Mirando Viena como el primer día

Un joven fotógrafo en VienaHay cosas que te hacen ver la ciudad en la que vives como si volvieras a mirarla de nuevo con la mirada vírgen del que la pisó por primera vez.

28 de Septiembre.- Hoy ha sido un día intenso (de ahí las horas de publicación). Mientras se producía un acontecimiento de carácter personal que acabo de terminar de celebrar (ha sido una celebración discreta que tendrá sus continuaciones en los próximos días, pero que se ha prolongado hasta tarde), yo andaba por Viena con mi amigo J., ambos con la cámara en la mano ¿Y qué hacíamos? Pues el fotomaratón vienés, que este año ha llegado a su decimoprimera edición.

J. ya es veterano en estas cosas, pero para mí era la primera vez y tengo que confesar que me he acercado al asunto con cierta prevención. Yo estoy muy acostumbrado a hacer fotos –bueno, mis lectores lo saben- pero es verdad también que yo fotografío casi siempre lo que me gusta o, mejor dicho, aquellos aspectos que me llaman la atención de los acontecimientos que cubro para este blog. Como en Viena Directo soy Juan Palomo, lo cierto es que estoy acostumbrado a fotografiar en unas condiciones de libertad (y de economía de medios) que seguramente me envidian los fotógrafos que trabajan para un medio o para un cliente. Mi únicas cortapisas son que la foto quede más o menos bien técnicamente, que sea fácil de “leer” (o sea, que se entienda), que sea representativa del acontecimiento que atestigua y que, si es posible, transmita una emoción.

Digo todo esto para explicar que no estoy acostumbrado a que nadie me diga de qué tengo que hacer fotos y que, por lo mismo, un maratón fotográfico de estas características es una situación extraña para mí. A ello se suma el carácter competitivo de la cosa. No porque uno sea una persona a la que le guste especialmente ganar sino porque, sobre todo al principio, uno siente no solo la desconfianza que le inspira a los otros participantes, sino una cosa muy difícil de explicar y que solo se puede definir como la ambición de los otros, y que mueve a las otras personas a acarrear por Viena no solo cámaras y objetivos, sino también todo tipo de atrezzos e incluso de personas que actúan como “musas” o “musos”. Hay mucha gente que no se da cuenta (o no quiere) de que las posibilidades de ganar son en realidad muy reducidas(siempre habrá alguien mejor que uno y que, probablemente, tenga un equipo mejor) y que el punto principal de esto es, ante todo, pasar un buen día y echarse unas risas, como hemos hecho J. y yo.

Dicho esto: un maratón fotográfico consiste principalmente en que la organización prepara 24 temas, te da una tarjeta de memoria y tú tienes que hacer veinticuatro fotos en doce horas, siempre en el orden en que están en la lista. No está permitido retocar, aunque sí borrar (antes, en los tiempos del carrete, la cosa era mucho más arriesgada, porque ahí, tirabas y ya estabas listo).

La primera sorpresa que uno se encuentra es que los temas son tan abiertos que, en realidad, lo vagos que son, junto con ese pundonor que te lleva a tratar de hacer una foto “genial”, te bloquean. Para muestra el primero de la lista: “por las mañana en Viena” (por otra parte, obvio cuando la cosa empieza a las nueve de un domingo). Para tratar de conjurar el peligro de ser genialoides J. y yo hemos intentado en todo momento encontrar, primero, la solución obvia y, después, tratar de encontar otro motivo que se saliera más de lo normal.

¿Se entenderán nuestros esfuerzos? Cualquiera sabe. El segundo tema de la lista, por ejemplo, era “Am Spielplatz” un Spielplatz es un parque infantil y la respuesta obvia hubiera sido ponerse a fotografiar columpios. Sin embargo, J.y yo hemos pensado que Spielplatz lleva dentro Spielen, que siginfica jugar, pero también actuar, así que hemos buscado la solución al enigma en el Burgteather, el cual podría definirse fácilmente como un platz, un sitio, en el que se spiel, se actúa. En el solitario vestíbulo –en donde solo sesteaba un taquillero- hemos encontrado una entrada del espectáculo de ayer que alguien se había dejado olvidada y, con eso, hemos construido una foto.

Yo reconozco que, hasta por lo menos la tercera o la cuarta no me he sentido cómodo y que, después, todo ha salido más o menos solo y cada pequeño enigma ha resultado más estimulante que el anterior. De manera que J. y yo hemos sido muy eficientes y a las seis y media de la tarde, después de un par de paradas técnicas, habíamos completado la gymkana fotográfica con veinticuatro imágenes cada uno que no ganarán, pero de las que podemos estar razonablemente contentos porque nos han quedado yo creo que muy dignas (las pondré un día de estos, si no aquí, sí en el Facebook de Viena Directo, del que animo a mis pacientes lectores a que se hagan fanes o fanas).

Para terminar, quisiera animar, como siempre hago, a mis lectores a que participen en estas cosas (carreras populares, maratones fotográficos, concursos de pino puente, lo que sea). No solo porque lo de menos es ganar, sino porque permite ver la ciudad en la que uno vive con otros ojos, que son los del turista eterno que se deja sorprender, los del que procura ver las calles de siempre como la primera vez. Y ese, y no otro, es el secreto del amor ¿No? No caer nunca en la rutina.

 

Articulo publicado en Austria con las etiquetas: , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Un comentario a Mirando Viena como el primer día

  1. Pingback: Las fotos del Maratón fotográfico de Viena 2014 (2) | Viena Directo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.