Austria hace 43.500 años

HeldenbergLas investigaciones de los científicos nos permiten echar una mirada al mundo en el momento en que llegaron a Europa los primeros seres humanos modernos.

22 de Septiembre.- Hoy, quiero pedirles a mis lectores que utilicen esa potencia del alma que los tráfagos del día a día tratan de dejar como un sarmiento: la imaginación.

La mañana del mundo

Piensen mis lectores en un mundo mucho más grande que el de hoy, un mundo que aún no conoce los años ni los meses, que solo se puede recorrer a pie en jornadas que van del orto al ocaso. Un mundo en el que la noche es de una oscuridad que apenas se puede penetrar con una pequeña hoguera encendida trabajosamente. Un mundo que no ha sido invadido por el tictac de los relojes, o por el rítmico golpear del hacha contra el tocón de un árbol. Un mundo en el que las enfermedades y los depredadores regulan las poblaciones y los ríos campan a sus anchas, bulliciosos en la época del deshielo, secos en el verano, sin presas ni diques que les contengan. Así, aunque algo más fría que hoy, era Austria, hace 43500 años. En esa época, según han descubierto recientemente los científicos que trabajan en la zona de la Wachau, pusieron pie en Europa, procedentes de Oriente Medio, los primeros rebaños de unos animales de engañosa fragilidad, tremenda astucia e increible voracidad, los cuales, andando el tiempo, transformarían de forma brutal el desierto verde al que llegaron poniendo a su servicio a todos los demás seres vivos contemporáneos suyos: no solo fueron los primeros austriacos, sino también los primeros europeos modernos de los que se tiene noticia.

Llegaron estos primeros hombres en grupos pequeños a aquel mundo duro y salvaje en el que aún reinaba el silencio virginal que precede siempre al peligro. En grupos de quinientos, quizá de mil indivíduos, se asentaron en la zona de Willendorf. Dormían amontonados en tiendas. En las noches del invierno, se preguntarían seguro por la naturaleza de las luces que veían sobre sus cabezas. Es muy poco probable que trataran de unirlas formando figuras en su imaginación, como nosotros, sus tataranietos, hacemos ahora.

Cuando estaban enfermos o se enfrentaban a algún problema, le preguntarían al más viejo de la tribu, el cual probablemente alcanzaría la matusalénica edad de treinta y cinco o cuarenta años.

La Wachau prehistórica

En aquel momento, la zona de la Wachau no era el vergel fertil que es hoy. Se trataba de una estepa parecida a lo que en la actualidad es Escandinavia. Los primitivos austriacos, se alimentaban de raíces, de cabras montesas y de renos.

La importancia de los descubrimientos que han publicado los científicos austriacos Bence Viola y Philip Nigst radica en que se adelanta mucho la presencia en Europa de los primeros indivíduos de la especie Homo Sapiens Sapiens. Concretamente en unos 3500 años. De 40.000 a 43.500 años.

Por si alguno de mis lectores, pese al esfuerzo imaginativo, ha permanecido atento diré que sí, que el lugar en que se han encontrado indicios de todo esto ha sido Willendorf y que, 25.000 años más tarde, cuando el ser humano había dado sus primeros, vacilantes pasos hacia la puesta a su servicio de la naturaleza, los tataranietos de estos primeros europeos tallaron una pequeña figura, no más grande que un llavero, en forma de lo que, entonces, se consideraba una tía buenorra. Esto es, una señora gorda con las caderas repletas de grasa nutricia, y los pechos rebosantes de hembra fertil. La versión neolítica de los calendarios de Samantha Fox que, en mi infancia, colgaban en todos los talleres de reparación de automóviles (la del vídeo es Sabrina, lo sé, pero para mí hablar de ubres neolíticas es hablar de ella)

El trabajo de los doctores, que ha sido publicado por la Universidad de Cambridge es tan apasionante como una novela policíaca. Los antropólogos han tenido que reconstruir todas las cosas que han dicho basándose en los primitivos productos de la industria lítica que han encontrado. No han podido basarse en fósiles porque, en aquella época, los suelos eran demasiado ácidos y los huesos se disolvían sin tiempo a quedar impresos en ninguna piedra que pudiera conservar sus improntas. Las conchas de caracoles han ayudado a los científicos a reconstruir el clima y la vegetación de aquella época. 32 especies diferentes de caracoles han permitido saber cómo era el régimen de temperaturas en aquella época.

Cientos de horas de trabajo minucioso para poder siquiera rozar con la punta de los dedos cómo era aquel mundo, hoy desaparecido para siempre.

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Un comentario a Austria hace 43.500 años

  1. Sandra dice:

    Interesantísimo,gracias por contarlo.Tengo que decir que seguro ya entonces se quejaban del frío helador que azota estas tierras y que a mí me gusta.Soy la prueba de que a los canarios también nos gusta el frío

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