciones. Pero claro, a ver quién es el guapo que le pone la victoria a Strache en bandeja de plata. No parece que vaya a haber elecciones si se puede evitar –sobre todo teniendo en cuenta lo recientes que están las últimas-. No, por lo menos en este momento, porque no le conviene a nadie, pero es obvio que Strache intentará por todos los medios a su alcance forzarlas. Yo que él lo haría, como supongo que todos mis lectores. En este momento, Faymann, el canciller socialista está debilitado y el ÖVP reducido a la insignificancia.

No hay que perder de vista tampoco un factor cultural muy peculiar del pueblo austriaco. Strache es el único político de relumbrón que estaba aquí cuando yo llegué (va a hacer diez años) y, a pesar de ser, para cualquier persona con dos dedos de frente, el ejemplo paradigmático de un político tóxico (es populista, marrullero, racista, etcétera) también es verdad que ha llegado a ser parte del paisaje y que a los austriacos les encantan las cosas previsibles. Por otro lado lo que tiene cerca es tan mediocre que aunque, desde casi cualquier punto de vista, Strache sería un canciller desastroso (se le ponen a uno los pelos de punta al pensar en un tandem Strache-Gudenus), brilla en comparación.

En fin: en buena medida, la ejecutiva del Partido Popular austriaco tiene, en estos momentos, las riendas del futuro de Austria en la mano. A ver de qué manera meten la pata.

Matilde

Si te apetece algo más ligerito y echarte unas risas, no te olvides de escuchar el Zona de Descarga de esta semana. No te arrepentirás.

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4 Responses to El evento Spindelegger

  1. Sandra dice:

    ¡El mundo está perdido,aquí y en la China! que dice mi abuela muy sabiamente.El virus,como tu bien dices,hace que en Austria en estos momentos haya un ambiente de «corre,corre,cierren las fronteras a la crisis como sea….».En estos días tenemos el viento Föhn en los Alpes y cuéntan por aquí que produce efectos lunáticos en las personas,yo sólo espero que sea eso,sólo un cuento y no afecte a las desiciones de quienes tienen el poder…..

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