El Congreso de Viena (2)

Aguila bicéfalaHace doscientos años, los gobernantes Europeos trataron de atajar las consecuencias de la Revolución francesa imponiendo un orden férreo.

Antes de entrar al tema de hoy me gustaría AGRADECER profundamente y de corazón a mis lectores que por Facebook, por Correo electrónico o en los comentarios de este blog me han dado sus ánimos. No tengo palabras y creo que lo más genial de hacer Viena Directo es saber que, cada día, estáis ahí. Espero ser merecedor de la confianza que, todos los días, ponéis en mí. Para cada uno de vosotros, un abrazo fuerte y un saludo muy cordial. Dicho esto:

2 de Octubre.- Como decíamos antes de ayer, en estos días se cumple el aniversario del principio del Congreso de Viena. El congreso fue convocado merced a la cláusula 32 del tratado que selló la primera “Paz de París”, en la primavera de 1814, justo después de la caída de Napoleón y la subida al trono de Luis XVIII. En este tratado se preveía la celebración en Viena de una reunión entre las grandes potencias salientes de las guerras napoleónicas, en la cual se sellarían las condiciones del nuevo orden europeo.

La idea principal que animó a los congresistas fue la de restaurar el orden anterior a la Revolución Francesa y al Ascenso de Napoleón, encerrando a los pueblos europeos en una jaula ideológica cuyos barrotes confeccionó diligentemente el francés Talleyrand y cuya arquitectura política llevó a término el pragmático austriaco Metternich. La clave de bóveda del soporte ideológico del nuevo orden fue la idea del legitimismo, de la cual se desprendía que el poder de los reyes tenía origen divino (o sea, que la realeza venía de aquello de lo que se ríen los angelillos, o sea “de la gracia de Dios”). Gracias a Talleyrand, subió al trono en Francia el borbón Luis XVIII, al que mencionabamos más arriba, rey al que se consideraba con legitimidad divina y no proveniente de la fuerza que había llevado al poder a Napoleón y, anteriormente, a los revolucionarios.

Los representantes de las naciones europeas se reunieron en lo que hoy es la oficina del canciller de EPR, y antiguamente era el Ministerio de Asuntos ExterioresBallhausplatz, que es una parte de la Heldenplatz- . El anfitrión era el emperador Francisco I, el cual, curiosamente, era suegro de Napoleón Bonaparte y abuelo de su único hijo.

Para que nadie se llamara a engaño y con intenciones eminentemente propagandísticas del nuevo orden de cosas, los anfitriones vieneses echaron la casa por la ventana. El gasto en fiestas y boato fue brutal, tanto, que Metternich, al que tanto despilfarro le empezaba ya a oler un poco a chamusquina, le escribió a Talleyrand la frase que luego se hizo famosa, aquello de “El congreso baila, pero no avanza” y es que, de fiesta en fiesta y de sarao en sarao, los congresistas no iban al lío que no era otro que reordenar el mapa europeo y crear una trama de relaciones entre los Estados Europeos.

Los que partieron el bacalao de esta Unión Europea Autoritaria, como se la ha definido, fueron cinco naciones:

Reino Unido, la cual, carenciendo de ambiciones territoriales –medio mundo era suyo- centró sus pretensiones en el dominio de las aguas del mar.

Rusia, la cual, merced a la diligencia del zar Alejandro, se anexionó Polonia y Finlandia.

Austria, que recibió en esta lotería territorial Lombardía y el Véneto –después, se perderían en el reinado de Paco Pepe I-.

Prusia, que recibió Renania, Sajonia y el Sarre

-Y Francia a la cual, como le sucedería a Alemania doscientos años después, se la rodeó de “estados tapón” para contener sus ambiciones territoriales y evitar otro Bonaparte.

El Congreso siguió criterios eminentemente estratégicos y prácticos, no hizo caso de nacionalismos y también pasó olímpicamente de los príncipes europeos, despojados por Napoleón, que se acercaron a Viena al grito de “dame argo” o, mejor de “devuerveme lo que era mío”. Eso sí, a instancias de Metternich, que se las sabía todas, se estableció la llamada “Santa Alianza” para yugular posibles conatos revolucionarios (no funcionó siempre). Aunque de eso, hablaremos en otro ratito.

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Hoy, cuelgo también aquí la segunda parte del vídeo de la charla que di el otro día en el Instituto Cervantes de Viena y cuyo tema fue «Federico GArcía Lorca, Concha Piquer y Rafael de León» !Va por vosotros! Que disfrutéis mucho.

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