Django desencadenado

Soldado de plomoReinhold Mitterlehner, llamado por sus correligionarios «Django», parece que ha traido nuevos bríos al Partido Popular austriaco.

23 de Noviembre.- Uno de los pasatiempos más rentables de los periódicos austriacos es el de hacer, periódicamente, encuestas sobre intención de voto. Dependiendo de las variaciones (por lo general mínimas) entre los porcentajes que obtienen los tres grandes partidos, se arman interpretaciones más o menos sesudas que fían los cambios a tales o cuales acontecimientos de la(s) semana(s) precedente(s).

Esta semana, el Kurier, un periódico correcto, pero más bien faldicorto (no llega a los extremos de abyección de la prensa gratuita, pero tampoco es tan bueno como Der Standard o Die Presse) trae una información relacionada con esto que digo. Por primera vez, creo que desde que yo tengo memoria, el Partido Popular Austríaco se encuentra el primero en intención de voto.

Hecho tan extraordinario se debe a varios factores, el principal de los cuales ha sido el cambio de líder en las filas negras. Del incoloro, inodoro e insípido Spindelegger (como decía un personaje de “Anastasia”, “la vida junto a él debe de ser un largo vaso de leche”) al tonante Mitterlehner. Entiéndase lo de tonante con matices. Bronco y malhumorado es Strache, el líder de la ultraderecha, pero la cosa es que el político “azul” prácticamente no tiene más registros que ser bronco y malhumorado, porque él está muy en su papel de “político-protesta” o sea, el “vótame a mí que los tradicionales no saben en dónde tienen la mano derecha” (nunca mejor dicho). En tanto que Mitterlehner tiene más registros y da muy bien el papel de director de empresa de toda la vida, de esos que conocen a todos los empleados y a la señora de la limpieza le pregunta por las anginas del niño y al director del departamento de logística le pregunta si han llegado los tornillos que algún empleado descuidado se había olvidado de cuidar.

Por otro lado, desde que Mitterlehner (alias “Michelena”) anda por las tripas de la maquinaria del poder austriaca, el ÖVP, su partido, ha empezado a tener opiniones y a expresarlas con cierta valentía: esta es mi opinión y, oiga, puede que no sea la mejor, pero es la mía y pega mucho con los principios que he defendido desde siempre (este, más o menos, podría ser el leit motiv). Por no hablar de que, el nuevo ministro de economía, Jörg Schelling, que ha sustituido al incoloro, inodoro e insípido Spindelegger, ha desbloqueado muchos asuntos que llevaban mucho tiempo como el caimán, o sea, yéndose para Barranquilla.

La subida de Michelena también tiene su origen en causas externas al Partido Popular Austriaco. La ultraderecha lleva unas semanas en un estado de parálisis, sin maquinar ninguna nueva maldad digna de ese nombre. En las filas de los compañeros de coalición, el Partido Socialista, también reina la paz de los cementerios. Comparado con Michelena, el canciller Faymann da la sensación como si se le hubieran terminado los trucos que guardaba en el maletín (y la política, en este tiempo en donde dar bien en cámara es tan importante como tener la cabeza bien amueblada, también es una cuestión de impactos dramáticos). Aunque también cabe la posibilidad de que Faymann nunca tuviera ningún truco guardado. En la actualidad, científicos de todo el mundo están estudiando esta posibilidad.

¿Será un cambio de tendencia? Solo el tiempo lo dirá.

 

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