Stefan Petzner vuelve por navidad

Stefan Petzner en una instntánea de hace algún tiempo. El color es auténtico (archivo del autor)
Stefan Petzner en una instntánea de hace algún tiempo. El color es auténtico (archivo del autor)

Stefan Petzner, para quien Jörg Haider fue su Lebensmensch, vuelve a la actualidad por navidad.

4 de Diciembre.- alrededor de nosotros, bullen incesantes los misterios. Algunos de los cuales uno no se atreve a tratar con sus semejantes, por temor de que piensen que está más majara de lo que de verdad está. Por ejemplo ¿Por qué, en algunas calles céntricas, hay determinados locales que, en principio, no tendrían nada de particular, pero en los cuales, negocio que se monte negocio que fracasa? Por lo mismo ¿Por qué hay personas que siempre, hagan lo que hagan, terminan siempre en ese territorio medio marginal de la realidad, siempre apegados a ideas basura o a trabajos basura o a situaciones, en general, basura?

El otro día, mientras corría en el gimnasio, cultivando este cuerpo cuyas hechuras me han dado fama mundial, me di cuenta de que la persona que hacía ejercicio a mi lado, tenía sintonizada la cadena privada austriaca Puls 4 –que es una televisión que se debe de hacer en un plató como en el salón de mi casa-. El estudio de las “noticias” de Puls 4, en un espacio llamado “Weekend Talk”, estaba transformado en una especie de “Qué pasó con…” y el muerto desenterrado (por suerte, en sentido figurado)  no era otro, nada más y nada menos, que Stefan Petzner.

Jörg y Stefan: un Lebensmensch y otro Lebensmensch

Hacemos un breve resumen, porque sin duda, aquellos de mis lectores que hayan llegado a Austria con posterioridad, pongamos, al final de 2009, tendrán serias dificultades para ubicar al personaje. Érase una vez un político ultraderechista llamado Jörg Haider el cual, en 2008, protagonizó una vuelta triunfal a la política nacional austriaca, después de haber vivido una especie de exilio dorado (parecido al que Manuel Fraga tuvo en Galicia) en el Land austriaco de Carintia. Lo del exilio dorado, en este caso, es un poquito más que una metáfora porque, según investigaciones judiciales posteriores, Jörg Haider dedicó estos años a forrarse él mismo y a poner los medios necesarios para que se forrasen sus amigos, que ya se sabe que amar es compartir.

Sigo: tras esta vuelta triunfal, Haider se mató en un accidente de tráfico. Superaba en varias veces la tasa de alcohol permitida (de hecho, la cantidad de alcohol que circulaba por su cuerpo carintio en el momento del accidente hubiera podido tumbar a un ñu). Se estampanó contra una pared de cemento, dejando su lujosa berlina hecha un churro.

La muerte de Haider constituyó un shock para toda la nación, pero más lo fue, sin duda, la reacción de su segundo, Stefan Petzner. Un joven del que las malas lenguas afirmaban que tenía la inteligencia justa para prestarle a su jefe una serie de servicios que poco tenían que ver con su labor oficial como spin-doctor (o sea, inventor de ocurrencias, escritor de discursos, etcétera).

Petzner, hecho un manojo de nervios (¿Quizá fuera también por lo que temía que se descubriese?) y llorando como una magdalena, dio entrevistas a diestro y a siniestro, explicándole a todo el que quisiera oirle que el muerto había sido el…La persona de su vida , e incluso acuñó un término, Lebensmensch, que pasó al lenguaje popular no sin cierto choteo. Petzner fue, mucho más que la oficial, Claudia, “la viuda” de Jörg Haider. E incluso durante un tiempo, el FPÖ utilizó una hipotética bisexualidad, homosexualidad de Haider para hacer campaña entre los gays (ver este post de hace años). Durante un tiempo, Petzner incluso dirigió el BZÖ, el partido fundado por Haider y al que pertenecía en el momento de pasar a mejor vida. Sin embargo, fue relevado poco después. Se alegaron razones personales, pero saltaba a la vista que Stefan Petzner no había sido llamado por Dios por el camino de la política seria.

De mostrador en mostrador

Petzner, como en un cuplé de la Piquer, rodó sangrando lentamente, de mostrador en mostrador (lo cual es lo mismo que decir que de plató en plató) y hasta le quitaron la licencia de conducir de su lujoso coche. Pasado el tiempo, justo cuando el BZÖ se hundía en la más absoluta de las insignificancias, Petzner anunció su intención de retirarse de la política activa (en la que nunca estuvo, si hablamos en puridad, porque, a pesar de haber sido parlamentario con puesto destacado en el organigrama de su partido, lo suyo eran más las escaramuzas de vecindonas y todo ese trabajo sucio de mamporrero que también hacen, en el deporte, ciertos locutores de radio).

Pues bien: también él ha querido, como el difunto, protagonizar una vuelta triunfal. Y lo ha hecho dando unas cuantas entrevistas en las que ha jugado impunemente con el morbo. Con las gafas de sol en la cabeza, como si volviera de Ibiza o de alguna noche salvaje de bakalao y luces progresivas. En una de estas “interviús” ha dicho que, cuando estaba al servicio de Haider (or whatever that means), su misión era hacer el trabajo sucio y que, para despertar eco mediático, no había tenido el más mínimo escrúpulo moral, lo cual había incluido “despertar el odio” (hetzen) contra sectores marginales o minoritarios de la sociedad austriaca (como los inmigrantes) o contra los adversarios políticos.

En cualquier caso, y a pesar de lo que él opina de sí mismo, la poca maña de Stefan Petzner a la hora de elegir sus trabajos hace que se vuelva completamente inofensivo. Sus últimos empleadores han sido los del Team Stronach. No hace falta decir más.

 

 

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Un comentario a Stefan Petzner vuelve por navidad

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